Exposición Individualabr 2005 - jun 2005· Por Claudia Calirman

Elba Damast

Lehman College Art Gallery

La forma en que nuestra niñez determina quiénes somos en el presente es la inquietud implícita en Memories of Things to Come, una instalación interactiva con base en video, de Elba Damast, presentada en Lehman College Art Gallery de la City University of New York, en el Bronx.

La pieza consistía en ocho antiguos pupitres de madera, provenientes del Bronx, cada uno con un corazón de bronce o de latón fijado en la tapa. Los corazones se basaban en la forma anatómica del corazón humano, y se invitaba al espectador a mirar dentro de las cámaras a través de las venas y arterias que salían de cada uno. Dentro de cada cámara había una videoproyección filmada en Venezuela, donde nació la artista, en la que se observaban niños durante la hora de almuerzo en el colegio, niños en el patio de recreo y sus salones vacíos. También había un video de una anciana sentada en su casa, rodeada de fotografías, en el que se escuchaba una voz en off hablando sobre el amor. En otro video se mostraba el campo venezolano, cimentado en la naturaleza, el pasado añorado.

Exposición Individual: Elba Damast — imagen 1
Elba Damast. De la serie: Los recuerdos de las cosas que vendrán. Detalle de la instalación, 2004. Escritorios de colegio, espejos, esculturas del corazón de latón y bronce.

La imagen más conmovedora de todas provenía de un video en vivo alimentado en la galería, que llevaba la imagen del visitante al interior de la cámara del corazón. Así era como la obra cobraba vida y uno se daba cuenta de que la experiencia no era sobre la niñez de la artista venezolana ni sobre los niños que estudiaron en esos pupitres, sino sobre el presente, en el que el espectador se convertía en parte de la instalación, tanto a través de la imagen de video dentro del corazón esculpido como por la imagen reflejada en el espejo dorado incrustado en la tapa de cada pupitre. El efecto era regresarnos a nuestra propia época de infancia, en el patio de recreo, a la hora del almuerzo y en las aulas.

Los viejos pupitres de la década de 1940 tenían abundantes huellas del paso del tiempo y de los muchos estudiantes que los usaron y dejaron sus nombres grabados en ellos. Sin embargo, era obvio que esos escritorios ya no serían utilizados por niños de colegio, debido a que las nuevas patas metálicas que se les pusieron eran suficientemente altas como para que un adulto se sentara cómodamente. Cuando el visitante se sentaba frente al pupitre, su imagen se veía reflejada en los espejos cuadrados de color dorado que estaban incrustados en la tapa. Era como si Damast lo invitara a escudriñar el pasado, a reflexionar sobre lo que ha sido de usted en el presente.

Damast, quien ha vivido en Nueva York durante los últimos 30 años, consiguió los pupitres en bodegas de colegios del Bronx. El anatómico corazón humano ha sido siempre una fuerte referencia en su obra; hay un candoroso sentimentalismo ligado a él, pues la artista sugiere que, independientemente de cuánto aprendamos intelectualmente en el colegio, es el corazón —y las lecciones aprendidas allí— el que determina quiénes somos a lo largo de nuestra vida. La imagen del corazón reaparece constantemente en la obra de la artista, en sus dibujos, pinturas y esculturas. En esta exposición también había cuadernos de bosquejos, dibujos y dos pequeñas esculturas que cabían en la palma de la mano.

CLAUDIA CALIRMAN

Elba Damast, por Claudia Calirman | artnexus