Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Marcela Quiroz Luna

Dream Addictive

Estación Tijuana

Dream.Addictive es un proyecto colaborativo de arte y tecnología iniciado por Carmen González y Leslie García en Tijuana en 2003. Involucrándose con la tecnología y su potencial simbólico a partir de la interrelación de elementos tomados de la computación física, la programación visual y el desarrollo de hardware, González y García han consolidado su proceso artístico entre instalaciones interactivas que juegan con los límites entre lo onírico y lo virtual.

Hace algunas semanas montaron en Estación Tijuana —iniciativa expositiva y dialógica impulsada por el artista Marcos Ramírez ERRE a unos metros de la frontera México-EE.UU.– su última pieza: Deep Thought, The Audio Entropy Machine. Así, la sala principal de la Estación recibió en dos de sus muros un diagrama tridimensional de bocinas comunicadas por un patrón en circuitos geométricos de cableado y sensores de movimiento, activados al paso de los cuerpos visitantes; un tercer muro mostraba una proyección con diagramas y operaciones del proceso computacional. El juego sensitivo-sonoro programático sobre el muro diseñado por Dream.Addictive se conecta a una base de datos con frases enunciadas por una sola voz citando diversas personalidades y esferas de pensamiento del siglo XX. 

Exposición Individual: Dream Addictive — imagen 1
Dream Addictive. Pensamiento Profundo. La máquina entrópica de audio, 2009. Instalación, técnica mixta. Dimensiones variables.

Al percibir el movimiento del cuerpo, cada sensor activa en el programa la selección aleatoria del audio de tal manera que, al recorrer el perímetro de la habitación, el visitante recibe una serie de disparos auditivos en una secuencia cuya ‘lógica’ no resulta inmediata, entre sentencias, máximas, citas y declaraciones como “No culture can live, if it attempts to be exclusive.” (Mahatma Gandhi); “I shut my eyes in order to see.” (Paul Gauguin); “There is only one way left to escape the alienation of present day society: to retreat ahead of it” (Roland Barthes); “It is appallingly obvious our technology has exceeded our humanity” (Albert Einstein); “Art is anything you can get away with” (Marshall McLuhan). 

La suma de declaraciones enunciadas en un mismo timbre de voz humano-tecnológico (sin denunciar autorías) genera en el espectador un efecto impreciso pero reconocible para el sujeto que habita las sociedades mediatizadas: lo fragmentario, la multiplicidad, la disparidad y la discontinuidad del sentido único y/o unívoco. Activando estas ‘características’ des-estructurales entre el mensaje y el referente como una herramienta de raíces modernas-vanguardistas (cubismo, dadá) la provocación del encuentro de este aparente sinsentido discursivo de aterrizaje posmoderno logra incitar una especie de añoranza en el espectador por encontrar —aún— los restos del esqueleto lógico sobre lo aleatorio que trace el contorno del cuerpo difuso sonoro con que la instalación hace permeable el propio.

La entropía en computación designa la aleatoriedad que utiliza un sistema operativo para trabajar con la información y el azar; generada y manejada por sistemas de hardware que trabajan con datos remotos como el movimiento de la mano sobre el mouse o el cuerpo frente a una superficie tecnológicamente sensible. Sin embargo, la entropía (cuyo origen griego significa evolución o transformación) es un concepto termodinámico acuñado a mediados del siglo XIX para designar la cantidad energética inutilizada en un sistema. Residuo energético fundamental para que se lleve a cabo el trabajo que aparentemente habrá de desdeñarle. Se trata de un procedimiento por el cual la naturaleza de los cuerpos/sistemas distribuye aleatoriamente la energía para mantenerla en equilibrio; siendo que un sistema en condiciones improbables tiende a reorganizarse hacia una condición ‘más probable’ respondiendo por tendencia natural.

Considerando ambas acepciones y aplicaciones —computacional y físico-química (termodinámica)— el funcionamiento y las frases de la máquina entrópica de Dream.Addictive parece enraizar su sentido de manera rizomática. Pues aun cuando la selección de fragmentos discursivos rondan la función del arte dentro de la maquinaria capitalista, su poética y sustancia sólo alcanzan el grado máximo de provecho aleatorio en conjunción térmica-programática. Siendo el propio cuerpo lo que pudiera resultar entrópico en el mainstream del mercado del arte, no es sin él que puede seguir funcionando. Sin los roces presenciales a una distancia cercana (no mayor de 10 cm) que aporta el cuerpo del visitante al sistema, la instalación permanece muda, contenida en una pausa infructífera: silenciosa ejecución tecnológica que, a pesar de su aparente auto-generación/sustentación, depende del cuerpo humano para decirse.

Antes de la gestación de la ‘lógica difusa’ de Lotfi A. Zadeh que alberga la máquina entrópica sonora de Dream.Addictive, Theodor Adorno, afirmaba que la distinción esencial entre el conocimiento artístico y el científico residía en el hecho de que en el arte nada empírico permanece intacto; siendo que en el arte los hechos empíricos sólo adquieren sentido objetivo fusionados con la intención subjetiva. Deep Thought parecería regresar al deseo de esa misma intención declarada, hacer del cuerpo entrópico una necesidad manifiesta.

MARCELA QUIROZ

Dream Addictive, por Marcela Quiroz Luna | artnexus