El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, que estaba cerrado desde 1996, comenzó de nuevo sus funciones, después de haber sido transformado y ampliado, con un proyecto general del arquitecto José Linares Ferrera, quien también tuvo a su cargo la museografía.
Las inadecuadas condiciones de exhibición, almacenamiento, seguridad, climatización e iluminación llevaron al Consejo de Estado a tomar la decisión de renovarlo en forma radical. Las obras se iniciaron en 1999 y culminaron en la apertura del Museo, el 18 de julio de 2001, con palabras de presentación a cargo del presidente cubano, Doctor Fidel Castro Ruz.
Durante el tiempo que tomaron las obras, el valioso fondo patrimonial que atesora el museo, que asciende a 47. 628 obras, fue trasladado a lugares seguros. Ahora, además de la antigua sede renovada, el conjunto queda conformado por otros dos edificios restaurados: el antiguo Centro Asturiano y un excuartel de milicias. Los dos primeros acogen 2.000 obras en exhibición, mientras el tercero asume las labores de administración e investigación.
El inmueble donde siempre estuvo el museo quedó solamente para la colección de arte cubano, que muestra Arte en la Colonia (siglos XVIII y XIX), Cambio de siglo (finales del XIX y principios del XX), Arte moderno (a partir de la vanguardia cubana) y Arte contemporáneo (nuevas generaciones, a partir de la década de 1950 y hasta la década de 1990).
En el antiguo Centro Asturiano se muestra el arte universal. Incluye la gran colección de arte de la antigüedad (Egipto, Grecia y Roma) y la pinacoteca europea, con sus siete escuelas fundamentales (España, siglo XV al XX), Alemania (siglo XV al XIX), Flandes (siglo XVI y XVIII), Holanda (siglo XV al XVII), Francia (siglo XVI al XIX), Italia (siglo XV al XX) y Gran Bretaña (siglo XVIII y XIX), además de las colecciones de pintura norteamericana y latinoamericana. La nueva sede brindará otros servicios, como el Centro de Documentación, con el mejor fondo bibliográfico sobre arte en el país, un auditorio, sala de actividades y tiendas especializadas. También aquí se albergan el almacén y el área de conservación y restauración.

En el hermoso volumen de la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, El Museo Nacional de Bellas Artes. Historia de un proyecto, La Habana, 2001, el arquitecto José Linares explica cómo "se revaloriza y propone una nueva lectura histórica del espacio que surgió luego de la demolición de las murallas, en 1863, además de abrir otras perspectivas para los años venideros". La zona de La Habana, conocida hoy como casco histórico —Patrimonio de la Humanidad, según la UNESCO–, estaba rodeada de murallas para proteger la ciudad de los ataques de corsarios y piratas. Al desaparecer las murallas, esa área adquirió una fisonomía y coherencia excepcional, apunta Linares. En términos urbanos, el proyecto es asumido como un conjunto museístico con tres edificaciones, separadas no más de 250 metros unas de otras, lo que permite un fácil acceso a todas. Linares añade que "el carácter específico de cada arquitectura, posibilita identificar el edificio con el contenido de sus colecciones".
La sede original del museo data de 1954. Fue concebida por el arquitecto Esteban Rodríguez Pichardo como un museo polivalente, creado dentro de los códigos del racionalismo, válidos para la arquitectura internacional moderna. Linares propuso renovar la imagen arquitectónica y lograr su refuncionalización interna. Para ello revaloró el edificio a escala urbana: entre otros cambios, se le adosaron semicilindros acristalados a las dos fachadas longitudinales, con escaleras para comunicar los tres niveles. Se enfatizaron las ventanas del proyecto original, para resolver mejor la iluminación, al combinar óptimamente la luz natural con la artificial. Se hizo un tratamiento material y cromático de las fachadas, respetando los materiales utilizados en su construcción (mármol y piedra), y se realzaron los conjuntos escultóricos integrados a la edificación. Se remodeló también la planta baja, recuperando la estrecha relación que ya existía en el edificio con el espacio circundante, especialmente en las visuales de la calle al patio. También se reestructuró la organización espacial, en correspondencia con las ocho áreas temáticas, que se traducen en igual número de espacios museográficos o salas. Además se rediseñó el patio central.
En el Centro Asturiano (1927), donde alcanzan su culminación los códigos del eclecticismo español, mezcla del barroco y el plateresco, la intervención rescató su imagen exterior, y se restauraron todos los elementos arquitectónicos y decorativos, que lo señalan como exponente clásico de dicho eclecticismo. Ello incluyó la revalorización de sus portales perimetrales, característicos de la zona como espacio de circulación peatonal. Se respetó toda su arquitectura interior, según Linares, para que coexistan los dos discursos espaciales, el del edificio en sí mismo y el de las exhibiciones museísticas. El cuartel de milicias data de 1764 y fue el más grande de la ciudad. Su edificio, de planta trapezoidal, ha sido muy transformado a través del tiempo, pero conserva sus mejores atributos: el recinto del patio central, con porticado perimetral, y la portada principal barroca con guarnición mixtilínea.
La existencia del Museo Nacional desde su creación, en 1913, en un edificio de Centro Habana, donde hubo un frontón de pelota vasca, ha estado marcada por una historia de peregrinajes, que culminó en el proyecto del arquitecto Pichardo, considerado por Alejo Carpentier en 1957 como "uno de los mejores museos del continente". Nacionalismos aparte, aunque la agitada vida de esta institución, con tantos avatares, parece haber concluido, su transformación capital, en las duras condiciones económicas del país, habla de un resultado más acorde no sólo con los requerimientos de la sociedad cubana actual, que enfatiza aún más en el auge cultural, sino de su desarrollo futuro, que mira en lo económico a la industria turística.
*Fotografías de Oscar Camaraza.
ERENA HERNÁNDEZ
Crítica de arte. Especialista del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana, Cuba.

