Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Rodrigo Moura

José Damasceno

Fundación Eva Klabin

En vísperas de la apertura de la Bienal de São Paulo, y de los movimientos efímeros (más importantes) del circuito brasileño, se conmemora el surgimiento del proyecto Respiração, Respiración, del curador Marcio Doctors, inaugurado en septiembre con la exposición de José Damasceno. Él se realiza en la Fundación Eva Klabin, en la ciudad de Río de Janeiro, ciudad que es el hogar de los artistas más interesantes del país, pero que carece de proyectos institucionales sistemáticos de arte contemporáneo. El programa consiste en el desarrollo de obras site-specific para la Fundación, una casa-museo que reúne la Colección Eva Klabin (1903-1991), dispuesta por la coleccionista en su propia residencia. La colección está constituida por un impactante conjunto de muebles y arte, piezas que van desde la Antigüedad hasta el impresionismo, y se encuentran distribuidas por salas temáticas, en una especie de escenario creado por la coleccionista para su existencia.

El concepto de José Damasceno para las seis obras de su exposición se relaciona con la idea de estado latente imagético de los ambientes de la casa. Cinematograma (todas las obras del 2004), título de la exposición, es un mecanismo de descubrimiento de las posibilidades del espacio y de sus elementos preexistentes, activador de sus cargas estéticas, simbólicas e imagéticas. Damasceno concentra el interés de su obra en el pasaje entre lo mental y lo físico, creando sistemas de representación en los cuales opera con juegos de dimensión y de escala, unidad y conjunto, interior y exterior, organización y caos, idea y objeto. Sus dibujos, esculturas e instalaciones están esencialmente vueltos hacia la violencia que existe en el pasaje entre la imaginación del artista y la concreción de la obra, ampliando este mismo pasaje para la recepción del espectador, siempre invitado a recomponer y descifrar mentalmente la experiencia de la visión. La búsqueda de Damasceno, no tan cercana a la herencia neoconcreta, se vincula a los trabajos desarrollados por los artistas Cildo Meireles, Waltércio Caldas y Umberto Costa Barros durante la década de 1970.

Exposición Individual: José Damasceno — imagen 1
José Damasceno. Interface Quente, 2004. Acrílico. 230 x 170 cm. Foto: Vicente de Mello.

Al concebir el espacio de la Fundación como escenas de una película, Damasceno creó sutiles intervenciones que alternan la percepción del espacio y hacen que el espectador tenga que reorganizar sus referencias al moverse por la casa. La obra más emblemática en este sentido es Interface planar, una chapa de acrílico que cierra por completo la Sala Renacentista (dentro quedan sus Tintoretto y Mabuse), transformando el espacio en una vitrina. Sobre el acrílico, el artista dibujó la planta baja de la sala, realizada en una línea punteada como si fuera una costura, tensionada por dos piedras colocadas una en el exterior y otra en el interior de la sala. En el interior del espacio, el artista colocó pequeñas etiquetas, que al dividir el espacio con líneas punteadas sugieren diferentes découpages para el escenario. La extrañeza proviene de la contraposición entre la representación creada por la lente del artista y la fuerte imagen ya existente en el espacio. De la misma familia de trabajos, Interface quente bloquea uno de los accesos al Comedor, con otra hoja de acrílico, la cual fue atada con tornillos y tuercas, alternativamente en ambos lados de la lámina. Casi como un diseño puntillista sobre el vacío, la imagen se funde y superpone a los elementos de la casa, dividiendo el espacio y pudiendo ser vista por ambos lados.

En el primer piso, también, dos obras ocupan nichos de exposición, haciendo referencia al caos contenido en el pasaje entre la experiencia visual y la mental y aproximándose a los objetos de culto guardados y exhibidos en la casa. En la obra Condensador pictórico, dentro de la Sala Inglesa, el artista llena de estopa de colores una de estas vitrinas, creando una especie de materia pictórica en estadio larval, que sorpresivamente se fusiona bien con el contexto y remite a alguna vibrante pintura del expresionismo abstracto, contraponiéndose al Retrato de la señora Williams, de sir Thomas Lawrence, colocado a su lado. Con humor cada vez más cáustico, Psicoplasma es un extraño busto realizado en masa de modelado multicolor. Colocado sobre uno de los estantes, remite a un juego de niños, mientras reposa en la próxima vitrina una cabeza de Apolo, de mármol grecorromano de los siglos III-I a. C.

Organograma manuscrito pertenece a la serie de dibujos en que el artista crea, representa y organiza el espacio (papeles o paredes) con ramificaciones capilares, alveolares y diagramáticas, conducidas y/o compuestas de las palabras “ayer”, “hoy” y “mañana”. El organigrama nace como una enredadera, con tres gajos, a los pies de la escalera, realizada con pequeñas etiquetas autoadhesivas manuscritas que van subiendo en círculos al segundo piso, donde se subdivide en dos nuevas ramas, algunas de las cuales terminan detrás de un San Jerónimo penitente del barroco español. Sin duda, la pieza más arquitectónica de la exposición, Audição (Audición), situada en la pequeña sala de conciertos de la Fundación, tiene otro espíritu. Es una pieza realizada con objetos preexistentes, que posee un determinado acento dramático gracias a la utilización de éstos. Una cuerda amarrada al pie del piano de cola, en el palco, y luego agarrada de un gancho en el techo, sostiene tres sillas en la platea. Allí tenemos el poder de sugestión imagética de la materia. Si todo el arte es el poder de transformación del hombre sobre la materia, aquí es como si los objetos estuvieran animados, e ilustraran nuestra imaginación más ociosa. Como en la escena de una película.

RODRIGO MOURA

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