Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Collette Chattopadhyay

Marcelo Pombo

Christopher Grimes Gallery

Nada nos prepara para la extravagante fiesta visual que ofrecen las pinturas de Marcelo Pombo. Desde lejos, uno ve la representación de formas rudimentarias, como una colina, la rama de un árbol o la ilusión de lluvia, pero más de cerca, esa imagen se desintegra en una realidad laberíntica en la que puntos de esmalte pintados dentro de otros puntos dentro de puntos crean la ilusión de cientos, si no miles, de ojos que miran fijamente al espectador. A la vez que critican irónicamente el solaz del voyeurismo, que por años de años ha sido intrínseco a la pintura, las nuevas obras evalúan las obsesiones sociales por las imágenes de los medios de comunicación masivos.

Desde el momento en que uno pisaba el salón de entrada de la galería, que presentaba una serie de unas ocho obras, la pequeña Isla de moluscos (2004) lo atraía. Ejecutada en lustrosos tonos azules y plateados, la obra, desde lejos, prometía, de manera subliminal, el encanto y refinamiento asociados con la vista de una pintura del Renacimiento italiano. Sin embargo, al acercarse, uno veía, curiosamente, un grupo de criaturas primigenias que parecían llegar a la cima de un pequeño montículo de tierra, a medida que emergían de un mar que brillaba con luz tenue. De repente, se daba cuenta de que las pequeñas criaturas lo estaban mirando de manera insinuante y desconcertante, con agudeza e ironía. Si se atrevía a quedarse un rato más, el espectador descubría que no sólo eran las criaturas quienes estaban observando nuestro espacio, sino también los componentes oculares internos de sus formas estructuradas. Parodiando suposiciones que por siglos han privilegiado a los espectadores al permitirles ver algo sin ser vistos, las pinturas de Pombo proponen la posibilidad de que la pintura y las imágenes en general sean siempre una interpretación estructurada de la realidad.

Exposición Individual: Marcelo Pombo — imagen 1
Marcelo Pombo. La batalla suave entre el sol y la tierra, 2004. Esmalte sobre panel. 101,6 x 152,4 cm. (40 x 60 pulgadas).

En efecto, muchas de las últimas obras de Pombo ponen en duda específicamente la creciente aceptación de la humanidad a ver e interpretar la vida a través del lienzo de imágenes interpuestas que irradian de computadoras, televisores, teléfonos celulares y pantallas de cine. La memorable pintura Bodhisattva (2004) presentaba, en forma ingeniosa, una lánguida figura robótica que les sonríe serenamente a los espectadores mientras se pasea perezosamente por un paisaje urbano imaginario. Sin duda, es intencional el hecho de que la lánguida figura de Pombo nos recuerde a la inocente seductora de The Golden Days de Balthus, de 1944-1946. En forma sarcástica y apropiada, Pombo decide caracterizar la tecnología de los medios como una seductora y mecanizada femme fatale, interpretando el constructo social de los medios como una persona seductora, pasiva, que promete compartir secretos confidencialmente, de una manera discreta y privada, aunque tales promesas se le hacen irónicamente a todo el mundo.

Aunque desde lejos parecía que esta reluciente Bodhisattva sonreía al público, sus ojos de luna plateada en realidad se deslizaban por sobre nuestro hombro, con la mirada vaga, hasta que nos acercábamos para examinar la subestructura en que están sumergidos esos ojos. Prometiendo compartir la herencia aristocrática que corre por su centelleante circuito interior, ella se sienta mágicamente en medio del posmodernista paisaje urbano de cualquier parte. Cuadrados y rectángulos verdes y azules formaban una constelación alrededor de la bodhisattva, simbolizando, en forma abstracta, un conjunto de edificios de oficinas, como en una ciudad que cobra vida al anochecer.

Reconsiderando de manera reflexiva interrogantes planteados por primera vez en la década de 1960 por artistas como Nam June Paik y Lynn Chadwick, las pinturas actuales de Pombo cuestionan fuertemente las obsesiones de la sociedad global con la percepción voyeurista como fuente confiable de conocimiento. Al presentar dos imágenes dicotomas simultáneamente —una vista desde lejos y otra de cerca—, sus pinturas susurran verdades que son a la vez surrealistas, aterradoras y acertadas.

COLLETTE CHATTOPADHYAY

Marcelo Pombo, por Collette Chattopadhyay | artnexus