The Station Museum of Contemporary Art Se podría decir que la exhibición de Carlos Runcie-Tanaka en The Station tomó quince años en hacerse. Jim Harithas, el director de The Station, conoció al artista peruano en la Quinta Bienal de La Habana en 1994. Desde entonces ocurrieron muchas cosas que impidieron y moldearon la muestra: la experiencia de Runcie-Tanaka como rehén, su participación en la 49a Bienal de Venecia (2001), la apertura de The Station (2002), su grave episodio cardíaco (2008), etc. En diciembre de 1996 él fue uno de los cientos de rehenes que los subversivos del MRTA tomaron durante la fatídica cena en la casa del embajador japonés en Lima. Esa desconcertante experiencia llevó a Runcie-Tanaka a producir una de las principales instalaciones en Fragmento, su actual exhibición en The Station Museum of Contemporary Art en Houston.

Runcie-Tanaka es un artista que ha encontrado en la cerámica su medio preferido de expresión y ha trabajado con ella dentro de su propósito utilitario y más allá de él. De hecho, su obra ha propiciado una animada discusión sobre la distinción entre arte y artesanía, obra de arte y objeto utilitario—problemas que ya encontraron por lo menos una resolución en la Bauhaus. En un panfleto titulado Exhibición de Arquitectos Desconocidos (1919), Walter Gropius planteó que su objetivo era “crear un nuevo gremio de artesanos, sin distinciones que erijan una arrogante barrera entre artesano y artista”. No obstante, este tema con frecuencia ha generado cismas en la comunidad artística peruana. No es que Runcie-Tanaka haya querido reavivar el debate; simplemente sucede que su obra así lo hace, en parte porque él ha seguido un camino de auto-descubrimiento artístico que coincide con tradiciones de arte un tanto discordes con las prácticas comunes contemporáneas. Sus nombres dan testimonio de su variopinta progenie étnica: británico, japonés y peruano. Aunque aprendió el oficio de la cerámica en Perú, Italia y Japón, su arte ha sido encaminado por el arte contemporáneo y las dichas, enigmas y contradicciones de criarse en el Perú. Runcie-Tanaka no tiene una agenda étnica o nacionalista, sólo una artística. No obstante, en sus obras uno puede reconocer huellas culturales propias de su tierra natal.
La instalación Tiempo Detenido / No Olvidar (1997-2006) es una respuesta artística a su experiencia de haber sido rehén político. Consta de veintidós figuras humanas de cerámica de aproximadamente 60 cm de altura. Las manos de esas figuras emergen de su cuerpo sin brazos y sus cabezas son ovoides. Otra de sus peculiaridades es que sus manos expresan emociones en tanto sus rostros son inescrutables. Parecen cuchimilcos (1200 A.D.), figuras de arcilla de la cultura pre-colombina Chancay. En obras en las que Runcie-Tanaka ha usado una multitud de estas figuras, el conjunto se asemeja a los guerreros de terracota del Emperador Qin Shi Huang (220 BC). Una de las figuras yace dentro de una caja de vidrio sobre una capa de canicas rojas, como si fuera un cadáver dentro de un ataúd. Otra figura parece conducir una ceremonia ritual y parece absorto con la canica roja que sostiene en la palma de su mano derecha. Las otras veinte figuras se alinean a lo largo de la caja de vidrio como si estuvieran en un funeral.
Si la mencionada conexión con la violencia política no hubiera sido establecida, lo que el espectador vería en esta instalación sería un tipo de exótico ritual. Pero dado que la obra está conectada con los actos de violencia que ocurrieron en el Perú a fines de los ochenta y en los noventa, el espectador informado bien pudiera ver en este escenario uno de los miles de funerales de víctimas inocentes; muchos de los cuales circularon en los medios impresos del Perú y otras partes. Las canicas rojas en las manos del “chamán” y bajo la figura postrada es de pronto sangre. Esa figura con sangre en las manos es a la vez quien reclama y quien defiende los hechos de violencia. ¿Acaso es la figura dentro de la caja de vidrio, desamparado por su encajonamiento y/o por la muerte, el propio artista?
Las otras obras en Fragmento escapan la figuración y se componen de pedazos rotos de piezas de cerámica utilitarias (platos, vasijas, etc). Progresión Orgánica (1988-89) es una suerte de tronco o cuerpo abstracto hecho de fragmentos fundidos. Runcie-Tanaka suele contar la historia de los maestros ceramistas japoneses que tiran al río sus piezas defectuosas o rotas, para que sólo perduren las perfectas. Rebelándose contra esta tradición, Runcie-Tanaka preserva esas piezas y las incorpora a nuevas obras “en un afán por no dejar morir el espíritu y dar nueva vida a los objetos y las cosas”.
Manto (1978-2006) es otra obra tejida con pedazos rotos de cerámica pero en este caso se hallan contenidos en una enorme caja horizontal con una cubierta de vidrio. Este collage abstracto de cerámicas rotas nos recuerda las bancas en el parque Güell de Antoni Gaudí cubiertos de pedazos de mayólica rotos y de las enormes pinturas con platos rotos de Julian Schnabel. No obstante la similitud, en las obras de Runcie-Tanaka hay otros ángulos a considerar. En primer lugar, la palabra “manto” que puede referirse a algo tan poético como “velo” o tan banal como “cobija” tiene aquí otras resonancias. Interpretada arqueológicamente es una capa en una excavación que entrega riquísima información pese a estar compuesta por los objetos más ordinarios. El Manto de Runcie-Tanaka está compuesto de pedazos de tales objetos. Por otro lado, en la mitología griega “Manto” es el nombre de la hija de Tiresias, derivado de la antigua palabra griega mantis (visionario o profeta). De esta manera Manto es una obra que no sólo revela el pasado sino que también vislumbra un presente y un futuro como algo simultáneamente sólido y quebrado, diverso y caótico, dañado y reconstituido.
La instalación Huayco / Kawa / Río (2003-2009) ocupa un largo corredor que sugiere el cauce de un río. Se compone de doce cantos rodados esféricos; cada uno de los cuales está hecho de fragmentos de cerámica fundidos. La palabra quechua huayco quiere decir “alud de barro” –un fenómeno natural que ocurre con frecuencia en la sierra peruana con efectos devastadores y pérdida de vidas humanas. Por otro lado, Huayco es también el nombre de un movimiento de vanguardia de finales de los ochenta. De tal manera que hay una calamidad natural que es un huayco y una positiva provocación artística que se llama Huayco. Aunque Runcie-Tanaka no fue miembro de ese movimiento queda claro que el título de su obra toma su giro positivo de él y que lo fusiona con su rebelión contra la tradición japonesa de desechar piezas imperfectas. De hecho toda la exhibición de Runcie-Tanaka es un intento de darle a lo que está roto una nueva vida en el arte y a través del mismo.
FERNANDO CASTRO R.
