María Teresa Torras (España-Venezuela, 1927) ha realizado toda su obra siguiendo el proceso seguro del trabajo constante y la investigación sobre la forma tridimensional y los materiales. Desde sus inicios como artista del tapiz y la escultura en sisal, se ha ocupado de transformar la estructura volumétrica en una imagen que celebra el derecho a considerarse autosuficientemente artística, siendo capaz de trastornar los hábitos de la percepción y del pensamiento al abrir cadenas evocativas en el imaginario del espectador. Árboles de sisal y fibras vegetales, guerreros y atlantes de bronce, lanzas piramidales de madera teñida de negro, todos formas-personajes en actitud desafiante y enumerados en sucesión temporal, han marcado una trayectoria y delimitado un proceso escultórico en el que muchos niveles convergen simultáneamente.
El material, la forma, la función, e incluso el título de cada serie escultórica, implican aquí un significado con relación a una parte de la existencia del hombre. Formas alargadas verticalmente, situadas en el espacio, en grupos o en familias, como evocando dioses de culturas ancestrales, se apoyan en alianzas espaciales coadyuvantes de fuerzas interiores. Estas fuerzas generan campos energéticos casi imperceptibles, solo apreciados por la sensibilidad de quien los experimenta. La noción de escultura rígida no se modifica en el caso de MTT, pero sí el lugar que la aloja, al sacralizarlo como espacio cerrado y sagrado. Así, las superficies se cargan del fuego de sus propias tensiones y de la velocidad implícita en el suceso protagonista de un gran espectáculo humano. El movimiento virtual sostenido sobre el tejido intrínseco de las esculturas de sisal de su primera etapa, lo ha transmitido a las superficies de sus guerreros y atlantes de hierro, y de allí a la serie de las agujas de madera que conforman la exposición de la Galería D'Museo. Durante todo este proceso ha enfatizado la coherencia estructural característica de su obra.
La muestra titulada Lanzas contra el tiempo, plantea que toda forma puede ser reconocida, pues siempre pertenece al universo de lo visible. Sin embargo, no basta la experiencia para inventar bosques transmutados en lanzas que defienden a dioses imponentes. Se trata de la inmortalidad convertida en una poética escultórica particular; se trata de magníficos silencios percibidos solo en la propia soledad del ser. Bosque encantado de lanzas contra el tiempo y contra el viento, que en su sonoridad silenciosa transparentan necesidades del espíritu y del arte. Lanzas contra el Tiempo, es un conjunto de esculturas marcadas por la grandiosidad de la geometría sensible; marcadas por tatuajes minimalistas o diseños geométricos seriados de finos dibujos lineales repetitivos, en los que todo vestigio naturalista ha desaparecido. Estos dibujos se apropian de la superficie de las agujas-esculturas realizadas en madera noble teñida de negro puro. Cada conjunto está integrado por varias piezas que se apropian del espacio como grupo, o que también existe en él como formas particularmente autosuficientes. Siendo variaciones de un mismo tema seriado, cada pieza tiene su ritmo particular basado en sus dimensiones diferentes y en el dibujo que las recorre.
Aun cuando se refute el sentido de perennidad y la carga emocional en las manifestaciones tridimensionales actuales, con estas piezas, María Teresa Torras, escultora por sensibilidad y vocación, defiende una vez más la necesidad de inmortalizarlas en el contexto cotidiano del hombre y en sus valores plásticos. Al exaltar el trabajo manual, se convierte en la artífice de una manera propia de concebir una estructura volumétrica. El repertorio de la línea esencial, la forma libre de impurezas visuales erguida al infinito, enfatiza el interés de viajar hacia lo sublime. La forma pura y su dibujo de línea aristocrática, así como la ausencia de color, confirman una vez más que a la artista no le interesa lo accesorio, sino lo esencial. Manifestándose siempre dentro de un estilo minimalista, demuestra que la escultura no es erosión sino construcción a partir de unos pocos, pero imprescindibles, elementos formales, planteando forma, concepto y tema en modificaciones irreversibles. En consecuencia, la finalidad del hecho artístico deviene, en el caso de esta artista venezolana, en una concepción de la extensión de un concepto implícito en el título mismo: lanzas contra el tiempo. Bosque, lanzas y tiempo, tres unidades concertadas en un solo planteamiento visual y conceptual.

La madera con la que están construidas estas "lanzas" en formas piramidales, plenas y elegantemente alargadas hacia el infinito, el negro puro que las tiñe y el dibujo cincelado sobre su superficie confirman una vez más la destreza con la que María Teresa Torras maneja la materia escultórica.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
