Existen diversas maneras de ver una muestra como Los usos de la imagen: fotografía, film y video en la Colección Jumex, exhibida en el Malba-Colección Costantini y en el espacio de arte de Fundación Telefónica, una coproducción Malba-Jumex en asociación con Fundación Telefónica1. Los curadores invitados, Carlos Basualdo y Patricia Martin, eligieron exhibir más de 200 obras realizadas por 40 artistas, la mayoría de ellos consagrados.
Vista desde Buenos Aires, una ciudad que está a más de 10 horas de avión de Nueva York o Madrid, la exposición es de indudable interés porque ofrece una oportunidad única para que el gran público -incluidos los artistas, galeristas y críticos- pueda apreciar un panorama de la producción artística internacional.
Pero si la selección de la Colección Jumex presentada aquí es considerada por sus propios méritos, es preciso señalar que, aun cuando hay muchas piezas provocadoras y valiosas e incluso algunas históricas, la muestra no tiene grandes sorpresas ni toma riesgos; la lista de artistas parece una especie de quién es quién del arte actual. La Colección proveniente de México se encuentra llena de “estrellas” y no se aparta casi nada de lo ya visto y bendecido por las bienales internacionales, las revistas especializadas, el mercado y los poderosos curadores que atienden en Estados Unidos y Europa, y que suelen no interesarse en ver o conocer obras y artistas que no están a su alcance geográfico.
A pesar de su pretendida globalidad, la Colección exhibe en esta ocasión casi todos los artistas europeos y estadounidenses bien conocidos en el circuito internacional. Sí, claro, entre los artistas de América Latina se hallan representados los mexicanos; igual y mayormente reconocidos por el establishment o, como les gusta decir a muchos, pertenecientes al mainstream. Ni de casualidad hay algún artista uruguayo, brasileño o argentino para desentonar. ¿Qué tal Martín Sastre, Rochelle Costi, Jorge Macchi, para variar?

¿Qué es la Colección Jumex? La Colección Jumex es un millonario proyecto privado del igualmente millonario empresario Eugenio López, director del Grupo Jumex (Jugos Mexicanos), empresa creada por su padre, que lidera el mercado en esa franja de productos. La Colección se encuentra alojada en un espacio de 1.400 metros de salas fuertemente custodiadas. inaugurado en marzo de 2001, especialmente construido en el complejo industrial de Jumex en Ecatepec, una de las zonas más pobladas y populares de México D.F. En su conjunto, la Colección Jumex cuenta con más de 1.200 piezas de arte contemporáneo.
Videoinstalaciones, objetos, fotografías, films y videos de Doug Aitken, Francis Alÿs, Maurizio Cattelan, Minerva Cuevas, Tacita Dean, Thomas Demand, Rineke Dijkstra, Philip Lorca Di Corcia, Olafur Eliasson, Fischli and Weiss, Tom Friedman, Douglas Gordon, Dan Graham, Rodney Graham, Andreas Gursky, Daniel Guzmán, Thomas Hirschhorn, Mike Kelley, Gabriel Kuri, Louise Lawler, Paul McCarthy, Gabriel Orozco, Daniela Rossell, Thomas Ruff, Andrés Serrano, Santiago Sierra, Robert Smithson, Pablo Vargas Lugo, Jeff Wall, entre otros artistas, básicamente con producción de los años noventa, aun cuando se presentan alguna obras conceptuales de los sesenta.
Antes que cronológicamente, los curadores dispusieron las obras a lo largo de varias secciones: “Los usos de la imagen”, “Imagen/registro/performance”, “Imagen/rostro/archivo”, “Imagen/paisaje/performance”, “Imagen como dispositivo crítico”, “Imagen/realidad/ficción”, “Reverso de la imagen”. El recorrido propuesto da cuenta de las condiciones de producción y de las obras que desafían toda suposición acerca de los medios con los que están realizadas.
Los artistas de esta exposición acuden a imágenes preexistentes provenientes de la moda, la TV, la gráfica, el cine, los videoclips o la publicidad; subrayan el énfasis en hacer la fotografía, antes que en tomarla. Utilizan la noción de apropiación, que cuestiona las presunciones convencionales acerca de la originalidad en el arte. En su mayoría, no parecen estar interesados en el proceso de la fotografía, aun cuando utilicen su propio material. Profundizan la idea de simulacro para representar como real algo que no existe, borrando la distinción entre la realidad y su imagen. El concepto detrás de estas formas de trabajo libera a los artistas de cualquier restricción.

Dos de las obras presentadas, Cuando la fe mueve montañas (When faith moves mountains) de Francis Alÿs, un belga nacido en 1959 y residente en México, e Island within an Island (Isla dentro de una isla) de Gabriel Orozco (México, 1962), están realizadas con base en una intervención a paisajes existentes, antes que en la producción de nuevos objetos. Alÿs documenta una acción (la de mover la montaña por medio del trabajo de decenas de voluntarios que, pala en mano, trasladaban el suelo arenoso de una loma de un lado al otro) realizada en 2002 en Ventanilla, Lima, en colaboración con Rafael Ortega y Cuauhtémoc Medina. Por su parte, Orozco muestra las desaparecidas y trágicas torres del World Trade Center de Nueva York junto a una réplica (hecha con desechos) pequeña y paradójica de éstas.
En cuanto a los retratos, es posible verificar que a pesar de la diversidad de autores y de la “ferretería tecnológica”, muchas de las perspectivas de las fotos son similares. Los retratos de gran tamaño de Daniela Rossell (México, 1973), Rineke Dijkstra (Holanda, 1959) y Andrés Serrano (Estados Unidos, 1950) sobresalen por las cualidades que saben extraer a sus protagonistas.
Ironía y crítica social en la barroca serie “Rubias del Tercer Mundo” de Rossell, que abre la puerta a un mundo de pretensiones donde las cosas no son como parecen; las rubias no son rubias y sus mundos están lejos de ser paradisíacos y luminosos.
Dijkstra, por su parte, se ha hecho famosa por los claros primeros planos de rostros y figuras de adolescentes, en donde es capaz de comunicar las emociones de sus personajes. La serie de fotos de “Olivier Silva” incluso captan de manera estremecedora los cambios operados en el rostro de un soldado recluta a lo largo de dos años; de aniñado muchacho a recio caballero armado.

La elegante factura de los retratos de Serrano está destinada a capturar la emoción antes que el intelecto del espectador. Perturbadoras o inocentes, las fotos buscan la humanidad de los protagonistas y tienen a la libertad como posibilidad.
Irreverentes y filosas, implacablemente críticas, las obras de Paul McCarthy, Mike Kelley y Thomas Hirschhorn sostienen la fama que los precede, mientras que las puestas en escena de las imágenes de Jeff Wall ofrecen una realidad tan aparentemente exacta como falsa.
Imposible absorber todo el material de películas y videos que discurre entre la poesía y la política, el presunto documental y la ilusión de que todo puede ser fotografiado, filmado. Pero sí es posible establecer una posición sobre la dispareja obra del español afincado en México, Santiago Sierra, quien realiza una obra a veces tan perversa como exasperante. Para criticar la explotación de los inmigrantes o de los obreros, por ejemplo, los explota primero él haciéndoles realizar tareas imposibles como sostener una pared durante horas o dejarse tatuar.
Junto a la documentación de estas acciones, aquí presenta una pieza realizada específicamente para la Colección, para lo cual hizo atravesar grandes camiones de reparto de la empresa Jumex e interrumpió el tráfico en una de las mayores metrópolis del mundo. La Ciudad de México padece el castigo de la superpoblación, la contaminación y se encuentra enloquecida y semiparalizada por un tránsito que por las mañanas y las tardes impone el paso de hormiga a sus ciudadanos para ir y venir de sus ocupaciones. ¿Se necesita a un artista para que demuestre lo obvio con el respaldo de una potente empresa?

La muestra se completó con la publicación de un importante catálogo bilingüe en español e inglés, con reproducciones a color, que funciona como un complemento ineludible a la hora de analizar el material exhibido. El diseño del catálogo dictamina que la mayoría de las páginas de texto parezcan fotocopias de algún otro catálogo. La gracia del diseño se diluye cuando se piensa que en Latinoamérica es grandísimo el porcentaje de jóvenes que estudian con textos fotocopiados porque no tienen medios para adquirir los originales.
Además de mostrar “los usos de la imagen” y los usos de las nuevas tecnologías, gracias a las políticas de adquisición y promoción de los coleccionistas privados, esta muestra pone en el tapete las responsabilidades, ambiciones y posibilidades de intervención de, en este caso, Eugenio López y Eduardo Costantini en la construcción del canon, producción y difusión del arte actual. ¿Los coleccionistas son los dueños de la pelota?
NOTA
1. Tras la polémica por la necesaria e impecable retrospectiva de León Ferrari en Buenos Aires, a partir de marzo 2005 la Fundación Telefónica decidió no realizar más exposiciones; se presume que el arte contemporáneo es demasiado conflictivo para el paladar de los responsables del espacio.
VICTORIA VERLICHAK

