Otras Miradas

Patricia Bravo. Mata que Dios perdona, 1998. Detalle. Fotografía, impresión digital. Cuatro fotografías en impresión digital. Cada una: 135 x 245 cm. (53 x 96 1/2 pulgadas).

Exposiciónabr 2005 - jun 2005· Por Freddy Carreño

Otras Miradas

Indagaciones en torno a la realidad colombiana contemporánea

Distintos hechos experimentados por la sociedad colombiana, consecuencia de una situación de confrontación que pareciera destinada a no terminar, constituyen el punto de partida para que las artistas expresen su visión, conmoción, y dolor por lo que sucede.

La percepción de los acontecimientos que “pueblan” nuestro entorno adquiere desde la perspectiva de los artistas de la visualidad una significación que trasciende lo ordinario, se convierte en un acto de develamiento y redescubrimiento. A través del arte, cierto tipo de sucesos, que a fuerza de repetirse parecieran perder importancia y extraviarse en los laberintos de la cotidianidad, son rescatados y entendidos en una nueva dimensión como hechos que afectan a las personas, familias, comunidades, y países. Así, la mirada del artista, expresada en toda su intensidad en la obra, confiere a lo real otro status y ofrece al espectador la posibilidad de una percepción interesada del mundo que lo rodea, su reconocimiento y comprensión.

Exposición: Otras Miradas — imagen 1
Débora Arango. Masacre del 9 de abril, s.f. Acuarela sobre papel. 76 x 57 cm. (30 x 22 1/2 pulgadas).

La exposición Otras miradas permitió la percepción de nuevas indagaciones en la realidad de la Latinoamérica contemporánea desde el espacio del arte. Exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber, del 9 de septiembre al 10 de octubre de 2004, bajo la curaduría de Carmen María Jaramillo, presentó el trabajo de Débora Arango, Patricia Bravo, Johanna Calle, María Fernanda Cardoso, Clemencia Echeverri, María Elvira Escallón, Beatriz González, Delcy Morelos, Gloria Posada y Libia Posada Restrepo. Distintos hechos experimentados por la sociedad colombiana, consecuencia de una situación de confrontación que pareciera destinada a no terminar, constituyen el punto de partida para que las artistas expresen su visión, conmoción, y dolor por lo que sucede. Como sibilas de antiguos y recónditos oráculos, tratan de dar respuesta a los hechos trágicos que la violencia ocasiona, e intentan rescatar para el futuro la memoria de lo pasado.

Exposición: Otras Miradas — imagen 2
Beatriz González. Mátenme a mí que yo ya viví, 1997. Óleo sobre tela. 160 x 90 cm. (63 x 35 1/2 pulgadas).

En su diversidad, las propuestas no plantean relaciones explícitas formales o temáticas, cada una explora aspectos particulares de un proceso que tiene múltiples facetas. No obstante, es posible hallar entre ellas afinidades que permiten, sin ánimo de establecer categorías, revisarlas como grupos o conjuntos. Así, la obra de Débora Arango aparece como precursora de ese registro que han hecho las participantes en la exposición; junto a la suya, las propuestas de Clemencia Echeverri, Beatriz González y Gloria Posada plantean una particular visión del drama. La obra de Arango no deja de ser conmovedora a pesar de mostrar imágenes que entrañan rabia, dolor, y una dura crítica al modelo social que permite y favorece que ocurran hechos violentos. Sus pinturas, resueltas con la rapidez que impone la acuarela, se hallan cargadas de una intención satírica, y sus personajes formalmente construidos con pocos elementos transmiten gran expresividad. Pintura que representa en Masacre del 9 de abril, s.f., en una composición abigarrada y de riqueza cromática, los hechos relacionados con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Las imágenes del video De doble filo 1/5, fotogramas, 1997-1998, de Clemencia Echeverri, plenas de alusiones metafóricas sobre aquellas formas configuracionales que marcan la vida del ser humano: familia, sociedad, destrucción y muerte. Contraponen la violencia del medio natural a la propiciada por el hombre, con una plasticidad signada por la desmesura y lo dantesco, que nos sitúan ante una perspectiva dramática: como en una versión del mito de Sísifo, la vida del ser humano parece condenada a una lucha eterna contra el mal, sin cuartel ni garantía de triunfo, reconocimiento que apunta al sentido trágico de la existencia. Beatriz González, por su parte, El Paraíso, 1997: Mátenme a mi que ya yo viví, 1997, entre otras, construye albergues íntimos alrededor de personas anónimas; más que íntimos, los espacios son íngrimos, esquemáticos y sin profundidad, ámbitos que enmarcan, hasta casi hacer asfixiante, la soledad de sus personajes y potencian, al límite de lo soportable, el dolor que se experimenta por la pérdida. La riqueza del color, el brillante contraste entre los tonos planos, no plantea antagonismos entre lo infausto y la exuberancia cromática; por el contrario, acentúa el dramatismo del reducido espacio y de sus solitarios y desgarrados protagonistas. En Mapa, 1990-2000, las líneas de las manos, esas que sirven a los quirománticos para “leer” el destino, Gloria Posada las utiliza para construir cartografías imaginarias y despersonalizadas que estructuran la morfología de un territorio abandonado. La artista no busca respuestas en las líneas de las manos, hace transitar al espectador sobre ellas, con la intención de hacerlo sentir la desolación, que experimente, de cierta forma, el drama de los desplazados.

Exposición: Otras Miradas — imagen 3
Libia Posada. Lección de anatomía, 2000-2004. Detalle. Instalación de 14 impresiones digitales a partir de patrones didácticos, dibujo sobre pared, mesas y sillas. Cada impresión: 100 x 70 cm. (39 1/4 x 27 1/2 pulgadas).

Desde nuestra posición de espectadores, otro grupo lo integran las obras de Patricia Bravo, Johanna Calle y María Elvira Escallón. En una primera mirada percibimos las imágenes de un cielo intensamente arrebolado, fotografías de gran formato que sirven de base para Mate que Dios perdona, 1998, la propuesta de Patricia Bravo, quien también las “observa” desde otra fotografía. Vistas con atención, las imágenes nos muestran otra realidad; más que un encendido cielo tropical, es un espacio para los muertos, de manera semejante a las estampas populares de oraciones que utilizan la imagen del cielo como soporte del texto. Bravo recurre al carácter simbólico del espacio celestial como lugar del “descanso eterno” para denunciar, opone la intensa presencia de su obra a la tenacidad del olvido. Tal vez, una de las formas de la violencia más perturbadoras es aquella que condena al ser humano a la soledad como consecuencia de sus propias debilidades, de sus inexplicables torpezas. Seres indefensos y extraviados en espacios desconocidos, pantanos agitados por extrañas fuerzas ocultas, devienen en las sorprendentes referencias al aislamiento, la separación y el extrañamiento, que encontramos en Efluvios, 2000-2004, de Johanna Calle, obra que nos permite reconocer en la artista experiencia técnica y una extraordinaria capacidad de trabajo. María Elvira Escallón, a través de imágenes fotográficas de la serie Desde adentro, febrero de 2003, rescata los vestigios que persisten a los efectos de la destrucción: leves rastros, imágenes fugaces que son huellas de vidas perdidas, de ilusiones truncadas, de esfuerzos sin resultados, que presenta como símbolos recientes de todos los exterminios que desde siempre acompañan al hombre en su travesía por la vida.

Exposición: Otras Miradas — imagen 4
María Elvira Escallón. Sin título, de la serie Desde adentro, febrero de 2003. Fotografía en color sobre papel. 90 x 70 cm. (35 1/4 x 27 1/2 pulgadas).

El trabajo con imágenes que en principio son ajenas a la temática de la exposición pareciera vincular las obras de Delcy Morelos, Libia Posada Restrepo y María Fernando Cardoso. Morelos presenta la obra más conceptual de toda la exposición y, paradójicamente, la más cercana a lo expresamente pictórico: 4.408 veces, 1997-2004. La imagen de un recipiente sobre el cual se derrama un líquido constituido por miles de partículas de intenso rojo, que caen en “cascada” desde algún lugar que está fuera de la obra, forma que se repite casi idénticamente varias veces, valora la potencia del color, su plasticidad, lo expresamente visual. Pero el rojo remite también a la pasión y a la muerte: sangre que fluye con intensidad, sangre derramada con la que, como refiere la artista, “se te está saliendo la vida”. Solemos olvidar con frecuencia que la destrucción no discrimina, ni selecciona, y muchos menos perdona, por ello conmociona la obra de Libia Posada Restrepo, Lección de anatomía, 2000-2004: las aparentemente normales imágenes, como representaciones anatómicas de niños y niñas, se revelan con toda su transgresora carga al hacer evidente ante el espectador los cuerpos mutilados de los infantes, la crudeza nos hace conscientes de aquello que se rechaza por temor, de lo que se ignora de manera intencionada, de las manipulaciones que cercenan y destruyen sociedades. Por último, las coronas utilizadas por María Fernanda Cardoso en su instalación tienen un valor visual como objeto artístico, una vez que la artista resuelve su presentación en el espacio expositivo, y una singular presencia en la tradición cultural latinoamericana; con ellas se rinde homenaje a los héroes o se reconoce el afecto por un difunto, significaciones que la cultura del kitsch ha puesto en cuestión. Con sus Coronas funerarias, 1991, Cardoso rinde homenaje a los miles de fallecidos que el desafuero convierte en héroes anónimos y que el colectivo olvida rápidamente.

Exposición: Otras Miradas — imagen 5
María Fernanda Cardoso. Corona funeraria, 1991. Flores plásticas, metal, poliéster. 110 x 25 cm. (42 1/4 x 9 3/4 pulgadas).

En el pasado, los artistas buscaban representar lo verdadero a través de la belleza; en la contemporaneidad sus necesidades expresivas apuntan en otras direcciones; sin embargo, persiste la voluntad de mostrar su interpretación de la verdad en las imágenes que crean. Las obras participantes en la exposición Otras miradas nos plantean visiones de la realidad transidas de artisticidad; por tanto, referidas a los valores formales de las artes visuales. No obstante, esto no las restringe a modelos preestablecidos, permite a las artistas expresarse con gran libertad, conciencia y sentido crítico. En su momento reconocimos Otras miradas como una de las exposiciones más interesantes realizadas por el MACCSI en el año 2004.

Exposición: Otras Miradas — imagen 6
Johanna Calle. Efluvios, 2000-2004. Tinta sobre papel. 89 x 150 cm. (35 x 59 pulgadas).

* La exposición viajó en enero a Santiago de Chile para presentarse en las galerías Gabriela Mistral, BECH, Metropolitana, Balmaceda 1215 y Posada del Corregidor. Hasta el 27 de marzo estará en el MNBA de Buenos Aires, Argentina, y se ha programado que continúe el recorrido en Brasil.

FREDDY CARREÑO

Crítico de arte.