Una muestra antológica que abarcó cincuenta años de trabajo creativo del artista costarricense-venezolano Carlos Poveda (Costa Rica, 1940), y sesenta obras, fue instalada en el Museo de Arte Costarricense desde el mes de agosto hasta finales de noviembre de 2004. Este acontecimiento constituyó un merecido homenaje a un artista que ha desarrollado una obra con perseverancia, sensibilidad y talento. Imaginario irreverente fue el título que sirvió de guía a la exposición que bajo la curaduría de María Enriqueta Guardia, historiadora e investigadora de arte de ese país centroamericano, se constituyó en el inicio de la gestión de Elizabeth Barquero como nueva directora de la institución museística, y para quien “esta exposición retrata a un artista auténtico, riguroso y cosmopolita que inyecta en toda su producción una emotiva carga existencial y creativa, patente en la solidez de sus propuestas”, definiendo inmediatamente que en el recorrido de la muestra, el espectador “puede admirar la fuerza y el trazo seguro de sus dibujos, al síntesis del paisaje, la etapa del blanco sobre el blanco, la investigación matérica y la inclinación hacia el volumen y el tratamiento de sus más reciente propuesta, los bodegones o paisajes domésticos”. En su disposición museográfica y siguiendo un orden cronológico, el conjunto de obras fue dividido en seis grupos: "Figura humana", "Aves", "Paisajes", "Nubes", "Zacatales y germinales", "Árboles y relativos al huerto" y "Paisajes domésticos".

Carlos Poveda residió en Venezuela desde mediados de los años sesenta, y aquí ha realizado su obra más madura y profunda, después de darse a conocer en el medio artístico latinoamericano como uno de los dibujantes más talentosos a partir de sus exposiciones en el Museo de Arte Latinoamericano de la OEA, Washington, D.C., 1965, para entonces la Unión Panamericana, y actualmente vive en París. Desde 1981 no exponía su obra en su país natal, cuando mostró en el mismo Museo de Arte Costarricense una importante serie titulada Nubes, propuesta relativa a una nueva concepción del paisaje, prácticamente monocromática. Un consistente catálogo acompañó la muestra, en él, la curadora hace un análisis de las diferentes etapas por las que ha transcurrido la obra de Poveda, además de insertarla en el contexto del arte de Costa Rica, como su participación en algunas de las exposiciones del ya emblemático Grupo Ocho. Un asunto importante en el desarrollo de la obra de este artista ha sido su investigación con los materiales, y así lo considera la curadora cuando escribe que “desde que se inicia en la aventura plástica, Poveda hace una búsqueda muy propia de los materiales y reconoce que, por carecer de una enseñanza formal artística, su técnica fue producto de su iniciativa y, si se quiere, hasta de su desconocimiento de las técnicas de las artes plásticas. Lo cierto es que esta circunstancia lo convierte en un creador que constantemente va tras la búsqueda de nuevas materias primas y las posibilidades intrínsecas en ellas, considerándose a sí mismo como un investigador de las artes visuales”. Poveda—en su permanente curiosidad por el comportamiento expresivo de los materiales como elementos sensibles, sea tinta y papel en sus dibujos, alambre y madera en sus paisajes, plástico, acrílico y arena en sus nubes y materiales “encontrados” en sus paisajes domésticos o bodegones, a los que calificaríamos como naturalezas muertas tridimensionales (platos, platones o bandejas industriales colmadas de elementos comestibles como pastas, chorizos, granos)—ha logrado conformar una obra densa y sostenible en el arte latinoamericano. Estando “Imaginario irreverente” afincada fundamentalmente en este último trabajo, la periodista Marjorie Ross, especialista en cultura gastronómica, apunta en el catálogo que “estos subversivos objetos tridimensionales aluden a la vergonzosa realidad depredadora del ser humano”, mientras que Bélgica Rodríguez, también con texto de su autoría en el catálogo, resume que “el dibujo figurativo lo acercó a la naturaleza humana, el paisaje a la naturaleza misma y los bodegones a la naturaleza más íntima del hombre”.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
