La artista panameña expuso por primera vez en Bogotá, del 30 de septiembre al 30 de noviembre, en el Centro Cultural del Convenio Andrés Bello. Las grandes pinturas tenían tres temas principales: naturalezas muertas, amantes y partes de un homenaje a Miguel Ángel Buonarroti. Las naturalezas muertas: Estudio de bodegón, Sólo una pera y Bodegón horizontal. Los amantes: Casa de Baccus, Disturbing angel y Pareja de amantes, temática frecuente en la obra de la artista, figuras de parejas entreveradas en el acto amoroso, el abrazo sensual, tierno, cariñoso, consolador, doloroso y desasosegado. El homenaje a Miguel Ángel: un tríptico inspirado en los Esclavos de la Academia de Florencia y La notte, que sigue la escultura del mismo tema del mausoleo de los hermanos Medici, en San Lorenzo. Estas obras resultan del encuentro de Olga Sinclair, durante su estadía en Florencia, con la obra del artista del Renacimiento. Por su relación formal y el tema de la escultura, a este grupo se puede añadir la pieza Lanzador, inspirada en la estatuaria griega, como el Discóbolo de Mirón, y que hace alusión a los juegos olímpicos de Atenas 2004.
Desde la década de 1980, Olga Sinclair ha aclarado significativamente la gama de su paleta, entonces caracterizada por azules y púrpuras, ahora por ocres y tierras. Por otra parte, ha ganado en expresión gestual. La pintura de Olga Sinclair ha cambiado paulatinamente y sutilmente en el transcurso del tiempo, habiendo empezado por los formatos pequeños y de interior de recámaras femeninas a grandes lienzos que dominan los espacios. Ha ido cambiando de obras suaves y difuminadas a manchas impactantes y pinceladas dinámicas y expresivas, ricas en materia aplicada a brochazos o con golpes de espátula. Ahora trabaja sobre grandes fondos planos que, en muchas oportunidades, son atravesados por líneas verticales y horizontales, que segmentan esos planos, enfatizando los espacios reticulados con variaciones o cambios cromáticos que aportan tensión dramática a las pinturas.

Olga Sinclair también ha cambiado su representación formal, las figuras femeninas de manos grandes, rodeadas de elementos de la vida cotidiana, y pintadas con esfumatos que las hacían blandas y suaves. En su obra actual, presentada en Bogotá, el desarrollo de los temas está dado por las figuras que, compositivamente, tienen una centralidad clásica. Las figuras son desarrolladas sobre planos cromáticos, que la artista va modificando con capas sucesivas de color, dándoles matices, volumen, creando espacio y ambiente. En otras palabras, la artista va construyendo sus obras desde los planos de fondo, creando figuras, añadiendo ritmo en función de las formas y expresión por los colores, y por la expresión y gestualidad de la pincelada, aplicando al final grandes golpes de pincel de gesto circular que rubrican las piezas.
En contraposición a las tensiones dinámicas de los planos y los centros y los ritmos gestuales de la pincelada y la espátula, sus obras parecieran serenas y meditativas. Este efecto lo producen el manejo centralizado de la composición y las formas envolventes y autocontenidas. Pese a lo expresivo de los colores y las pinceladas, los dramas representados son introvertidos, tratándolos como meditaciones o involuciones del dolor del alma. Los actos amorosos no son explosivos o exuberantes, sino posesiones íntimas o caricias acogedoras, que también pueden ser dolorosas o acaso cruentas. Por eso, la gran empatía conceptual de la obra de Sinclair con la de Miguel Ángel, pues las de este artista son obras de intensos pero contenidos mundos interiores, propios del manierismo, que anuncian lo que luego sería la explosión dinámica del barroco. En las obras referidas a los amores de pareja, el erotismo es en realidad tenue, complementado por las sugerencias formales, mediante distintos elementos que componen la ilación temática, más allá del abrazo de dos o tres cuerpos desnudos. La artista recurre a metáforas o símbolos de la unión amorosa para completar la afirmación de lo que los protagonistas acaso no terminan de decir. Cuando trata las naturalezas muertas, éstas parecieran ser dinámicas y expresivas, pero son en realidad, fieles a la autora Olga, y, enfatizando las características del tema, son serenas.
Olga Sinclair pinta mundos externos, que van desde lo cotidiano y ritual de la naturaleza, pasando por la memoria de impactos vistos, hasta los amantes, pero siempre a modo de relato o crónica, más que de confesión, testimonio vital o exposición de los personales universos interiores. Esta relación se extiende a los objetos de las naturalezas muertas y a las esculturas como objetos. Olga Sinclair pinta temas tratados por la escultura; es decir, piezas que son tridimensionales y que, por tanto, varían formalmente según el ángulo desde el que se las mira. Son representadas por Sinclair en la captura de un instante de la memoria visual.
PEDRO QUEREJAZU LEYTON
