So Far, So Close

Fernando Palomar. Hobbema anaranjado, 2004. Detalle de instalación con pintura sobre muro. Dimensiones variables.

Colectivaabr 2005 - jun 2005· Por John Angeline

So Far, So Close

The Americas Society

The Americas Society llevó a cabo hace poco una pequeña e interesante exposición colectiva de arte contemporáneo de Guadalajara. Titulada So Far, So Close, esta exposición aparentemente simple puede leerse en formas tan paradójicas como lo sugiere su título.

Arregladas de una manera bastante casual había catorce obras de seis artistas, que habían sido seleccionadas por la curadora para representar el escenario artístico contemporáneo de la región (aunque los requisitos específicos de identidad regional nunca fueron explicados categóricamente, y en el caso de José Dávila, por ejemplo, no incluyeron residencia actual). Las obras parecían no guardar relación en muchos sentidos: tamaño, medio, estilo, técnica y tema. Esta diversidad lo llevaba a uno a ver la exposición como una serie de obras de arte independientes, tanto como -si no más que- una colección unificada.

Colectiva: So Far, So Close — imagen 1
Agustín Solórzano. Automóvil y ventiladores, 2003. Impresión digital. 90 x 70 cm. (35 2/5 x 27 1/2 pulgadas).

Los artistas en cuestión son un grupo fuerte que demuestra una variedad, no sólo entre ellos sino también dentro de sus respectivas prácticas. Agustín Solórzano, por ejemplo, utilizó en su obra Untitled (car and fans) programas contemporáneos de computadora que se usan en el diseño industrial, y se apropió de una técnica de cerámica local de Talavera de Puebla en obras escultóricas como Untitled (helmet). Por otra parte, Fernando Palomar entabló un diálogo con las tradiciones del mural mexicano al crear obras de proporciones arquitectónicas que emplean proyecciones texturales o abstracciones espaciales positivas/negativas.

Gonzalo Lebrija emplea el gran formato que podría sugerir la tradición mural, pero también usa el trazo narrativo y composiciones fotogénicas que con sus grandes fotografías hacen pensar en el cine. Entonces, no es de sorprender el que veamos al mismo artista ocupado también en videoarte. Aranjuez representa a un grupo de mujeres envueltas en una muchedumbre de hombres después de un partido de fútbol. Un breve instante que se presenta con frecuencia se convierte en una indagación sobre las relaciones de género y rituales masculinos mediante el empleo de cámara lenta, vistas múltiples y una evocadora pista de sonido.

Colectiva: So Far, So Close — imagen 2
José Dávila. Paisaje topográfico (NY), 2002. Impresiones digitales arrugadas. 90 x 70 cm. (35 2/5 x 27 1/2 pulgadas).

Luis Miguel Suro, uno de los artistas más interesantes de la exposición, también utiliza el video en forma efectiva. Concepto espacial mostraba el extraño aunque aparentemente tonto acto en el que la cúpula de asbesto de un mirador es agujereada por múltiples disparos. Un discurso sobre la violencia, los desechos industriales, el gusto burgués y la historia del arte (el título fue tomado del arte y los manifiestos de Luciano Fontana), esta elaborada obra era también probablemente la más explícita de la exposición en términos de crítica social. Suro también se trasladó de la tecnología contemporánea a la artesanía tradicional con un par de obras en cerámica dorada que fueron hechas en una fábrica fundada y administrada por su familia. Ingeniosamente, Golden Tacos hace de la exportación de la culinaria mexicana un fetiche, y su dorado exagerado evoca no sólo el arte de la cerámica sino también el significado de la comida rápida mexicana en términos de la economía local. Una de las obras más agudas de la exposición fue la estatuilla del Oscar de Suro. Encargada para una fiesta de un museo, fue mal recibida. La superficie dorada de la estatua oculta el hecho de que es una réplica de muy mala calidad, y su posición de rodillas podría interpretarse como una actitud de oración (que evoca la fuerte tradición católica de la región) o súplica (¿un comentario sobre el esporádico y huidizo reconocimiento del cine mexicano internacionalmente?). Infortunadamente, estas obras llevan un patetismo aun mayor, dado el reciente asesinato de Suro perpetrado por ladrones en diciembre pasado; la vida de un artista que hizo comentarios sobre la violencia de su sociedad fue segada por ésta.

La extraña combinación de heterogeneidad y reducido número de artistas parece haber desafiado la premisa de la exposición, de la que se esperaba que presentara una visión de conjunto del escenario artístico de Guadalajara. Había esporádicas coincidencias temáticas, pero ningún tema o comentario conectivo evidente que indicara una herencia común o lazos sociales vigentes. Si ésta fue en verdad una honesta representación del panorama artístico tapatío, entonces ese panorama parece ser un poco exiguo.

Colectiva: So Far, So Close — imagen 3
Gonzalo Lebrija. Aranjuez, 2003. Video de 4:30 minutos.

Es sólo al considerar la formación de la región que surge una especie de contratema. Guadalajara, la capital de la región mexicana de Jalisco, es el segundo centro urbano más grande del país. En la década de 1990 fue sede de una feria internacional de arte que para muchos fue una de las más exitosas e interesantes de Latinoamérica. Hoy, debido a una combinación de factores económicos, políticos y conservadores, ya no existe una feria de arte ni mucho apoyo organizado, que digamos, a las artes.

La indignación a duras penas contenida de la curadora con respecto a esta situación fue la raison d’être fundamental de la exposición, e influyó en su interpretación de todas las obras exhibidas.

Colectiva: So Far, So Close — imagen 4
Luis Miguel Suro. Concepto espacial, 2004. Video.

Por cálidas y estimulantes que fueran las obras, uno se pregunta si esta exagerada tesis fue en realidad la mejor para organizar una exposición de arte. En efecto, la obra se convierte en una protesta de facto y, sin embargo, las obras solas no explicaban las razones en forma suficientemente fuerte ni unificada. Se podría argumentar que el reducido número de artistas y la naturaleza en cierta forma inconexa de la exposición fueron los que de hecho tipificaron la situación actual de la comunidad artística de Guadalajara, pero la escasez fue contrarrestada por la calidad del arte. Cuando la curadora describió las dificultades de un artista “de una ciudad provincial con instituciones y sistemas de circulación obsoletos a menudo consistentes sólo en redes interpersonales de contactos e intercambios profesionales casuales”, perfectamente podría haber estado describiendo Williamsburg, Brooklyn; sin embargo, cuando esos artistas aparecieron en una exposición con una visión de conjunto, ésta fue motivo de celebración y hubo un generoso número de obras y participantes. Lo que puede ser una legítima preocupación y tema de un fuerte editorial o un ensayo que haga reflexionar no se traduce claramente como exposición. Además, a pesar de su alcance limitado, uno no puede dejar de pensar en posibles exclusiones: por ejemplo, ¿no hay mujeres artistas en esta región? So Far, So Close intentó presentar un panorama artístico que, putativamente, no existe. Esta misma paradoja es la que hizo que el título fuera tan apropiado pero también que, en última instancia, la exposición fuera indefendible.

JOHN ANGELINE

So Far, So Close, por John Angeline | artnexus