Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Issa Maria Benitez Dueñas

Santiago Sierra

Galería Helga de Alvear

La última acción de Santiago Sierra en la ciudad de Madrid consistió en la lectura ininterrumpida durante 120 horas de un listín telefónico árabe en la galería Helga de Alvear, que no cerró mientras se llevó a cabo el evento. A primera vista, se trata de una acción remunerada más, idéntica en el fondo al resto de las acciones que ha presentado en los últimos años al contratar a un grupo de inmigrantes árabes para que llevaran a cabo la lectura. Hay, sin embargo, un elemento en esta pieza que apunta ligeramente en otra dirección: el listín telefónico fue encontrado por el propio Sierra en Israel y se trata, de hecho, de un directorio que incluye exclusivamente a la población árabe residente en aquel país. Este matiz contextualiza en términos políticos la pieza de un modo mucho más contundente que el que tiene que ver exclusivamente con sus comentarios sobre las leyes del mercado de trabajo. La segregación implícita en el directorio telefónico se revierte al ser leído en árabe frente a un público de habla hispana que queda automáticamente excluido de la comprensión de lo que escucha. A ello se suma el sinsentido de la empresa —un elemento más o menos recurrente en el trabajo de Sierra— que, sin embargo, parece hacerse eco de la inutilidad de tantas otras acciones políticas y militares que se están dando en el terreno de la lucha árabe-israelí.

Exposición Individual: Santiago Sierra — imagen 1
Santiago Sierra. 120 horas de lectura continua de una guía de teléfonos. Vista de la exposición, páginas de la guía enmarcadas.

El montaje de la documentación del evento en la instalación posterior dentro de la sala principal de la galería se presenta, por otra parte, como una segunda parte importante de la pieza. Alejándose de sus clásicas fotografías documentales en blanco y negro ampliadas a grandes dimensiones, sospecho que más por exigencias de mercado que por intención estética, Sierra ha preferido en esta ocasión enmarcar las páginas del directorio leído y cubrir con ellas los muros a la manera de los clásicos conceptuales. La exclusión a la que hacía mención antes vuelve a repetirse frente a cientos de páginas que para nosotros no tienen más que jeroglíficos o formas sin significado. El contexto explícito de estas páginas es, sin embargo, muy sugerente al marcar la insalvable distancia entre dos culturas, dos formas de vida y una realidad imposible de entender en toda su extensión desde el ambiente resguardado de la galería de arte. Además de estas páginas enmarcadas, Sierra ha colocado en la sala unos altavoces que transmiten íntegramente la grabación de la lectura del directorio. El sonido repetitivo e incomprensible para nosotros se convierte en una especie de mantra que sólo se altera cuando cambia el lector. No es desdeñable el aspecto hipnótico de este envolvente sonido que inevitablemente evoca una llamada a la oración. Todos estos elementos e indicios sirven para construir una obra que, aunque hasta cierto punto evidente, es bastante compleja en sus connotaciones y bastante ambigua en su posicionamiento político. Por una vez, la insistencia de Sierra por “mostrar la realidad tal cual es” (las leyes del mercado en el mundo capitalista, la situación de los inmigrantes en España, o la situación de segregación de los árabes en Israel) se convierte en el elemento clave que abre las lecturas posibles dentro de un trabajo que se desdobla sobre las otras realidades a las que toca: la propia segregación de los árabes en España pero también todas las formas de exclusión que se reproducen en todos los ámbitos de la vida y la sociedad, empezando por el mundo del arte.

La reconversión de un documento —el directorio— en un mural de signos o en un mural de sonido, que por nuestra propia incomprensión cobra una dimensión casi religiosa, es mucho más interesante que el acto remunerado de lectura en sí, incluido el aspecto maratónico que implica mantener la galería abierta ininterrumpidamente durante 120 horas. Nos queda averiguar si era eso lo que Sierra buscaba o si simplemente lo encontró.

ISSA Mª BENÍTEZ DUEÑAS