La mirada de Óscar Machado ha enfocado la corta distancia del entorno modificado por el hombre (Jardín interior, Sala Mendoza, 1995) para luego dirigirse hacia los fenómenos distantes, sobre los que el ser humano aún no tiene incidencia y apenas puede reconocer las formas y cartografiar sus posiciones. Esta mirada hacia lo lejano es la que predomina en sus últimas exposiciones individuales, Objetos para entender el Universo (Sala Mendoza, 2000) y la presente, Años Luz. Paralelamente con los cambios de enfoque, la obra ha variado y los volúmenes se han ido despojando progresivamente de superficies, haciendo de las estructuras las protagonistas, hasta llegar a los ligeros y luminosos relieves y ensamblajes que presenta en esta ocasión.
El artista ha dado el nombre de Amarres a su nueva serie de obras tridimensionales, realizadas a partir de un elemento de dos alambres y una unión, utilizado para la construcción de viviendas que llevan ese nombre. La laboriosa malla de amarres entrelazados sirve de soporte y coordenadas para la ubicación de lentejuelas tornasoladas, representando cuerpos celestes en futuristas maquetas y mapas tridimensionales. En este universo postapocalíptico que presagia Machado, la tecnología está en ruinas y los instrumentos científicos han retomado el carácter artesanal.

Óscar Machado reinterpreta de manera sensible las elaboraciones científicas y reflexiona sobre la información como instrumento de poder y sobre las fuerzas que pueden desatar los avances tecnológicos, como en las cabezas nucleares que realizará en cemento a comienzos de la década de 1990. En este nuevo acercamiento del artista al universo y a los fenómenos cósmicos en constante proceso de creación y destrucción, los grandes volúmenes de la década de 1990 han dado paso a obras que incorporan el espacio y la luz circundante, y que tienen diferentes facetas, según la hora del día.
Las estructuras de alambre presumen la cuadrícula de una coordenada, lo que las relaciona formalmente con geometrías de la modernidad venezolana, una tradición de gran peso para las producciones artísticas contemporáneas. Sin embargo, las formas ortogonales de los primeros amarres van dando paso a una mayor imbricación y complejidad, a formas irregulares que denotan sensualidad en el proceso creativo. El artista trabaja desde un lugar entre la visión y la intuición y desde la perspectiva de ser él mismo un punto asombrado en el universo. Las certezas de la modernidad han dado paso a la incertidumbre y las aparentes abstracciones son una manera de representar la naturaleza en sus aspectos micro y macro.
Esculturas estructurales, sin superficies y cuyo volumen ha sido ocupado por el espacio vacío y los reflejos lumínicos —elementos etéreos pero propios de un lenguaje tridimensional— marcan una nueva etapa en la trayectoria del artista venezolano Óscar Machado, que a su vez mantiene relación de continuidad con el proceso "deconstructivo" de su obra en general desde sus primeros y sólidos volúmenes en madera y cemento.
SONIA CASANOVA
