La diversidad lateral del arte brasileño contemporáneo

Artur Lescher. Sin título, 2004. Sal de cobre y hierro. 300 x 300 cm. (118 x 118 pulgadas). Cortesía: Galería Nara Roesler.

Colectivaabr 2005 - jun 2005· Por Claudia Laudanno

La diversidad lateral del arte brasileño contemporáneo

Simultáneamente con la 26.ª edición de la Bienal de São Paulo, las galerías de arte contemporáneo más prestigiosas de la segunda megalópolis latinoamericana desarrollaron una incesante y sistemática actividad para la difusión del arte y los artistas brasileños, en el mercado local e internacional. Entre tanta oferta expositiva de alto nivel, se destacaron la colectiva Paralela 2004 y la más reciente individual de Waltercio Caldas, en el Gabinete de Arte Raquel Arnaud.

Durante el 2004, con la conmemoración de su 450.º aniversario, São Paulo se transformó en un océano de cultura. Corazón financiero, industrial y empresarial del Brasil, es también el cerebro de la nación. Aquí, la cultura está al alcance de todos y desde hace décadas es una maquinaria poderosa que involucra a millones de personas que producen, comercializan y consumen conocimiento, arte entretenimiento e información. La ciudad, cariñosamente bautizada “Sampa” por sus habitantes —que llegan a la friolera de 10.679.760—, cuenta con 55 galerías de arte y 126 museos.

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Paulo Queiroz. Rápidos, 2004. Óleo sobre tela. 170 x 290 cm. (67 x 114 pulgadas). Cortesía: Galería Thomas Cohn.

Un fenómeno cultural característico del complejo y vertiginoso circuito del arte de São Paulo, que viene dando sus frutos desde los últimos dos decenios, ha sido, sin dudas, su lograda consolidación, trabajando desde y a partir del ambiente que le es propio, pero con un tipo de nacionalismo de vocación internacional. Ello implica haber hecho hincapié en el rico repertorio e imaginario visual que le es propio, profundizando tópicos y estrategias estéticas que ahondarán en sus raíces híbridas, sin llegar a la etiqueta de un folclorismo light, previsible y fácilmente digerible, si no, en todo caso, recuperando desde lo nacional el gran impulso humanista y universal del arte actual, todo ello avalado por una inteligente ley de mecenazgo, en pleno funcionamiento. En este sentido, las galerías más encumbradas de São Paulo —núcleo del arte contemporáneo brasileño— proporcionan esos espacios necesarios para las investigaciones de los creadores locales y extranjeros, por medio de un sostén y seguimiento de sus trayectorias en ferias internacionales, bienales y eventos, que se desenvuelven dentro y fuera del país.

Ejemplo significativo de esta proyección global de artistas brasileños en la arena del arte internacional, fue la muestra colectiva Paralela 2004, inaugurada el 26 de septiembre, que se pudo visitar hasta el 14 de noviembre, en un amplio local ubicado en el barrio Vila Olimpia, con curaduría general de Moacir dos Anjos, crítico de arte y director del MAM (Museu de Arte Moderna do Recife), quien seleccionó una obra inédita de cada uno de los 157 talentos creativos, que componían el elenco de expositores. Entre ellos, se destacaron figuras de la talla de Abraham Palatnik, Adriana Varejão, Ana Maria Tavares, Angela Detanico & Rafael Lain, Antonio Dias, Brigida Baltar, Cabelo, Caio Reisewitz —flamante representante brasileño en la 51ª edición de la Bienal de Venecia—, Cildo Meireles, Laura Vinci, José Damasceno, Ernesto Neto, Vik Muniz, Nelson Leirner, Valeska Soares, Artur Barrio, Artur Lescher, Beatriz Milhazes, Daniel Senise, Dudi Maia Rosa, Edgar de Souza, Leda Catunda, Oscar Oiwa, Paulo Queiroz, Paulo Climachauska, Regina Silveira, Rosangela Rennó, Tunga, Tomie Ohtake, Paulo Pasta, Efraim Almeida, Thales Pereira, Niura Bellavinha y Mariannita Luzzatti.

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Oscar Oiwa. El desplome de la ciudad, 2003. Óleo sobre tela. 227 x 444 cm. (89 x 174 3/4 pulgadas). Cortesía: Galería Thomas Cohn.

Cabe señalar que el repertorio de obras exhibidas —todas ellas de gran nivel—, se constituyeron en indicadores de las múltiples y variadas facetas que hoy en día asume el arte contemporáneo.

La exposición fue concebida con la intención de estimular la divulgación de una palpitante producción de creadores de diversas generaciones, en un momento en que la ciudad, con el festejo de sus 450 años, sumado al plus de la bienal, se transformó en un punto crucial de encuentro nacional y mundial de artistas, curadores, coleccionistas, galeristas, art dealers, historiadores, críticos de arte, periodistas, patrocinadores y público en general. Bajo la consigna de que “las galerías derrumban las paredes, para revelar el vigor del arte contemporáneo brasileño”, se reunieron nueve de ellas, todas con sede en São Paulo: Thomas Cohn, Luisa Strina, Nara Roesler, Brito Cimino, Fortes Vilaça, Casa Triángulo, Marilia Razuk, Vermelho y Millan Antonio.

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Leda Catunda. Derretido, 2002. Acrílico sobre terciopelo. 700 x 450 cm. (275 1/2 x 177 pulgadas). Cortesía: Galería Fortes Vilaça.

Los trabajos expuestos se relacionaban entre sí por afinidades poéticas, distribuidos de acuerdo con nueve ciclos temáticos, que incluían propuestas tan diversas como el paisaje cambiante y mudable, el lugar de sueños que el arte crea, la arquitectura que organiza la vida, la ambivalencia entre materia y forma, el espacio incierto que hoy ocupa el lenguaje del cuerpo, el campo de conocimientos que la pintura siempre reinventa, las apariencias que frustran la mirada, apresada en la superficie de las cosas, y la centralidad de flujos, presente en el mundo contemporáneo. Las piezas no estaban segmentadas por galerías, propiciando acercamientos inusuales entre proyectos artísticos nunca antes puestos en contacto. El curador tampoco quiso organizar la exposición siguiendo el obsoleto canon de dividir los cuerpos de obras en función de técnicas y lenguajes empleados (pintura, fotografía y postfotografía, escultura, objeto, dibujo, instalaciones topoespecíficas y videoarte), y al mismo tiempo, prescindió de conferirle una unidad temática a la exposición, en torno a un solo tópico aglutinante.

Haciendo eje, sólo en algunas de las obras exhibidas, se consigna la serie Re-Turner, de Niura Bellavinha, compuesta por fotografías de 127 x 140 cm, donde la artista manipuló “el medio del instante fugaz”, desde criterios claramente pictoricistas. Concebidas como expansiones o derrames pictóricos hacia el lenguaje fotográfico contemporáneo, las enormes obras detentaban una alta potencia de saturación cromática —la misma que utiliza en sus pinturas más recientes—, con una referencia puntual al formato “paisaje” y a la naturaleza, revisitados desde los medios y los recursos tecnológicos más actuales. Así, los paisajes marinos se transformaban en espacios de hipersimulación y mestizaje de géneros y lenguajes expresivos. Vale puntualizar que las variaciones de pregnancia del color se hallan en el origen de las obras de Bellavinha, sean pinturas, fotografías u obras interactivas. En este tipo de trabajos, la artista brasileña exploró la acción de la imagen-tiempo y la imagen-movimiento, de alto impacto visual, como condición de posibilidad para la contemplación y activación sensorial en el espectador.

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Waltercio Caldas. Rodtchenko, 2004. Óleo sobre acero inoxidable. 15 x 30 x 30 cm. (6 x 11 3/4 x 11 3/4 pulgadas). Cortesía: Gabinete de Arte Raquel Arnaud.

Por su parte, Oscar Oiwa expuso una pintura de grandes dimensiones, titulada City Fall (2003). La impresionante oleografía de 227 x 444 cm, escenificaba un colosal derrumbe acaecido en medio de gran ciudad —posiblemente San Pablo—, con una irónica vista panorámica, por demás privilegiada, desde una terraza, munida de telescopio y reconfortante reposera, para apreciar semejante acontecimiento de aristas apocalípticas. Este rango de estrategias de transversalidad y cruces de contenidos añade un talante sumamente paradojal a las obras de Oiwa, considerado junto a Paulo Queiroz y Thales Pereira, uno de los representantes de la nueva generación pictórica del Brasil. Justamente, de Queiroz, el curador de la colectiva, escogió la obra Rápidos (2004), pintura de generosas dimensiones, en la que el artista capturó instantáneas urbanas, con movimientos de grupos humanos que transitaban, dejando sus rastros móviles, borrosos y fantasmagóricos impresos, en tanto estelas de fugacidad en el lienzo. La pintura de Queiroz, simula, desde la retroalimentación de la pintura por otros lenguajes del arte, fotografías desenfocadas y fuera de cuadro, con alguna que otra citación culta, en clave lejana, de ciertas obras puntuales del alemán Gerhard Richter, sobre todo, sus célebres Cuadros grises.

Leda Catunda estuvo presente en Paralela 2004 con la pieza Derretido (2002), una escultura objetual gigantesca, blanda y mullida, de apariencia biomórfica, realizada con grandes lenguas de terciopelo, intervenidas con acrílico.

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Niura Machado Bellanvinha. ReTurner 1, 2004. Fotografía. 127 x 140 cm. (50 x 55 pulgadas). Cortesía: Galería Nara Roesler.

Artur Lescher dispuso sobre el piso del recinto expositivo una escultura-instalación de gran porte. En ella, se valió de la interacción de materiales como las sales de cobre que erosionaban una perfecta estructura metálica de simetría modular. Aquí Lescher trabajó desde una apuesta postminimalista, “extremada” o “contaminada” intencionalmente, a través de los efectos de oxidación, que las sales de cobre dejaban sobre la estructura de hierro.

De cierta manera, se puede considerar a Paralela 2004 como una brillante y eficaz antesala de la futura primera edición de la Feria Internacional de Arte Moderno y Contemporáneo de São Paulo, que se desarrollará del 28 de abril al 2 de mayo de este año, en el Pabellón de la Bienal, situado en el Parque de Ibirapuera.

En tanto, el Gabinete de Arte Raquel Arnaud, consagrado a la exhibición de trabajos y proyectos tridimensionales, teniendo en cuenta la incidencia de la luz, el espacio y la localización específica de las piezas, acogió una nueva y ajustada individual de Waltercio Caldas (Río de Janeiro, 1946), compuesta de esculturas y dibujos de reciente ejecución. La misma tuvo lugar desde el 20 de septiembre hasta el 30 de octubre del pasado año. Caldas es un artista proteiforme que indaga, simultáneamente, en los dominios de la neoescultura, el dibujo y la gráfica contemporánea, siendo considerado una de las figuras clave del actual panorama artístico brasileño. En esta ocasión, exhibió cinco esculturas y doce dibujos. En los últimos, incorporó materiales como el cristal y el metal, dotándolos de formas tridimensionales, con lo cual generó verdaderos dibujos-objeto. Por consiguiente, Caldas liberó al dibujo de la ortodoxia de la planitud y lo llevó a interactuar de lleno con el espacio. Así, las capas, las gamas de colores, las líneas y las sombras fueron deslimitadas por el artista, con la intención de que dicho rango de opus pudiera ser comprendido como si fuera un conjunto de esculturas exentas. Según palabras del propio Caldas: “El dibujo es un objeto de papel y acostumbro decir que una hoja está más vacía que una tela en blanco, con lo cual es como si fuera un pedazo de espacio que no termina en el borde”. Por otra parte, la serie de las cinco esculturas constituía un todo instalatorio integrado al espacio de la galería. Realizadas en acero, con colores pregnantes, sus contrapuntos de transparencias propiciaban relaciones lumínicas y movimientos lúdicos que dependían del ángulo desde el cual eran percibidas. Para Caldas, cada obra es una tabula rasa desde donde comienza de cero, y la diversidad de los trabajos es un rasgo esencial de su heterodoxa y aquilatada poética.

CLAUDIA LAUDANNO

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