Las subastas latinoamericanas terminaron en Nueva York con una nota muy optimista para el mercado. La renovada solidez de los coleccionistas de Suramérica también se vio reforzada por la encarnizada puja de coleccionistas estadounidenses e internacionales.
Esta temporada también significó la última subasta para la jefe del departamento de Christie’s, Ana Sokoloff, quien continuará como asesora privada de arte. A Sokoloff se le debe reconocer la innovación más importante en el campo durante la última década: la introducción, desarrollo y crossover de artistas contemporáneos de calidad internacional provenientes de América Latina. Antes de que Ana Sokoloff llegara a Christie’s, se habían presentado a las subastas algunos artistas jóvenes y del momento, como Julio Galán y Guillermo Kuitca, pero jamás se le había dedicado una sección del catálogo al arte que estaban produciendo en Latinoamérica estos jóvenes y respetados artistas emergentes que no sólo estaban en contacto con las últimas corrientes internacionales del arte sino que se integrarían más tarde al escenario contemporáneo del arte internacional. Sokoloff, con el talento extraordinario de una auténtica visionaria, descubrió a estos artistas y los presentó por primera vez en una sección especial de la subasta nocturna de Christie’s en noviembre de 1998. Adriana Varejão, Francis Alÿs y Cildo Meireles estuvieron entre los nombres que vendieron con éxito en este primer intento.

Este éxito se repitió en la temporada siguiente, a principios de junio de 1999, cuando Sokoloff dio un increíble golpe maestro al ofrecer la colección Bruno Musatti de arte contemporáneo. La esposa de Bruno Musatti, Jeanete Leirner, provenía de una familia que había tenido un compromiso de largos años con el arte y que incluye al coleccionista Adolph Leirner, así como a Nelson y Jac Leirner, ambos artistas muy famosos y aclamados internacionalmente. Esta colección se vendió en su totalidad y muchos de sus lotes sobrepasaron los precios máximos fijados. De la noche a la mañana, dio a conocer a estos artistas y puso en perspectiva la enorme contribución de los brasileños al lenguaje contemporáneo. Esta subasta hizo de Ana Sokoloff una figura culta en el mundo artístico contemporáneo de Brasil y entre todos los coleccionistas ávidos de ampliar sus colecciones, abriendo nuevos horizontes de posibilidades, al incluir a artistas que estaban desarrollando un lenguaje totalmente opacado bajo las principales corrientes del arte internacional.

Se esperaba que en la subasta nocturna de Sotheby’s se llegara a los US$8,5 millones, pero totalizó US$8,7. Kirsten Hammer, directora del departamento latinoamericano, enfatizó que la subasta fue sólida y que tanto los coleccionistas latinos como los compradores estadounidenses mostraron mucho interés. La hermosa pintura de Diego Rivera, Delfina Flores, tuvo un estimado prudencial de US$700.000/US$900.000 debido a que, como parte del patrimonio mexicano, no se le expedirían papeles de exportación para sacarla de México, sin embargo, llegó a los US$ 926.000; pero la pintura de Frida Kahlo, Niña tehuacana, Lucha María, que fue ofrecida bajo la misma premisa, no encontró comprador. No obstante, en este caso en particular puede argumentarse que no salía al mercado por primera vez, pues ya llevaba en él un tiempo considerable antes de la subasta. Desde luego, esto no fue indicio para el mercado mexicano, que respondió muy bien a lo largo de la temporada y logró una cifra alta de US$1.100.000 por Maternidad, otro Rivera ofrecido en la subasta de Sotheby’s, en donde su obra The Fishermen también se vendió muy bien en US$568.000, el precio más alto de su estimado.
En Christie’s lo más destacado de las ofertas mexicanas fue el Tamayo Juego de niños, que se vendió por US$567.500 (el estimado era de US$500.000 /US$700.000), pero esta vez las grandes piezas de la subasta llegaron de otras regiones. El Wifredo Lam de la portada del catálogo, La pareja, logró un récord mundial para una obra sobre papel, al venderse en US$881.100 (el precio base era de US$350.000/US$450.000). Otras que se destacaron en la subasta fueron tres piezas del Patrimonio de Dolores Smithies, una distinguida coleccionista que fue conocida por su excelente gusto al coleccionar arte latinoamericano. Su precioso dibujo hecho por Matta en 1942 tenía un estimado de US$ 150.000/US$200.000, y se vendió por US$197.900, un récord mundial para una obra sobre papel de este artista. A las otras dos piezas también les fue muy bien; una era una pequeña aunque excelente acuarela de Julio Larraz ofrecida por US$10.000/US$14.000 y vendida muy por encima de este cálculo, en US$16.730; y la tercera fue Piña, una colorida obra de Amelia Peláez, que se vendió por US$197.900, sobrepasando el precio base de US$120.000/US$160.000.

Las obras de artistas venezolanos obtuvieron puntajes particularmente altos esta temporada. En la subasta nocturna, Christie’s ofreció un Soto de 1972 avaluado en US$30.000/US$50.000 que subió rápidamente a US$136.300. A una escultura en madera de Francisco Narváez se le habían calculado US$ 15.000/US$20.000, y su condición no era la mejor, sin embargo, una animada puja subió el precio a US$41.825. No obstante, el precio más alto logrado en la subasta y en toda la temporada no fue para ninguna obra de arte sino para objetos de interés: un par de hermosos revólveres hechos por el famoso fabricante francés Nicolas-Noel Boutet para el legendario Libertador Simón Bolívar. Se esperaba venderlos entre US$600.000 /US$800.000, pero varios postores elevaron el precio rápidamente; la larga puja se trenzó finalmente entre un comprador vía telefónica y uno que estaba en la sala, quien terminó la compra en la increíble suma de US$1.687.500.

En Sotheby’s el precio más alto para la subasta también lo obtuvo una obra venezolana, una pintura académica de Arturo Michelena, L’enfant malade, que se había ganado la medalla de oro en la exposición Salon en París en 1887 y que se vendió en US$1.352.000. Por lo menos cuatro diferentes postores persiguieron la obra por encima del estimado de US$150.000/US$200.000, lo que indica la fuerte demanda de obras de este artista, que rara vez salen a subasta. En este caso particular, la pintura fue también un descubrimiento, debido a que desde 1926 no se había visto en público y poco tiempo después fue puesta en una bodega del Museo Ringling. Fue descubierta allí gracias a una búsqueda exhaustiva y una dedicada investigación conducida por Alex Stein, representante de Sotheby’s en Miami.
La subasta de Sotheby’s también registró un éxito para el artista ecuatoriano Manuel Rendón, cuando su Nue dans un paisaje exotique, con un cauteloso estimado de US$50.000/US$ 70.000, sobrepasó las expectativas y le dio un nuevo récord mundial al venderse por US$131.200. También para destacar fueron los precios altos que lograron Grafismo inciso con dos figuras, de Torres García, vendido en US$ 153.600 (el cálculo estaba en US$ 100.000/US$150.000), y I love you sepia, de Claudio Bravo, que logró US$ 500.800, cuando se esperaban US$ 350.000/US$450.000. El monumental bronce de Zúñiga, Desnudo de Dolores, logró un nuevo récord mundial para el maestro al sobrepasar los cálculos de US$200.000/US$250.000 y venderse en US$411.200. A una extraña pintura de Wifredo Lam de la década de 1950 y casi abstracta en composición también le fue muy bien, pues su precio base de US$150.000/US$200.000 se elevó a US$254.400.

Todas las demás obras venezolanas ofrecidas en la subasta nocturna sobrepasaron los cálculos. Primero fue una pieza de Carlos Cruz-Díez, valorada en US$12.000/US$18.000, cuyo precio, gracias a varios postores, se elevó a US$ 51.000, más del doble del estimado alto y un nuevo récord para el artista. El siguiente lote fue un precioso Soto de 1970, con un estimado de US$35.000/US$ 45.000, que rápidamente llegó a US$48.000. El lote que siguió fue mucho más lejos; era una abstracción en metal de Gego, a la que se le habían asignado US$18.000/US$22.000, pero que se elevó al fenomenal precio de US$90.000, quizás debido a que los postores presentes en la sala también sabían que el lote de cover para la subasta de arte contemporáneo de Sotheby’s había sido una obra de la misma, más grande y más compleja, que representó un inesperado récord para la artista cuando sobrepasó los cálculos de US$100.000/US$150.000, para venderse en US$411.200. El último lote de la subasta fue una de las primeras obras de Soto, fechada en 1959, a la que se le había calculado un precio entre US$ 60.000/US$80.000 y se vendió después de una competida puja en US$232.000, más del doble del precio mayor, convirtiéndose en un nuevo récord mundial para el artista.

Otro resultado positivo que se vio en las dos casas fue la recuperación de los precios lograda por las pinturas de Botero. En Sotheby’s, su Madonna and Child (Nuestra Señora del Carmen) había sido valorada en US$250.000/US$300.000, pero el precio se elevó a US$411.200. En Christie’s, a una obra anterior a ésta, de 1959, El milagro de San Hilarión, se le habían calculado US$150.000/US$200.000, y se vendió por US$175.000, mientras que, también en la misma subasta, su Maceta de flores dejó atrás el estimado de US$ 50.000/US$70.000 y se vendió por US$130.700. Más espectacular que cualquiera de estos precios fueron los US$993.100 que obtuvo Les Amants, también de Botero, en la subasta de arte contemporáneo de Christie’s, donde se esperaba venderla en US$ 500.000/US$700.000. Esta pintura de 1973 logró el precio más alto alcanzado por una pintura de Botero desde 1992, cuando el artista pasó la barrera del millón de dólares con la venta de La casa de las gemelas Arias, y ahora es la tercera pintura más costosa de Botero que logra un récord de subasta.
En el campo de lo contemporáneo, las dos casas lograron nuevos éxitos y reafirmaron el interés en esta división del arte latinoamericano. En Christie’s, una instalación titulada La siesta, del grupo de artistas cubanos conocido como Los Carpinteros, se vendió muy por encima de su estimado de US$10.000/US$15.000, cuando varios postores elevaron el precio a US$23.900. La otra obra de Los Carpinteros fue un grupo de tres acuarelas estimadas en US $8.000/US$12.000, que se elevó con éxito a US$21.510. Ana Mendieta, quien recientemente presentó una retrospectiva de su obra en el Whitney Museum, tenía dos fotografías en la subasta nocturna; la primera era una obra perteneciente a la serie Labyrinth of Venus, avaluada en US$12.000/US$16.000, que se subió a US$19.120; la segunda, de la serie Silueta, se había avaluado en el mismo precio de US$ 12.000/US$ 16.000 y logró US$20.315. Otra que se destacó en las ofertas contemporáneas fue una pequeña obra de Neto, con un precio de US$5.000/US$7.000, que se vendió por US$14.340, con lo cual dobló el estimado más alto. Una dramática escultura en mármol del uruguayo Pablo Atchugarry se convirtió en otra sorpresa de la subasta nocturna, cuando sobrepasó los cálculos de US$ 30.000/US$50.000 y se vendió por más del doble del precio mayor, en US$ 85.000. Una obra de Alfredo Jaar, The body is the map, consistente en nueve cibachromes, cada uno montado sobre un fondo blanco, tenía un estimado de US$10.000/US$15.000 y se vendió por US$17.925. Un par de grabados en plata del famoso artista contemporáneo Vik Muniz estaban avaluados en US$ 6.000/US$8.000, pero el hecho de que varios postores los quisieran hizo que el precio se elevara a US$16.133. A Toquinhos, de Mira Shendel, también le fue muy bien, las tres obras sobre papel tenían un estimado de US$4.000/US$6.000 y lograron US$8.963.

Esta vez Sotheby’s incluyó a varios latinoamericanos en su subasta de arte contemporáneo. Atrabiliarios, de Doris Salcedo, con un estimado de US$20.000/US$30.000, se vendió en US$39.000; Daniel Senise vendió su pintura monocromática Tait en US$16.800 (el estimado era de US$18.000/US$22.000). Una hermosa aunque pequeña obra de Beatriz Milhazes se había avaluado en US$18.000/US$22.000, pero se elevó a US$42.000, casi el doble del precio mayor; una suerte similar corrió el bello paisaje fotografiado por Gabriel Orozco, Tree Bench, que se esperaba alcanzara US$6.000/US$ 8000 se vendió en US$27.000, más del triple de la cifra más alta. Ernesto Pujol tenía un conjunto de fotografías de la serie Motions, que se vendió por US$ 12.000 (los cálculos eran US$12.000/US$18.000) y, de nuevo, Vik Muniz tuvo mucho éxito con la venta de su B.1961, que con un estimado de US$25.000/US$35.000 logró los US$51.000.

Phillips Auctioneers también incluyó artistas latinoamericanos en su venta de arte contemporáneo. Hubo tres obras excelentes de Gabriel Orozco incluidas en la famosa colección de fotografía Lambert. El primer Orozco que se ofreció, Common Dream, era una fotografía de ovejas amontonadas en un árido paisaje. Se le había calculado US$4.000/US$6000, pero el precio subió rápidamente hasta llegar a los US$27.600, más de cuatro veces la suma mayor. La segunda obra ofrecida se titulaba Gato en la jungla y se le había asignado el mismo precio de US$4.000/US$6000, que superó con creces, vendiéndose por US$26.400. El último Orozco de la subasta fue un grupo de siete cibachromes, cada obra de una edición de cinco, estimado en US$30.000/US$40.000 y vendido en US$117.600, un rotundo éxito para el artista.
También en Phillips le fue bien a Atribiliarios, de Doris Salcedo, con un estimado de US$35.000/US$45.000 y vendida en US$40.800. Vik Muniz sobrepasó los cálculos de US$10.000/US$15.000 para su Babe (de la serie Chocolate), al venderla por US$27.600. Francis Alÿs también sobrepasó el precio estimado de su Untitled (Le bon prophète) (US$10.000/US$15.000), que alcanzó los US$20.400.

Una conclusión que puede desprenderse claramente de esta temporada es que los artistas latinoamericanos contemporáneos están abriendo nuevos caminos en la corriente dominante del mercado internacional del arte. Los coleccionistas de arte contemporáneo de Estados Unidos y Europa están comprando con avidez la obra que producen, y se le está reconociendo con más frecuencia por su calidad inherente que por su fuente de origen. Una confirmación de esta tendencia se apreció también en esta temporada durante la inauguración del edificio del MoMA en Nueva York. Los maestros latinoamericanos colgaron su obra cómodamente en cercanías a Picasso y Mondrian; la obra de Siqueiros se veía muy bien junto a Beckman, y Frida Kahlo estaba presidiendo la corte en medio de los surrealistas que conoció cuando viajó a París en 1939. Además, el Louvre compró una obra de la exposición que André Breton organizó para ella. Han pasado más de veinte años desde que las dos casas empezaron a realizar las subastas y, ahora, por primera vez, en esta temporada, fue evidente y todos lo vieron en el Museo y en las subastas, que el arte latinoamericano por fin se ha sumado a la corriente principal.
Total en la subasta de Christie’s: US$9.069.626. Lotes ofrecidos: 161 Lotes vendidos/Sin vender: 115/46.
Total en la subasta de Sotheby’s: US$11.737.200. Lotes ofrecidos: 144. Lotes vendidos/Sin vender: 95/49
Todos los resultados citados incluyen la comisión.
ALBERTO BARRAL
Asesor de arte, Nueva York.

