Con motivo del lanzamiento del libro Confidencias para los ojos. La escritura y la figura en la obra de José Antonio Suárez Londoño de Orlando Martínez1 se presentaron una exposición de grabados de José Antonio Suárez en la Sala Pizano del Museo de Arte de la Universidad Nacional, en la que se recogía casi la totalidad de la obra gráfica de este artista antioqueño que se ha caracterizado por trabajar dibujo o grabado con una técnica minuciosa, delicada y siempre en pequeño formato.
La muestra se iniciaba con los primeros grabados de Suárez (1979-1984), realizados durante su época de estudiante en Suiza, donde por única vez utiliza técnicas experimentales en las que interviene el azar. Posteriormente su trabajo dará cuenta de los medios más tradicionales de la gráfica: buril, agua tinta y agua fuerte, de los que Suárez se ha servido para crear una iconografía muy variada, en la que alude a hechos de la vida cotidiana; muchas veces, en sus imágenes se filtra la crónica de su ciudad nativa, Medellín. Suárez dibuja con minucia, con una viva pasión por el detalle, animales, plantas, rostros, estampillas, en fin, una variedad de objetos significativos para él que escapan a cualquier intento de clasificación. Otras veces hace homenajes explícitos o “camuflados” a los grandes artistas de la historia del arte, como Rembrandt, Goya y Degas, por mencionar algunos.

El título del libro es Confidencias para los ojos. La escritura y la figura en la obra de José Antonio Suárez Londoño destacan especialmente dos aspectos de esta obra: el carácter íntimo de estas pequeñas imágenes y la proximidad que se establece entre la escritura y la figura.
Con respecto a la escritura que tan a menudo incluye Suárez en sus imágenes, dice el autor: “Las palabras y las figuras llegan a un acuerdo en los grabados de José Antonio Suárez donde los textos se convierten en texturas y los dibujos se organizan ordenados como caracteres, es decir, donde las figuras toman prestadas las propiedades de las letras y los signos lingüísticos adoptan propiedades plásticas. Suárez invierte las convenciones de la escritura y altera los cuerpos o los objetos que dibuja. En muchas de sus planchas no se puede identificar la izquierda o la derecha, la parte superior o la parte inferior. Los textos muchas veces no son legibles, nos obligan a mirar las letras con cuidado para tratar de encontrar su sentido, y tras una pausa descubrimos que sus palabras no sólo se leen, sino que además se ven, son plásticas”.
Y acerca de ese carácter íntimo de estas pequeñas y seductoras imágenes que encierran algo obsesivo, dice Martínez: “Mirar los grabados de Suárez es fisgar en una memoria ajena que puede tener algunos rincones en los que podemos identificar fragmentos de nuestra propia memoria”. Uno quiere encerrarse solo con esas imágenes y tener el placer de fisgonear, de mirar, de leer, y el acto de verlas a escondidas aumenta la percepción frente a ellas..., la obra de José Antonio Suárez engendra un placer inquietante... es algo así como el miedo a ser descubierto leyendo una carta ajena o la sensación de husmear en la dedicatoria o las anotaciones de un libro que no es el de uno. La curiosidad obra en nosotros más que el temor”.
El montaje de esta muestra enfatizó las características señaladas al presentar algunos grabados en pequeñas cajas de cristal, que se dispusieron inclinados como las páginas de un libro sobre un atril, mientras que otros estaban discretamente montados sobre pequeños marcos de madera; unos y otros bordeaban la sala longitudinal.
El propósito de Orlando Martínez de no querer imponer una lectura, un discurso, sobre estas imágenes se cumplió plenamente. Al recorrer esta sucesión de grabados comprobamos efectivamente que Suárez sí mantiene esta proximidad entre escritura y figura, lo que nos lleva a mirar con atención esos escritos que habitan sus imágenes, pero éstas siempre escaparán a las interpretaciones y las clasificaciones. “Fisgonear” en las vitrinas o aproximarse a las imágenes enmarcadas sigue siendo una experiencia sorprendente que nos acerca a una obsesión fascinante de alguien que con insistencia y paciencia dibuja todos los días sobre pequeñas libretas, cuyas páginas semejan las de un diario íntimo en el que se recogen impresiones y hechos disímiles, altamente significativos para quien los vive.
Confidencias para los ojos, que se tejen con finas tramas de líneas, atrapan y fijan nuestra mirada sobre estas diminutas y minuciosas construcciones donde habitan seres tan diversos como los que habitan el universo.
NOTA
1. Confidencias para los ojos. La escritura y la figura en la obra de José Antonio Suárez Londoño de Orlando Martínez. Trabajo de tesis de la Maestría de Historia y Teoría del arte y la Arquitectura, Facultad de Artes, Universidad Nacional de Colombia.
MARTA RODRÍGUEZ
