Un libro, un monitor, un cuadro o un museo son los soportes que Magali Lara utiliza en la exposición retrospectiva Mi versión de los hechos, inaugurada el pasado 17 de noviembre en el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA) de la UNAM. En ella, Lara construye un mismo discurso en distintos tiempos, formatos y soportes. En Lara, la exposición es un eco de la obra, y la obra es un eco de las pulsiones vitales. Desde sus primeros dibujos de los setenta hasta sus animaciones más recientes, a Lara le han interesado temas constantes, repetitivos, pues para ella es en la repetición donde comienzan a aparecer otros enunciados, otros discursos aparentemente no dichos.
Lara es una artista cuyo principal interés se encuentra en la sensación de que el ser está formado por múltiples capas de yo que conviven en un mismo cuerpo y que casi nunca perciben la experiencia exterior de la misma forma. En la serie Alíen, de 2002, sus dibujos crecen como plantas carnívoras mientras devoran las fronteras entre lo animal y lo humano, entre lo extranjero y lo propio, entre el otro y ella misma.

El trabajo de Lara está evidentemente asociado al cuerpo, pero no un cuerpo entero ni que se reconoce totalmente como propio, sino fragmentos viscerales que se mueven, se transforman y se confunden con plantas, líquidos interiores que se escurren en espacios blancos, ajenos a lo humano. Un cuerpo no conocido, que se expande y se contrae, que se mimetiza, que muta. Nunca en sus pinturas Lara ha representado un desnudo, se trata más bien de representaciones de percepciones de las propias experiencias del cuerpo, del yo. Una corporeidad viva, compuesta de órganos, sensaciones, traumas, pensamientos y fluidos en constante movimiento. En una de sus últimas series, La piel después de los cuarenta, de 2004, Lara parece encontrar una parte de sí misma —de su propio cuerpo— que no aparece en ninguna otra de las series: un lugar, una circunstancia que se conecta con el acercamiento a la vejez o quizá con la muerte. En esta serie, el color negro, con toda su densidad, tiene mucha más presencia que en ninguna otra serie, aunque, desde sus primeros dibujos, Lara ha trabajado continuamente con rojo y negro sobre fondos blancos, donde la sangre y la boca son el tema y sugieren una fuerza sexual distinta: más vital.
El color, la línea y la palabra corresponden en la obra de Lara a un pensamiento semiótico, pues en el total de la obra existen muchos espacios para la interpretación personal. Los textos que acompañan los dibujos son destellos no de un pensamiento literal ni explicativo, sino productos de lógicas distintas, que obligan al espectador a interpretar e imaginar, pero que, sobre todo, lo conectan con su propia experiencia de vida desde un lugar que no fácilmente puede racionalizar. Lara obliga al espectador a dar su versión de los hechos, llegando incluso a colocar dentro de la exposición una sala vacía para que los visitantes escriban, dibujen o platiquen lo que le ha ocurrido frente a la obra.
Otro de los temas de Lara es la búsqueda de la vida oculta de los objetos domésticos. En esta exposición, la artista se atreve y traslada los dibujos de objetos a objetos mismos: planchas que iluminan, escusados-espejo, sillas de muchos tamaños, licuadoras musicales. Como si los objetos pudiesen ser vulnerables o frágiles y como si en ellos pudiese descifrarse una lectura del cuerpo.
A Lara le interesa también el territorio del libro. En el libro se dibuja, se mancha, se camina a tientas, desde una lógica que quizá sea la lógica del instinto, de lo íntimo. Pareciera que en el espacio del libro Lara ha podido conjuntar su doble vocación de poeta y pintora, encontrando y disfrutando la riqueza visual del texto y la capacidad narrativa de la imagen. El libro es un objeto portátil en el que se encierran un tiempo y un espacio, si bien no ilimitados, sí de proporciones que pueden asombrar a la imaginación y que recuerdan a Borges, cuando sugiere que el universo es una biblioteca.
La feminidad en la obra de Magali Lara no se trata de un discurso político, se trata de una búsqueda por entablar lenguajes y discursos desde otras lógicas, desde otras experiencias. En su escritura femenina elabora procesos inversos a lo que comúnmente se asocia al pensamiento: Lara no racionaliza sus emociones, más bien se trata de “emocionalizar” su pensamiento.
LARISA ESCOBEDO
