Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Iris Peruga

Eugenio Espinoza

Sala Mendoza

Es evidente que una buena parte del trabajo de Eugenio Espinoza se asienta sobre la base conceptual que comenzó a impregnar todas las manifestaciones del arte desde aproximadamente los años sesenta del pasado siglo. Esto se manifiesta sin duda no sólo en su obra Impenetrable, presentada en el Ateneo de Caracas en 1972: una pieza de lona natural pintada con una cuadrícula negra su signo característico extendida a 30 o 40 cm de altura a todo lo ancho de una habitación para impedir el paso del público, obra que ha causado un enorme asombro al ser conocida, muy tardíamente (a partir del 2003) en Estados Unidos. Se trata de una obra crítica que, más que nada, pretendía ser un análisis de la reacción del público ante los penetrables de Jesús Soto. También se evidenciaba en la exposición presentada en la Galería Conkright en 1973, en la que esa misma lona, impresa industrialmente y adquirida por metros, ajada y arrugada, era utilizada de mil modos variados, así como dibujada en tarjetas postales que mostraban diversos lugares o paisajes emblemáticos de Caracas, o en las experiencias que el artista llevó a cabo junto a Claudio Perna en 1972, cuando la lona cuadriculada era lanzada al aire en cualquier lugar de la geografía nacional (por ejemplo, en los Médanos de Coro), y, de hecho, en toda su carrera, tal como se manifiesta en su exposición reciente de la sala Mendoza.

Exposición Individual: Eugenio Espinoza — imagen 1
Eugenio Espinoza. Modelo aleatorio, 2009. Pintura acrílica sobre pared y materiales diversos. Dimensiones variables. Foto: Carlos Germán Rojas.

Otra de las características más resaltantes de su trabajo, además de su actitud crítica y cuestionadora, es el continuo recurrir a sus obras anteriores para, tomando de ellas aspectos tal vez no totalmente desarrollados en su momento seguir adelante renovando sus ideas y afirmándose. En su exposición de la Mendoza: x, aluminados x, sostenidos nos encontramos con esas dos fases de su pensamiento. Los aluminados son producto de la revisión y autocrítica de su obra anterior. El trabajo del que provienen (presentado en el Museo de Bellas Artes de Caracas en 1972) al presentar cuadrículas pintadas en lona natural previamente arrugada, plegada o rasgada no sólo cuestionaba la idea del bastidor como soporte, sino de la cuadrícula como forma racional. Esta, al verse o imaginarse desplegada o desarrugada aparecía deformada poniendo de este modo en entredicho la racionalidad del cuadrado. Ahora, ejecutado en lugar de en tela en un material mucho más durable y resistente (aluminio pintado de blanco) todavía muestra una cuadrícula no por ser en metal menos deformada o maltratada, o sólo sus vestigios, que en ocasiones aparecen deshaciéndose en jirones. También recurrió a la cuadrícula en una obra presentada en Miami: Negativa moderna, en la que la lona cuadriculada, correctamente desplegada en el suelo, pero cortada en tiras, es objeto de destrucción por parte del público, invitado a caminar sobre ella, con lo cual Espinoza puso de relieve su nuevo interés por lo efímero o desechable.

Por otra parte, su permanente actitud crítica hace que otras de las obras presentadas en la exposición, Los sostenidos, sean simplemente pintadas sobre el muro. No tienen ni necesitan bastidor; son obras efímeras: desaparecerán al finalizar la exposición. Y, aunque no es la primera vez que se presentan en Caracas obras pintadas sobre el muro, estas, a diferencia de las anteriores (de Gerd Leufert: Visibilia, 1966, y Nuevas Nenias, 1985), que, uniformemente negras, podían repetirse, no son repetibles ni permanentes, de modo que son desechables, no coleccionables. 

Aunque responden a un manifiesto carácter conceptual le deben su belleza, su indudable capacidad de conmover al arte pictórico, tal como se manifestó a partir de la modernidad. Nos asombran con su espléndido color que, aunque probablemente influido por el de las artes gráficas ─siempre tan lujoso y llamativo─, muestra en este caso una gran profundidad de sentimiento, mucha sabiduría y discreción. Está realzado además por magníficos empastes y texturas que ratifican su carácter efímero. Sería muy difícil, por no decir imposible, su repetición: esta seguiría dependiendo de la inspiración del momento. 

Debido a un sentido del humor muy propio de este artista y, sin duda, para hacer más evidentemente la carencia de cuerpo de estas pinturas, es decir, su condición efímera, en su parte inferior ha colocado diversos tipos de soportes: bien se trate de pies de amigo, bien de viejas escaleras de mano, bien de tacos de madera. Además, algunas de ellas están en capacidad de crear la ilusión de un espacio profundo o, más bien, de un espacio que se adelanta hacia el ambiente, con lo cual ponen de relieve que su carácter conceptual no actúa en detrimento de su carácter pictórico, del ilusionismo que tiene usualmente la pintura.

IRIS PERUGA

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