Uno de los espacios más exitosos de Miami es la galería New Work del Miami Art Museum. Desde 1993, el MAM ha comisionado proyectos específicos con la intención de promover diversas facetas del arte contemporáneo. Si bien la idea original de la serie New Work era traer a Miami lo más destacado del panorama artístico nacional e internacional, llegó el momento de reconocer a los artistas locales que han logrado consolidarse como figuras de vanguardia.
El proyecto más reciente, denominado New Work/Miami, incluye ocho expositores seleccionados por Lorie Mertes, curadora asociada del MAM, y por Amy Rosenblum, quien fuera curadora asistente de la institución. Los artistas escogidos, Frank Benson, Consuelo Castañeda, Robert Chambers, Naomi Fisher, Dara Friedman, Adler Guerrier, Glexis Novoa y Robert Thiele, presentan la compleja y versátil imagen del panorama artístico local. Cada uno de ellos representa distintas generaciones, filosofías, culturas e intereses y todos, sin excepción, realizan un trabajo serio que ha captado el interés de la crítica.

New Work/Miami se inauguró en febrero de 2001 con las propuestas de Frank Benson y Robert Chambers y finaliza con la muestra de Naomi Fisher y Glexis Novoa, que estará abierta al público hasta el 13 de enero de 2001. Para esta última, la galería ha sido dividida en dos espacios. El primero presenta cinco fotografías de Naomi Fisher, obras sin título fechadas 2001, en las que la figura humana se confunde con la naturaleza tropical creando imágenes fuertes e incluso violentas por las connotaciones que pueden surgir. La combinación de la figura humana en la naturaleza exuberante recuerda la obra de Dante Gabriel Rossetti, solo que aquí la mujer se convierte en protagonista de una película de misterio o de terror. Elementos dramáticos, como manos saliendo de la oscuridad o una carcajada estruendosa de una mujer cuyo rostro desaparece en las sombras, crean una sensación de desconcierto e intriga. El impacto es aún mayor dado el tamaño natural de las fotografías (50 x 40 pulgadas) y el juego de color que Fisher logra contrastando los tonos brillantes de las plantas, las flores y las vestimentas, con la oscuridad del atardecer.
Cada una de las imágenes es un perfecto montaje en el que cada detalle ha sido estudiado meticulosamente. Si bien en esta serie se percibe una luz de improvisación, no hay duda de que la artista mantiene control de cada uno de los elementos que componen el retrato o el autorretrato, en el caso que sea ella misma la que protagonice la toma. También parece haber un poco más de libertad en la expresividad corporal, si se comparan las fotografías de New Work con las expuestas hace algunos meses en el Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) de North Miami, pero eso no significa que pierdan fuerza; por el contrario, el efecto en las fotografías recientes es aún más desgarrador. El lenguaje de Fisher es vivo y colorido por la presencia de la flora tropical y a la vez sorprendente y tenebroso por el manejo de la misma. La imaginación barroca de Fisher hace que su mundo fotográfico cautive y estremezca al público en una forma muy particular.

La obra de Glexis Novoa también juega con la sensibilidad del público. A la instalación se llega a través de una puerta de vidrio marcada con el letrero EXIT (salida). La idea original era crear un espacio separado del museo, una especie de cápsula en la que el visitante no estuviera ni en el museo, ni fuera de él. Al entrar, la persona se encuentra rodeada de cuatro paredes blancas dibujadas con grafito. Una línea horizontal continua sirve de hilo conductor y une los dos extremos de la historia, una especie de isla dibujada en la pared este y un teléfono público con servicio gratuito de larga distancia, instalado en la pared oeste de la habitación.
La isla es un mundo apocalíptico que Novoa reconstruye a partir de su experiencia personal. La parte superior o terrenal está poblada de edificaciones y monumentos que juegan un papel significativo en la memoria del artista. A primera vista sobresalen el morro y el edificio de la embajada rusa en La Habana. Les siguen una montaña que simboliza los Himalayas, la Sagrada Familia de Barcelona, edificios de Chicago, Brasilia y Miami, el Templo del Sol de Teotihuacan y las pirámides egipcias. Dos monumentos juegan un papel importante: el Monumento a la Patria en Rusia, y la Estatua de la Libertad, cuya antorcha es remplazada por una espada, haciendo alusión a la guerra que los Estados Unidos libran contra el terrorismo a raíz de los sucesos del 11 de septiembre. Los elementos bélicos, sean paracaídas o aviones camuflados por nubes, se aprecian en distintos niveles. Hay además una sensación de caos, de confusión, que se hace visible en las líneas enredadas y entrelazadas que unifican el dibujo.
La isla, que se convierte en una especie de arca de Noé en la que se recuperan los últimos vestigios de la civilización, es una forma orgánica de la que cuelgan pequeños elementos alusivos a la idea de salvación. Minúsculos salvavidas o escaleras se convierten en adornos colgantes y poco pueden hacer ante la caótica realidad de la superficie. Una realidad ficticia que incluye edificaciones inexistentes, como el edificio de una milla de Frank Lloyd Wright, el cual nunca fue construido y que, por la magnitud del proyecto, recuerda las desaparecidas torres gemelas del World Trade Center.
La isla, que impacta por la maestría del dibujo y la meticulosidad del detalle, contrasta con la pared del frente, dominada por el teléfono y por una gran cantidad de graffiti iniciados por Novoa y continuados por el público. De alguna forma, los números telefónicos escritos por la artista durante la realización de la instalación (un directorio de coleccionistas, críticos, artistas y amigos personales) dan pie para que el público deje de lado la sensación inicial de sorpresa e incertidumbre y se exprese verbalmente, ya sea realizando una llamada gratuita a un familiar o un amigo (el costo de la llamada lo asume el artista) o garabateando en la pared que, al cabo de un par de semanas, está llena de nombres, frases de cajón y dibujos que de alguna manera reflejan el caos del cual la isla pretende escapar. En medio del graffiti se alcanza a percibir un mensaje escrito por Novoa que advierte "las montañas se aplanarán y toda la tierra será una gran llanura...", una profecía que va con el momento actual, que refleja el valor emocional y psicológico de la obra y que, a raíz de los recientes acontecimientos, imprime a la obra y a la vida misma una gran desolación...
FRANCINE BIRBRAGHER
