Organs without Bodies marcó el debut en Nueva York de la artista brasileña Ángela Freiberger, quien presentó una exposición que, a su manera modesta, fue imponente.
Empleando su formación como escultora, recibida en Italia, la artista esculpió una serie de objetos en mármol de Carrara, blanco y gris, muchos de los cuales estaban colocados sobre pedestales que habían sido dispuestos en una rejilla, aunque algunos estaban agrupados en un estante aparte. La mayoría de las piezas de pedestal tenían forma de recipiente —lavamanos y orinales— con diversos órganos y partes internas del cuerpo tallados en relieve o grabados en ellos. Las esculturas del estante tendían a ser, en cierto modo, órganos resumidos pero, por lo demás, independientes. Los vacíos de los recipientes sugerían cuerpos desocupados; sin embargo, los órganos estaban casi siempre tallados sobre la cara externa de cada pieza, ubicándolos sobre la piel o, si no, fuera del cuerpo. La dualidad entre interno y externo, ausencia y presencia, se intensificaba con los órganos del estante, que no estaban en recipientes. La rejilla con los pedestales también incluía algunos sobre los cuales no había esculturas; supongo que con ello se creaban espacios para que los ocupara el propio cuerpo del espectador, con lo cual éste se volvía parte de la transferencia.

Este grupo de esculturas, inorgánicas e inertes, evocaba aún más el cuerpo mediante una serie de fotografías en las que cada pieza de mármol estaba emparejada con el propio cuerpo de la artista. En muchas de ellas, su cuerpo posaba con la escultura en formas que explotaban los vacíos de cada recipiente. A pesar de ser imágenes congeladas, en cada fotografía existía el elemento del performance, con los cálidos tonos trigueños del cuerpo resaltando entre los fríos blancos del mármol, como se pudo ver en Urinal With Ribs and Butt 2. También, mediante la conexión con el cuerpo en estas fotografías, las esculturas dejaron de parecerse a abstracciones modernistas brancusiescas y semejaban antiguos cuencos y esculturas indígenas.
Un tercer componente del proyecto era una videoproyección titulada Dual. Exageradamente brillante y colorido, el video proyectado en el piso, junto a los fríos blancos, grises y rosados de la escultura, presentaba campos gráficos sobre los cuales se veían parejas de cuerpos danzando o jugando. Aunque en apariencia incompatible con el resto de las obras, este video continuaba el tema de Freiberger relacionado con la dualidad y el cuerpo y su otro, un concepto tomado de Artaud y compartido por construcciones psicológicas como el doppelganger [el fantasma de alguien].
Había un admirable y casi demasiado ambicioso alcance en este proyecto, como si la artista hubiera autorreflexionado acerca de hacer una Gran Declaración en su debut en la galería neoyorquina. Desde luego que combinar escultura, video, fotografía y performance en un proyecto influenciado por Deleuze, Artaud, Freud y Duchamp es simplemente ambicioso. En efecto, dadas las fechas de los diversos componentes de esta instalación, o Freiberger trabajó en este metaproyecto durante años, o ella y el curador improvisaron una serie de obras para hacer una nueva; en cierta forma, la suma no parecía equivaler a sus partes. El componente más exitoso fueron las fotografías, que fusionaron los diversos aspectos del proyecto e ilustraron muy bien las muchas dualidades que la artista quería invocar. Quizás en el futuro ella quiera moderar un poco sus ambiciones y editar sus opciones, demostrando que menos todavía puede ser más.
JOHN ANGELINE
