Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Manuel Álvarez Lezama

Carmelo Sobrino

Galería Petrus

Durante cinco décadas, el artista puertorriqueño Carmelo Sobrino (Manatí, 1948) ha logrado traducir en su pintura distintas facetas de la compleja realidad de esa bella pero alucinante isla caribeña. Su dominio del dibujo y la pintura —desde la figuración clásica hasta las avenidas que abrieran maestros latinoamericanos del calibre de Torres García, desde sus coloridas flores hasta sus discretos pero intensos diálogos con la New York School y Cy Twombly—, su desarrollo de un puntillismo muy propio y original y su uso del Pop postmoderno, le han permitido moverse libremente del retrato y los bodegones hasta sus provocadoras pinturas de “arroz con habichuelas”, hamburguesas y “bacalaítos”, desde su visión/filosofía del “tapón” puertorriqueño (en una isla de cuatro millones de habitantes hay más de dos millones de automóviles) hasta sus poéticos paisajes aéreos o sus espectaculares murales (donde conversa alegremente, especialmente en su monumental obra en el Museo de Arte de Puerto Rico, con Tanguy, Klee, Gorky Miro y Matta).

Exposición Individual: Carmelo Sobrino — imagen 1
Carmelo Sobrino. Azul, 2009. Acrílico sobre tela.

Hace cuatro años, el artista había presentado unas composiciones de corte “grafitero” hechas con alambres, y hace dos, unas esculturas modernistas hechas con metal y soga industrial, de un lirismo impresionante. Ahora, no obstante, Sobrino, que es un eterno enamorado del amor (y un lector voraz sobre todo, de libros sobre el amor que abordan los nuevos existencialismos) nos presenta una serie de cuadros de pequeño formato —18” x 18”— donde retrata/“analiza” las dinámicas entre parejas heterosexuales – composiciones que han fascinado tanto a los críticos de arte como a los coleccionistas locales, haciendo que el prestigioso Museo de Arte de Ponce se haya interesado en una futura exposición.

Como vemos, si hay un artista en Puerto Rico con la genialidad de reinventarse cada cierto tiempo, ese artista es Carmelo Sobrino Lo que unifica su obra, no obstante, es su iconografía, que muy hábilmente usa en su original puntillismo, discurso que lo ha convertido en uno de los artistas más reconocidos entre los artistas puertorriqueños que viven en la isla o en Estados Unidos. Uno reconoce una obra de Sobrino inmediatamente; lo mismo ocurre con las de Domingo García, Arnaldo Roche Rabell, y ahora, Melvin Martínez, y sus obras no sólo forman parte de la colección permanente de los museos mas importantes de Puerto Rico –el Museo de la Universidad de Puerto Rico, el Museo de Ponce, el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, la Galería Nacional de Puerto Rico y el Museo de Arte de Puerto Rico– sino que son atesoradas por los coleccionistas más educados del país.

El “puntillismo” de Sobrino está construido con una iconografía divertida pero llena de profundidades —casitas, ceritos y cruces, rudimentarios cuerpecillos humanos que pudieran ser hechos por niños, arbolitos, estructuras geométricas imperfectas— que al final producen abarrotadas playas en un hermoso día caribeño, paisajes rurales o urbanos, frutas, flores, desnudos, comidas típicas, escenas cotidianas y, ahora, juegos entre parejas.

Para Sobrino, las relaciones humanas son tan necesarias como difíciles, específicamente, las relaciones sentimentales y, sobre todo, las románticas. Según el artista, “Cuando nos enamoramos — correspondidos o no—, todo cambia. Dejas de ser el sol y ese planeta que no era importante antes, comienza a definirlo todo, todas las órbitas. Todo se convierte en un nuevo “juego”. Y es aquí, entre el amor, la pasión y las inseguridades, donde el artista tiene éxito creando composiciones donde existe el necesario balance entre lo poético y lo lúdico. Por eso esta serie de pinturas tiene tanto de los mejores poemas de amor —específicamente, los de Neruda y Cardenal— y clarísimos elementos de los comic books (y la influencia que estos han tenido en el arte, desde Lichtenstein hasta “el arte de muñequitos” contemporáneo. Para Sobrino, en estas obras “Todo es posible. Todo puede ocurrir: como en el amor. Vemos desde una pareja saboreando una comida hasta bailando sensualmente, desde el erotismo más reconocible hasta la fealdad de los celos. Desde revivir tus inocencias hasta las manipulaciones más brutales”. El artista pone a dialogar sus personajes/objetivos. Vista en conjunto, esta serie puede ser vista/oída como un coro de amantes —en el pasado, en el presente y en el futuro—, de las relaciones más significativas, de aquello que le da sentido a la vida. “Porque”, dice Sobrino, “el amor es necesario, y divertido, y frustrante, y doloroso, y lo seguimos buscando durante toda la vida”.

Al abordar si esta serie es autobiografía, el artista se ríe y me dice: “Si las relaciones humanas y el amor no son autobiográficos, ¿qué lo es?”. Puede que haya gente que vea estas composiciones como algo “light” pero es todo lo contrario, Sobrino quiere que a primera vista sus escenarios sean “ligeros” para que nos demos cuentas de las posibles profundidades: “desde mi tributo al maestro Torres García hasta mis similaridades temáticas con artistas como Fiscal o nuestro Nick Quijano”.

Creo que otra vez Carmelo Sobrino se ha probado como un excelente analista de la las imágenes que se reflejan en los múltiples espejos que captan instantáneamente a Puerto Rico. Sus obras — provocadoras siempre, siempre espirituales y sensualmente enigmáticas— revelan un gran conocimiento de la condición humana. Aunque este artista comenzó como un simple limpiabotas en su pueblo, Manatí, sus escenarios y “radiografías” de su querida isla, su discurso, logran lo que Fracois Pinauld dijo sobre el buen arte contemporáneo: “Lo que busco en el buen arte es que me sorprenda y me defina”.

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Carmelo Sobrino, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus