Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Estefanía Sokoloff

Federico Herrero

Cu4rto Nivel

Exposición compuesta de una intervención en el espacio y seis obras de pequeño formato. 

El nombre de Federico Herrero conduce a un espacio equilibrado y multisensorial donde música, forma y color conviven en armonía. Su obra, aplaudida en bienales, ferias y diversos continentes, tiene el encanto de su juventud y la solidez de su inteligencia.

La exposición titulada Federico Herrero en Bogotá se constituye en una fiesta de tonos suaves y silencios, la formalización de un allegro que nos invita a compartir un instante en un hábitat armonioso. Paralelamente al tono poético de su trabajo, hay un factor que resulta sumamente atractivo para el espectador: la producción de la obra, el cómo y cuándo se realiza.

Exposición Individual: Federico Herrero — imagen 1
Federico Herrero. Volcán, 2009. Técnica mixta sobre tela. 40 x 35 cm. (15 ¾ x 13 ¾ pulgadas).

Herrero pertenece al grupo de artistas que trabaja desde la postproducción, es decir, no hay bocetos pero sí una sólida metodología que él mismo denomina como “metodología de la improvisación”. Plantea una utilización acelerada del tiempo, en frente a un cuerpo de trabajo a realizar, donde se desafía la racionalidad e incluso el propio cuerpo.

Sus antecedentes se remontan a una experiencia vivida en compañía de Catalina Gross en el marco de una exposición titulada Urgent Painting curada por Hans Ulrich Obrist en el Museo De Arte Moderno de la Ville de París. 

Tanto Catalina Gross como Federico Herrero trabajaban en el espacio; él llegó 2 semanas antes de la inauguración, ella tres días; Él realizó una intervención pequeña, ella un mural enorme, frente a lo cual Federico pregunto: “Como puedes llegar tan tarde, no te dan nervios?”. 

La respuesta ofrecida por Catalina significó un giro total de su percepción: “El tiempo se sujeta a la energía del trabajo”, aseveró. 

 De esta manera, y con esta anécdota como marco referencial, Federico Herrero posa su obra en un umbral que juega y desafía la racionalidad. Su fórmula para el trabajo utiliza un lapso de tiempo que convierte la energía en “acción fantástica”, potenciando la improvisación, desprendiéndose y olvidándose del objeto final. Este desapego conecta la obra de Herrero con un estado de belleza incuestionable, que hace presencia en la exposición de la Galería Cuarto Nivel.

La obra se basa en una pared pintada de amarillo que había sido utilizada por el artista anterior. Se establece como el elemento que no se altera ni se modifica, creando vías de relación con su obra en tela, ya que ambas se caracterizan por utilizar elementos reducidos. La pared amarilla, convertida de objeto a sujeto en el peso conceptual de la obra, sirve como balanza o punto de equilibrio para todos los elementos. Como en una composición musical, notas, tonos y silencios, Herrero nos ofrece una breve sinfonía en azul claro y amarillo, pinceladas gruesas, delgadas y burdas. Cuadrados, rectángulos y manchas irregulares sirven como escenario para un estado de paz y silencio, porque a pesar de que su obra es entendida como musical, la instalación en Cuarto Nivel es silenciosa y agradable.

No hay ruido en la obra de Federico Herrero, porque la coherencia y la sinceridad son adjetivos que hacen justicia frente a su trabajo. Resulta refrescante y placentera una exposición así en una ciudad que nos tiene acostumbrados a un arte cargado de política y denuncia social. El trabajo de este artista nos demuestra que no se requiere de una estructura altamente compleja para alcanzar un resultado comprometido con la esencia y que la calidad de una obra no necesariamente se relaciona con el tiempo invertido en su producción.

ESTEFANÍA SOKOLOFF

Federico Herrero, por Estefanía Sokoloff | artnexus