Exposición Individualene 2002 - mar 2002· Por Marta Rodríguez

Rodrigo Facundo y Catalina Mejía

Galería El Museo

Durante el mes de julio, en la Galería El Museo se exhibieron las exposiciones individuales de dos artistas colombianos, Rodrigo Facundo y Catalina Mejía, quienes hacen parte de una generación de artistas que han surgido en la década de 1980; el primero ha recurrido a diversos medios, privilegiando la fotografía; mientras que Catalina Mejía, desde distintos planteamientos, a veces cercanos a la fotografía, ha trabajado siempre la pintura.

Rodrigo Facundo 

Detener, capturar y preservar parece ser una constante en la obra de Rodrigo Facundo; sus primeras fotografías sobre barro, luego cubiertas con cera, y ahora impresas sobre metal y madera, nos llevan a pensar en esa virtud que tiene el arte de condensar en una imagen hechos muy complejos que se dan en el tiempo, hechos que se relacionan con el flujo de la conciencia, la acción de la memoria, el acontecer de la historia, o el sentido de los sueños1. En 1991, a propósito de su muestra Instante y huella, Facundo citó una frase de Edward Hopper: "Ya es algo si podemos salvar un pedazo de nuestra brutal realidad de la erosión del tiempo". De esta manera la elección de la fotografía, una imagen que, como lo anota Barthes en la Cámara lúcida, tiene el poder de decirnos: "Esto ha sido una cosa real se encontró ante el ojo", se ajusta a sus intenciones de rescatar hechos diversos del inexorable flujo del tiempo, como en ocasiones lo hace la memoria a través del recuerdo. 

Exposición Individual: Rodrigo Facundo y Catalina Mejía — imagen 1
Rodrigo Facundo. Sin título, 2001. Impresión digital sobre metal. 196 x 80 cm./ 77 ⅕ x 31 ¼ in.

Como lo anota Ivonne Pini, "Investigar sobre la memoria es para Facundo el camino para acercarse a su país, a su ciudad, a su entorno, reconstruyendo la realidad, no para generar visiones miméticas, sino para seguir buscando respuestas a sus preguntas esenciales"2. La última exposición de Rodrigo Facundo, titulada Intermitencia, muestra una nueva faceta de su indagación en la memoria colectiva. Esta muestra estaba conformada por una serie de fragmentos fotográficos, detalles extractados de libros de historia, con los que se da cuenta de algunos acontecimientos que han caracterizado el siglo XX. Estos detalles fotográficos de pequeño formato, se imprimen digitalmente sobre metal o madera, configurando distintas series. En una de ellas, se muestran detalles donde sólo se ven distintos pisos y los pies de unas personas que han sido testigos presenciales de algún acontecimiento en un gueto de Varsovia, o los pies de alguien que estuvo en las calles de París en mayo de 1968, en Bosnia o en la ciudad de Medellín. Estas imágenes de formato cuadrado, de tonalidad y tamaño diversos, se disponen sobre la pared, de manera que recuerdan una especie de "rompecabezas" incompleto, aparecen como las piezas de una historia violenta que permanece oculta, pues estos pisos, de arena o de pavimento, y estos pies descalzos o calzados, no revelan nada de ella, sólo dejan ver que ellos también "estuvieron ahí". 

Otra serie está conformada por imágenes, casi todas en blanco y negro, de formato redondo, que se disponen como una constelación sobre la pared, en ellas se observan unas manos que se agitan sobre un fondo de nubes, unas manos que con júbilo nos saludan, o tal vez nos hacen señas desde un tiempo pasado y desde un lugar desconocido. En otra obra, sobre una lámina de metal de color rojizo, se imprimen unas imágenes, de color azul, muy frío, en las que es posible ver a unos hombres tirando piedra, las tomas muestran ángulos distintos de un gesto que hemos visto día a día, en diversos noticieros y periódicos, una acción que puede ocurrir en cualquier momento o en cualquier lugar del mundo. Uno de los trabajos de mayor impacto es una serie de 14 fotografías impresas sobre una superficie de metal plateado y perfectamente pulido, en las que se ven cabezas de hombres y mujeres que lanzan un grito, seguramente de dolor; la acción es intensificada por el barrido de la imagen que captura, congela y preserva el movimiento de la acción, la agitación de los rostros, acentuando así su dramatismo. Los detalles fotográficos que conforman las distintas series permiten condensar algo esencial que captura nuestra mirada, se convierten en una imagen incompleta que actúa como un foco de atención que nos obliga a detener nuestro ojos, a la vez que se expande nuestra memoria. Estos detalles nos recuerdan algo que alguna vez hemos visto, algo sobre lo que nuestros ojos han pasado sin poner mucha atención, gestos y acciones que hacen parte de nuestra memoria tan propensa al olvido. 

En Intermitencia, con pequeñas imágenes fotográficas se "salva un pedazo de nuestra brutal realidad", se preservan instantes de la historia trágica del mundo; como lo dice Rodrigo Facundo: Esta muestra "...trata de acontecimientos registrados en diversos momentos y diferentes lugares, que tienen en común una acción, un suceso, un elemento, un gesto, y que han sido captados como imágenes, que son agrupadas en un mismo contexto (...)". Su investigación con la imagen es "...una búsqueda en el tiempo de sucesos que de alguna forma hacen parte de los sucesos que componen la historia, los seres que corren, los rostros que hacen gestos de dolor, los elementos que mutan la materia a través del tiempo. Una semiología del reportaje gráfico, de los detalles que en algunos casos pasan desapercibidos, buscando un paradigma, un modelo, una matriz de la representación del mundo".

Catalina Mejía 

La muestra de Catalina Mejía estaba conformada por un conjunto de 15 pinturas en las que prevalece un trabajo eminentemente abstracto que ha estado presente como telón de fondo de sus distintas series. En sus trabajos anteriores sobre una superficie eminentemente pictórica, abstracta, se habían incluido elementos figurativos, objetos de diversa índole, ganchos, martillos, trompos, sombreros, entre muchas otras cosas que hacen parte del mundo cotidiano; además, frecuentemente trabajaba con figuras de animales: conejos y camellos recorrían la superficie pictórica o, repentinamente, en medio de la tela, irrumpía la cabeza de una avestruz; objetos y animales eran presentados sobre el lienzo, a través de gamas grises y con un tratamiento realista, muy cercano a lo fotográfico. A lo largo de su proceso también ha jugado con formatos irregulares, ha recurrido a un ensamblaje de lienzos ortogonales que, montados unos sobre otros, crean una estructura compleja, de manera que se pierde el borde regular de la pintura y la superficie eminentemente plana. Su intención era crear una superposición de imágenes que se unificaban con el uso de las manchas que actuaban como una atmósfera única. 

Exposición Individual: Rodrigo Facundo y Catalina Mejía — imagen 2
Catalina Mejía. Niño malo, 2001. Técnica mixta. 130 x 162 cm. / 51 ⅕ x 63 ¾ in.

La presencia de lo fotográfico ha sido definitiva en su trabajo, su padre y su madre eran fotógrafos, así que, desde muy niña, su mirada se acostumbró a ver un mundo que se presenta a través de zonas de luz y sombra entre las que existen las más diversas tonalidades de grises, un mundo en blanco y negro, en el que las superficies tienen una textura particular, donde los detalles se definen más allá de la precisión que puede tener el ojo humano; esa mirada captada a través de un proceso mecánico, le ha dado a su pintura un carácter peculiar que se define a través del manejo de los grises que a veces tienden hacia una tonalidad fría y en otras ocasiones a una ligeramente más cálida. 

En esta última serie se ha eliminado cualquier referencia al mundo objetual, y la pintura recobra su formato rectangular; sobre su telas sólo persisten manchas, trazos y grafismos que dan cuenta de la identidad de la pintura, de una superficie plana sobre la que sólo acontecen hechos eminentemente pictóricos, transparencias, zonas más densas, más empastadas, pero siempre conservando esa textura difuminada, "cremosa", rica en matices que logra Catalina Mejía con el uso del pigmento. Es una pintura que revela una mirada entrenada en la captación de una luz que oscila entre el blanco luminoso y el gris profundo hasta llegar al negro absoluto. Pero en esta ocasión sus trazos y grafismos también evocan la historia de la pintura; al ver sus telas es inevitable pensar en las superficies blancas y densas de Motherwell, en el grafismo espontáneo de la abstracción de la postguerra que está en deuda con el surrealismo, al que Catalina Mejía llega por la observación de las pinturas infantiles. 

Pero por ningún motivo se tiene la impresión de estar ante algo repetido, ante algo ya dicho; por el contrario, sus superficies implican reflexión, revelan que muchas cosas se han decantado sobre ellas. Al recorrer la muestra, el espectador tiene la certeza de estar viendo una superficie en la que se han ido superponiendo distintos procesos, y si se conoce la trayectoria de Catalina Mejía, se hace evidente que todas sus experiencias anteriores confluyen en estos lienzos, a veces casi monocromáticos, otras veces atravesados por el uso de un color como el rojo, pero siempre ricos en matices que oscilan entre el blanco y el negro. De esta manera, Catalina Mejía logra que en una muestra de pintura abstracta, a través de su proceso, se concilien la pintura y la fotografía, los gestos pictóricos con los tonos de la luz que captura la máquina fotográfica, que en ausencia del objeto sólo revelan la presencia de una mirada entrenada, de una experiencia, de una prolongada y persistente reflexión. 

NOTAS 

1. El tema de los sueños lo trató en la muestra titulada Patafísica, en la que a través de unos objetos limpios y misteriosos, condensa la magia de un sueño; por ejemplo, un palomar delicadamente cubierto de plumas blancas logra una particular síntesis a través de un acto poético que hace recordar los 80 sueños de Juan Eduardo Cirlot; uno de ellos es descrito así: "Unas manos llegaban a mi corazón, pero otra mirada permanecía en el horizonte". 

2. Ivonne Pini, "Rodrigo Facundo", revista ArtNexus, No. 29, Bogotá, 1998.

MARTA RODRÍGUEZ

Rodrigo Facundo y Catalina Mejía, por Marta Rodríguez | artnexus