Toralab

Fondo de izquierda a derecha: Colección de toro vestimentas. Camisetas: Habitación amarilla; Sotas en hexágono; Afiche de la Casa Roja; Impresión arquitectónica deLa casa de la familia Vélez, impresión digital de La casa de Víctor.

Colectivaene 2002 - mar 2002· Por Collette Chattopadhyay

Toralab

Museum of Contemporary Art

Torolab, la comunidad de artistas con base en Tijuana, presenta un arte que propone soluciones al impacto visual de la vida industrial. En una mezcla de Bellas Artes, arquitectura, diseño de mobiliario, vestimenta, música y cine, sus trabajos proponen soluciones estéticas a los fenómenos de caos visual de los paisajes urbanos. Utópica en sus aspiraciones, parte de premisas que remiten a los constructivistas rusos de principios del siglo XX como también a los artistas de origen germano de la Bauhaus. A pesar de que ha pasado un lapso de más de 60 años desde entonces, y no obstante que en Norteamérica estas preocupaciones hayan rondado entre la enajenante realidad de la creciente deuda de los consumidores, para la comunidad Torolab, es un sueño al que el tiempo le ha dado una nueva oportunidad. 

La referencia a la disparidad socioeconómica de Tijuana es interesante; la comunidad Torolab fue fundada por Raúl Cárdenas Osuna y Marcela Guadiana Cárdenas, un matrimonio que conforma un equipo. Con la aspiración de mejorar y modernizar el nivel de vida de una ciudad de 1,2 millones de habitantes, el equipo diseña arquitectura, mobiliario, ropa, música y videos de gran calidad estática. Irónicamente, estos trabajos han comenzado a ocupar un lugar de exclusividad cuyo valor de mercado rivaliza hoy con el origen democrático de los objetivos de la comunidad. 

Colectiva: Toralab — imagen 1
Fondo: Ruido blanco, 2001. Frente: Vértice 0,2: el puente. Modelo en 3D. Dimensiones variables.

El dilema se plantea en la primera sala de la exposición. Esta sala presenta una serie de dibujos arquitectónicos para la exclusiva residencia personal de José Rangel, integrante de la banda mexicana Café Tacuba. Los planos para este edificio están acompañados de mobiliario modular diseñado para ser utilizado como armarios, asientos individuales, o cuando son apilados, pueden hacer las veces de sofá, cama o pared. En las cercanías, un equipo de sonido de última generación incorpora la música de acuerdo con la demanda, transformando el silencio imperante del museo en un entorno vital de sonido Nortec. 

La exposición incluye además la presentación de vestimenta. De carácter funcional, la vestimenta es comercializada bajo el nombre de Torovestimenta, donde se distinguen las camisetas y los jeans que son vendidos en Boutiques desde Tijuana hasta Tokio. Como el mobiliario, la vestimenta propone un irónico doble sentido. Por ejemplo, una de las camisetas se apropia del signo norteamericano de las autopistas (freeway) que aparece en las superautopistas cuando uno se va aproximando a la frontera mexicano-norteamericana. Muestra una familia de tres integrantes que huyen por el espacio, acompañados de la palabra caution (precaución) en inglés y la palabra "prohibido" en español. La estratificación en diversos niveles de significación e interpretación acompaña a la función, y se ha convertido en la característica principal de la marca Torolab. Esta característica vuelve a presentarse en la última sala, donde un panel compuesto de cuatro videos con el título de White noise (ruido blanco) identifica metafóricamente cuatro formas actuales del uso de la tierra. 

En contraste con el diseño para la residencia privada de la sala inicial, el video centra su atención sobre el concepto que la comunidad sostiene de la ciudad. La primera parte, al mostrar los astilleros de Tijuana, hace una franca alusión al deterioro estético de las costas, que ocasiona la perpetua imposibilidad del uso de estas tierras. El segundo video parodia las "malas copias" que se han realizado de las insípidas estructuras norteamericanas, evidenciando el despilfarro de las riquezas. A continuación, el foco posa su mirada sobre las viviendas improvisadas que pueden ser halladas por doquier en la ciudad, acentuando la fragilidad de las soluciones nacidas de la necesidad. Las escenas finales se desbordan en insinuaciones democráticas y sociales, claves para un uso equitativo de la tierra y los recursos materiales. 

Infundida de sueños ideológicos de cambio social, la exposición Torolab, concluye así su noble aspiración al arte. Lamentablemente, el éxito que merece esta creciente comunidad, tal cual presentado en esta muestra, sugiere cómo la sociedad de consumo violenta las aspiraciones artísticas, abandonando la teoría utópica en su impotencia, en el momento que le hace frente a la realidad. 

COLLETTE CHATTOPADHYAY

Toralab, por Collette Chattopadhyay | artnexus