Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Valeria Piccoli

Hércules Barsotti

Museo de Arte Moderno

El propio título de la exposición es tan conciso que se convierte en exacto, en un preciso indicador de lo que el visitante va a encontrar al recorrer la exposición que actualmente ocupa el Museo de Arte Moderno de São Paulo. Não-cor cor es la primera gran retrospectiva dedicada a la carrera de Hércules Barsotti, figura histórica en el proceso de incorporación de los lenguajes abstracto-geométricos en el arte brasileño.

Barsotti es un artista de trayectoria singular. Su producción artística se desarrolla en el ámbito de las formulaciones del concretismo en Brasil. A pesar de ser natural de São Paulo, supo cultivar su independencia con respecto al Grupo Ruptura, conjunto de artistas concretos paulistas articulados en torno a la figura catalizadora de Waldemar Cordeiro. A partir de 1954, sostuvo una intensa actividad como diseñador gráfico, cuando fundó el Estudio de Proyectos Gráficos con Willys de Castro, compañero e interlocutor constante del trabajo del artista. Ambos son reconocidos pioneros de la renovación del lenguaje gráfico de las revistas y las marcas institucionales, en especial durante los años cincuenta. En 1958, un viaje a Europa propiciaría el encuentro con Max Hill, hecho definitivo que influenciaría el rumbo que tomaría posteriormente la obra de Barsotti. De vuelta a Brasil en 1959, invitado por Ferreira Gullar, pasaría a ser parte del grupo Neoconcreto, integrando las dos exposiciones realizadas por esos artistas en Rio de Janeiro.

Exposición Individual: Hércules Barsotti — imagen 1
Hércules Barsotti. Impulsos circulantes I, 1973. Tinta acrílica y vinílica sobre tela. 113,1 x 113,6 cm. (44 1/2 x 44 3/4 pulgadas).

De hecho, aunque el preciso vocabulario, característico de la producción de Barsotti, fuese derivado del concretismo, la manera como su obra invocaba constantemente nociones espaciales, actuando sobre la sensibilidad del observador, aproximaba más su trabajo a la experiencia neoconcreta. Basándose en principios de la Gestalt, el artista realizaba discretas interferencias sobre áreas de fuerte contraste blanco y negro, induciendo al espectador a sensaciones de deslizamiento de planos o curvaturas en la superficie de la tela. Provocaba la desestabilización del formato regular, jugando con la indefinición entre el fondo y la figura. En un cierto momento, Barsotti comenzó a utilizar el soporte—siempre un cuadrado—sujetado de la pared por el vértice, y por lo tanto, transformándolo en un rombo para el observador. El raciocinio estructural que rige su trabajo se revelaba así en el énfasis conferido al equilibrio interno del cuadro. Las diagonales del cuadrado, ahora colocadas en sentido horizontal y vertical, no sólo recuperaban la referencia con el observador, sino también la ortogonalidad del espacio arquitectónico. En otras ocasiones, el artista también incorpora la pintura de los laterales del soporte, sugiriendo así la expansión de ésta, más allá del plano bidimensional de la tela. Propone—así como lo harían Willys, Oiticica y Clark en el mismo período—un debate entre la bidimensionalidad de la pintura y la tridimensionalidad del objeto-cuadro.

El período de proximidad entre Barsotti y el Neoconcretismo, es presentado en el primer segmento de la exposición, bajo el título de Não-cor (Sin color). Allí están reunidas exclusivamente las obras en blanco y negro, así hayan sido realizadas en gouache sobre papel, o en óleo sobre tela. La coincidencia entre las pinturas y las obras gráficas es, a veces, tan evidente en su trabajo que algunas telas al óleo son, llamadas por el artista mismo, “diseño”. En este sector se encuentran algunas vitrinas que contienen series de ejercicios y experimentos realizados a partir de recortes y dobleces, en concordancia con la pedagogía de la Bauhaus, muchos de los cuales se acercan a las experiencias desarrolladas simultáneamente (pero desde un punto de vista escultórico) por Lygia Clark y Amílcar de Castro. Dos “objetos activos” de Willys de Castro fueron sumados a la exposición, con el propósito de explicitar el intenso diálogo existente entre los dos artistas durante este período.

El color será incorporado en la obra de Barsotti a partir de 1963, cuando el artista toma contacto con la recién creada pintura acrílica, en aquella época todavía un material importado y difícil de obtener en Brasil. Las obras realizadas entre esa fecha y la actualidad son presentadas en el segundo sector de la exposición, bajo el título de Cor (Color). La posibilidad de crear superficies de color homogéneas, sin rastro alguno de la mano del artista, parece haber seducido de inmediato a Barsotti, induciéndolo a utilizar la pintura acrílica. La construcción de sus telas de color parte de la compresión física del efecto de un color sobre otro, así como de todos los colores sobre el ojo del observador. El artista nunca utiliza colores puros, ni busca combinar las tonalidades superponiendo capas de color en la tela. Todas las gamas de color son ensayadas y definidas a priori, es decir, obedecen a un proyecto. Es notable que la exposición presente también al espectador algunos de los proyectos del artista, ejecutados cuidadosamente sobre papel milimetrado. En ellos se percibe acabadamente cómo la decisión de utilizar determinados valores cromáticos es una decisión de la retina. La decisión utilizada—aunque Barsotti aproxime colores cuya convivencia parecería improbable—, al ser colocados uno junto al otro, logra que se activen mutuamente, haciendo vibrar la superficie del cuadro.

Con todo, Sin color, color no ha sido construida solamente por una juiciosa e inteligente selección y articulación de un conjunto de obras significativas de Barsotti. La instalación de la exposición merece también que se la destaque especialmente. Se trata de una exposición de pinturas (al menos la mayoría de los trabajos lo son) y, sin embargo, no existen grandes planos continuos de paneles, algo esperable en una exposición. Muy por el contrario, los paneles modulares fueron montados de manera que crearon pequeñas rendijas y separaciones entre sí, obligando al visitante a recorrer la muestra diagonalmente. Así mismo, dos de las vitrinas dentro de las cuales se colocaron vestidos confeccionados en los años sesenta con telas diseñadas por Barsotti fueron osadamente dispuestas inclinadas. De cierto modo, se puede decir que la exposición transpone al espacio real algunas de las propuestas que el visitante va a experimentar al recorrer la muestra. Lo que era raciocinio sobre las relaciones espaciales en el espacio bidimensional comienza a ser experimentado por el cuerpo como una propuesta espacial.

VALERIA PICCOLI

Hércules Barsotti, por Valeria Piccoli | artnexus