Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Mónica Kupfer

Ignacio Esplá

Mateo Sariel Galería

La más reciente exposición individual de Ignacio Esplá, presentada en Mateo Sariel Galería, llevaba un título significativo: Pretextos. Se trataba de una muestra impactante de pinturas sobre lienzo en las que la naturaleza ofrecía el pretexto ideal para la exploración de formas y colores, sombras y volúmenes, así como de sensaciones tanto tropicales como espirituales. La amplitud de los lienzos con sus grandes áreas de pigmentos saturados, unida a la interpretación casi icónica de motivos florales en un estilo expresionista, produjo una muestra donde la primera impresión era la de encontrarse frente a un estallido de colores.

Las obras actuales de Esplá constituyen la culminación de una carrera de tres décadas que se inició con obras pictóricas completamente abstractas en tonos neutrales. Con el tiempo y la mudanza del artista de su España natal a América Latina, aquellas obras no figurativas dieron paso a interpretaciones del mundo exterior. Más que ningún otro artista contemporáneo en Panamá, Esplá ha pintado el panorama natural de su país adoptivo: visiones expresivas, imaginativas y coloridas de árboles, follaje, montañas, mares y horizontes profundos. Sobre la marcha, ha ido refinando sus composiciones, reduciendo el número de elementos en sus paisajes, aunque no por ello el tamaño de sus obras. A lo largo de este proceso de síntesis, ha depurado el carácter y la ejecución de sus pinturas, que cada vez requieren de menos pretextos, de tal manera que en esta última serie encontramos muchas composiciones que se basan en figuras únicas. El juego visual —y mental— surge del hecho de que son flores, tallos o capullos, fragmentos del mundo botánico que Esplá lleva a dramáticas proporciones.

Exposición Individual: Ignacio Esplá — imagen 1
Ignacio Esplá. Homenaje, 2004. Óleo sobre lienzo. 165 x 368 cm. (65 x 145 pulgadas).

No se trata de una simple descripción pictórica de motivos florales, sino de pinturas basadas en estructuras abstractas en las que la pintura ha sido aplicada con una libertad que no es gratuita, sino más bien el producto de años de oficio e investigación artística. Las plantas ofrecen lugares donde colocar luces y sombras dentro del esquema compositivo que el artista establece sobre el lienzo. Luego cubre la superficie con brochazos que le otorgan vida propia a estas obras en las que Esplá logra volúmenes por medio de la yuxtaposición de tonos contrastantes y colores complementarios. No hay negro en sus pinturas, donde en la mejor tradición postimpresionista incluso las sombras son productos del color. Son cuadros formidables, con primeros planos de elementos botánicos, formas sensuales e impresionantes saturaciones cromáticas.

Algunas obras, como Laguna, están constituidas por varias secciones a manera de polípticos, con los que el artista logra agigantar aún más el efecto radiante de sus naturalezas. Laguna mantiene una conexión con los paisajes que conocíamos de este artista, de diseños enérgicos en los que típicamente dominaban grandes troncos de árboles, en combinación con mucho follaje que dejaba entrever un horizonte. En el tríptico Homenaje nos encontramos dentro de una nueva etapa: sólo hay cuatro enormes lirios blancos con tallos verdes-azules sobre un fondo rojo. Como bien lo describió Ángela de Picardi en el ensayo del catálogo de exposición, Homenaje muestra cómo “la estilización del motivo floral se transforma en una perfecta unidad de curvas envolventes, en donde las flores coronan un conjunto de líneas cinéticas que hablan de este nuevo concepto estético en las obras de Esplá”. El artista logra un audaz balance entre los valores dinámicos del expresionismo abstracto y la descripción realista de un motivo botánico, que une estas obras a la tradición del naturalismo en la pintura. Podríamos describirlas con nombres casi contradictorios, como abstracciones naturalistas, o naturalezas abstracto-expresionistas, o como imágenes de pequeños detalles —que son a la vez interpretaciones macroscópicas— de motivos florales.

En tres lienzos titulados Arco 1, 2 y 3, tallos y flores proveen el camino para lograr esquemas geométricos basados en la interpretación de un arco dentro de un rectángulo. En uno de ellos, el fondo recuerda aguas turbulentas, sobre las cuales aparece una rama de flores rojas —manchas de color que recuerdan aves del paraíso— que flotan sobre un azul profundo como un arco sin fin. En otros trabajos, los títulos denotan la conexión que siente este artista con algunos de sus predecesores famosos como Matisse, en el caso del lienzo Henri, o el famoso abstraccionista Piet Mondrian, en Homenaje a P. Mondrian 1 y 2. En la primera, una obra horizontal de dos metros y medio de largo, Esplá crea una enorme superficie rica en modulaciones de rojo, en cuyos lados inserta algunas delicadas ramas en flor, unos contados trazos que dejan el centro de la composición abierta, habitada sólo por el color. Basta con recordar pinturas como El atelier rojo de Matisse para entender esa manera de otorgarle protagonismo al color puro. En las obras que Esplá dedica a Mondrian, lirios monolíticos definen el eje de las composiciones que recuerdan las múltiples pinturas de flores solitarias que ejecutó el famoso holandés, que han sido descritas como “flores que muestran cierta desesperación… que parecen personificar un deseo de negar el tiempo”.

Cuando el arte está cargado del dinamismo de la vida, también recuerda lo trágico: no hay flor viva que no vaya a morir. Si en los paisajes anteriores de Esplá percibíamos metáforas de estados de ánimo —por ejemplo, por la manera en que una planta enmarañada insinuaba un embrollo mental—, ahora sentimos una vitalidad y plenitud sin precedentes en su obra. En sus torceduras, así como en los tallos verticales, estas flores contienen una fuerza interna irresistible, el impulso natural del crecimiento, la corriente de la vida. Aunque lo que Esplá ha buscado siempre es pintar en su sentido esencial, y aunque a primera vista parezca que las flores podrían ser sólo un tema decorativo o un pretexto para el ejercicio del arte, estas obras recientes trascienden las apariencias naturales para ofrecernos una experiencia no sólo sensorial, sino también anímica.

MÓNICA E. KUPFER

Ignacio Esplá, por Mónica Kupfer | artnexus