Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Carla Zaccagnini

Lygia Clark

DAN Galeria

Se trataba de algunos de los estudios y proyectos que de las manos de la artista han pasado a las de sus herederos, como de otras piezas de colecciones particulares.

Felipe Scovino, curador de la Associação Cultural o Mundo de Lygia Clark —organización fundada y dirigida por Álvaro Clark, hijo de la artista—, fue el responsable de la selección de obras y firmó el texto en el catálogo bilingüe de la muestra. El montaje de la exposición y el diseño de dicho catálogo fueron desarrollados por Alessandra Clark, hija de Álvaro y diseñador que se viene dedicando a la idealización y producción de objetos decorativos o utilitarios inspirados en las obras de su abuela.

Exposición Individual: Lygia Clark — imagen 1
Lygia Clark. Composición, 1953. Óleo sobre tela. 103 x 68 cm. (40 1/2 x 26 3/4 pulgadas).

Es innegable que el pensamiento de Lygia Clark y el carácter experimental de sus investigaciones se ven muchas veces traicionados por el valor histórico y mercantilista alcanzado por sus piezas y por los decurrentes cuidados de conservación. Su obra —basada en la búsqueda de nuevas relaciones entre el objeto propuesto por el artista y el sujeto que interactúa con ese objeto para sumarle sentido— difícilmente se adapta sin graves concesiones a los patrones de exhibición que aún se aplican en museos y galerías. En este caso, entretanto, esos desvíos iban aún más lejos. A partir del final de los años sesenta, Clark rechazó terminantemente la idea de hacer exposiciones.

La Associação Cultural o Mundo de Lygia Clark es una de esas organizaciones que nos hacen pensar que el derecho de autor no debería ser hereditario. Y esta muestra, una vez más, lo dejaba claro. Por un lado, por el hecho de aprovechar la visita de curadores de museos y coleccionistas extranjeros, en la época de la bienal, para poner a la venta, por ejemplo, proyectos en papel de los Bichos, en los cuales se veían anotaciones a lápiz que traducían el pensamiento de la artista, que estructuraba esas investigaciones.

Por otro lado, una pieza llamaba la atención de miradas más atentas y curiosas. Fuera del área principal de exhibición, una caja de madera lustrada contenía una bobina de papel como las usadas por cajas registradoras de supermercado, una tijerita y un tubo de pegamento. El kit traía todo lo necesario para reproducir, en el hogar del comprador fetichista, la experiencia Caminhando (1963), en que la artista hace una cinta de Moebius de papel y la va recortando, caminando con la tijera por dentro y por fuera de la superficie continua. El kit, desarrollado por la familia, constituye una manera de comercializar la obra, que no tiene en cuenta el hecho de que parte de la experiencia consiste en ver transformarse en algo revelador materiales que pueden ser encontrados en muchas casas y cualquier escuela, por medio de gestos que nada tienen de especializados.

A pesar de todo, los luminosos fragmentos de escritos de Lygia Clark reproducidos en el catálogo, algunas obras y aproximaciones presentes en la muestra y piezas que nunca habían sido vistas daban valor a la exposición. El óleo Composição no. 2 (1954), por ejemplo, podía verse al lado del estudio que le dio origen, un gouache de 1953. En el estudio se veía el cambio de color en una pequeña área, primero pintada de rojo y luego cubierta de verde, como en la obra final. El pasaje del tiempo se encargó de mezclar los colores y revelar la indecisión de la artista, parte del proceso de construcción de la obra.

Maquete para interior (1955), aquí mostrado en una vitrina, es un objeto capaz de transportar al observador para el interior de un cuadro. Representando un ambiente en que las paredes y puertas se recubren de formas y colores propios de la pintura concretista, el objeto constituye un espacio al cual logramos introducirnos imaginariamente, como acostumbramos hacerlo en maquetas arquitectónicas. Otra vitrina contenía una serie de Estruturas de caixas de fósforos (1964). Con un principio simple de agrupamiento y variaciones de apertura y color, la artista convierte un objeto de cocina en unidad de pensamiento y experimentación plástica. Una vez más, su gesto preciso revela la potencia de objetos que nos cercan.

Esas y otras piezas presentes en la muestra nos alimentan con la reconfortante sensación de que el arte, cuando es poderoso, supera siempre a los demás poderes que se piensan capaces de controlarlo.

CARLA ZACCAGNINI

Lygia Clark, por Carla Zaccagnini | artnexus