Julio Larraz presentó en la Galería Marlborough de Nueva York una exposición que fue no sólo la más importante de las que ha tenido en esa ciudad, sino que también resultó ser un enorme éxito para el artista: al finalizar la exposición, todas las pinturas importantes se habían vendido.
Larraz tiene un conocido canon de obra figurativa que ha sido apreciado por años entre coleccionistas latinoamericanos y estadounidenses. De hecho, pude averiguar sobre el origen de la mayoría de los compradores y fue interesante observar que la mayoría de las obras vendidas en esta exposición en particular fueron a parar a colecciones estadounidenses, muchas de las cuales no poseen ninguna otra obra de artistas latinoamericanos.

El tema de Recent Paintings, como se denominó la exposición, fue una serie de pinturas de gran formato que son estudios sobre poder y estatus, como se ve en varias figuras fuertes, aisladas, colocadas en escenarios que son a la vez reflejo de su ambiente y extensiones del poder que emana de ellas. Ya sean abiertas declaraciones políticas como la de The Comedy of Power (La comedia del poder), que representa a una típica primera dama latinoamericana montada en un automóvil oficial, rodeada de generales, muy al estilo de Evita, o más sutiles como la de E Pluribus Unumun, en la que se ve una figura muy similar, también en un vehículo que parece oficial; la ventana negra del auto enmarca el rostro de la poderosa dama con el mismo efecto con que una corona dorada le otorga poderes a una imagen sagrada en un icono; su extravagante collar enjoyado es otro atributo obvio de la clase gobernante.
También había representaciones de hombres que parecían dictadores retirados, como el ominoso Omerta, que retrata a un caballero entrado en años, con señales de envejecimiento, que parece un tiburón, rodeado de un fresco barroco típico de los palacios venecianos y agarrando el brazo de la silla con un gesto similar al del famoso retrato de León X hecho por Velázquez, que cautivó las primeras obras de Francis Bacon. For you Anaxagoras también representa a un hombre maduro, con poder, esta vez acompañado por un halcón que está posado en su mano derecha y que quizás sea un comentario sobre la naturaleza rapaz de su dueño.
El catálogo, una obra muy bien ilustrada, con un excelente ensayo de Edward Sullivan, reconocida autoridad en arte latinoamericano, tenía en la portada quizás la imagen más efectiva de poder absoluto, The Casablanca Compat, que representa a una reina africana o una tirana caribeña rodeada de cortesanos, frente a la playa; en un interesante juego de revés de fortuna, un sirviente de guantes blancos que se ve absolutamente europeo sostiene una enorme sombrilla sobre la orgullosa mujer que lleva dos enormes leones a caminar en el agua y, como una antigua diosa, está envuelta en un voluminoso traje blanco y lleva puesta una excesiva cantidad de joyas de oro. El pintor agregó su propio retrato entre la multitud de buscadores de favores, como si hiciera un comentario irónico sobre el papel del artista en un mundo donde todavía existe una fuerte dependencia del patrocinio de los poderosos.
Otras pinturas de la exhibición mostraban las habilidades técnicas de Larraz en bodegones, paisajes y desnudos que son descendientes directos de la tradición clásica de Ingres, pero lo que hizo notable la exposición fue el análisis psicológico de las figuras de poder. La sutileza de los detalles ubicó a estas figuras en el terreno del tercer mundo, donde el totalitarismo es todavía el estándar más que la excepción. Larraz logró captar el entorno mediante su empleo de luz y sombra, los trajes y accesorios perfectos, los acompañantes y la grandeza arquitectónica; todos configuran una manifestación en la pintura de las mismas figuras de poder que son tan frecuentes en los escritos de García Márquez.
ALBERTO BARRAL
