MALBA - Costantini Collection

Vista de la fachada del MALBA. Colección Costantini sobre la Avenida Figueroa Alcorta.

Otrosene 2002 - mar 2002· Por Victoria Verlichak

MALBA - Costantini Collection

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires

Hubo fiesta en Palermo el 21 de septiembre pasado, y no sólo porque —como es habitual— se celebró ruidosamente el día del estudiante junto al de la primavera, sino porque en esa luminosa jornada abrió sus puertas al público MALBA, Colección Costantini (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) en Palermo, el barrio preferido por los más jóvenes para festejar el cambio de estación. 

Un día antes había sido la inauguración oficial del bello y funcional edificio con la concurrencia de autoridades nacionales y de la ciudad de Buenos Aires, encabezada por el presidente de Argentina, doctor Fernando de la Rúa, quien subrayó la relevancia de la inversión privada en los proyectos culturales y destacó el extraordinario gesto de Eduardo F. Costantini, quien dedicó un museo para el arte latinoamericano con acceso al público y no solo como santuario de su colección. 

Ese día, el fundador de la institución se manifestó feliz al expresar: "Malba es, ante todo, la casa de las más de 200 obras diseminadas alrededor del mundo (...) en Malba donde vuelco mis mayores esfuerzos y mi energía detrás de un ideal de una sociedad más solidaria y armónica (...) para que un museo tenga sentido, esa 'casa' debe ser la casa de todos, es decir, debe ser un centro cultural público, abierto y participativo". 

A todas luces, la inauguración de la flamante construcción fue un hecho excepcional en tiempos igualmente excepcionales, especialmente porque la alegre ocasión tuvo lugar a solo 10 días de la horrible jornada del 11 de septiembre, fecha en que ocurrieron los atentados terroristas en Nueva York y Washington. A pesar de las graves circunstancias por las que atraviesa el mundo, se hicieron presentes muchos invitados internacionales, entre curadores, directores de museos y coleccionistas privados. Por otra parte, la celebración tuvo lugar en un período sumamente difícil para la economía argentina, que soporta una grave recesión de al menos tres años. Por lo tanto, existe consenso en que en momentos como estos es cuando cualquier transacción que redunda en beneficio de la ciudad y sus habitantes es doblemente bienvenida. 

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Visitantes del MALBA cotemplando la obra de Frida Kahlo. Autorretrato con chango y loro, 1942. Oleo sobre tela. 56,4 x 43,2 cm.

La elegante edificación de líneas depuradas y excepcional luz natural se presentó en sociedad con la ambiciosa muestra Arte en América Latina, cuyo corazón es el acervo patrimonial del museo: la Colección Costantini. Es un conjunto de pinturas, dibujos, esculturas y objetos que recorren el arte de la región, desde fines del siglo XIX hasta trabajos de la última década articulados en 14 módulos. 

Aun cuando brilla en los negocios, Costantini es más conocido entre el gran público por su perfil de coleccionista y por ser el organizador de las cuatro ediciones de los premios (US$50.000 por año) que llevan su nombre y que supieron exhibir un contrapunto entre la obra de artistas consagrados, establecidos y emergentes. Actualmente es presidente de Consultado, una firma que maneja fondos de inversiones en América Latina y que tiene su sede en una alta torre construida por su empresa que mira al río de la Plata. Pero desde la inauguración del museo se ve a Costantini muy seguido en la oficina que se reservó para él, junto a la del director, el mexicano Agustín Arteaga. 

Arquitecto y curador, con una maestría en historia del arte, Arteaga hasta hace poco fue director del Museo del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. No es un recién llegado, está en Buenos Aires de forma permanente desde hace por lo menos un año, conoce la idiosincrasia y el arte locales y trabaja en este MALBA que quiere ser ejemplar. 

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Modulo de arte concreto. Exposicio inaugural "Arte en America Latina".

El edificio 

Parece sencillo decirlo, pero el logro del museo propio le costó al empresario y financista Eduardo F. Costantini algo más que los US$25 millones que invirtió en este edificio inteligente, el primero de la ciudad erigido específicamente para museo. Durante la construcción hubo de sortear la oposición de un pequeño pero ruidoso grupo de vecinos. En contrapartida, recibió la adhesión de miles de personas que dieron su aprobación al proyecto. 

Asimismo, debió pedir y obtuvo al menos dos exenciones edilicias —votadas por la legislatura de la ciudad— para lograr modificar un tanto los planos iniciales, ya que el museo fue reformulado en parte en el transcurso de la construcción. Como cuando, por ejemplo, se decidió el techado de una terraza para ganar más metros de exhibición. 

Claramente, las autoridades actuales y el mundo del arte estuvieron a favor de la incorporación a la ciudad de semejante empresa, que se inició con un concurso abierto para arquitectos de cualquier nacionalidad, organizado por la Unión Internacional de Arquitectos en 1996. Luego de examinar 430 propuestas provenientes de 45 países, el jurado integrado por Mario Botta, Kenneth Frampton, sir Norman Foster, César Pelli, Alejandro Dujovne, entre otros, premió en 1997 al proyecto presentado por Gastón Atelman, Martín Fourcade y Alfredo Tapia, jóvenes integrantes de un estudio de la provincia de Córdoba (Argentina). 

Ubicado en la Avenida Figueroa Alcorta al 3.400, donde el metro cuadrado construido se cotiza en por lo menos US$3.000, el edificio de concreto, piedra, acero, vidrio y madera tiene una superficie total de 8.000 m2. El amplísimo y señorial hall de entrada —con sus escaleras mecánicas— funciona como distribuidor hacia los distintos espacios de exhibición, áreas de servicios y recintos internos. El museo posee dos niveles con alrededor de 5.000 m2 de exhibición en las salas destinadas a las muestras permanentes y temporales y en las terrazas de esculturas. Oficinas, talleres de conservación y mantenimiento, depósitos, cocheras, toman el resto del lugar junto con un auditorio para 265 personas con sonido Dolby digital. Asimismo, hay un café y restaurante que dan al verde de una plaza adjunta, una tienda y librería, una biblioteca multimedia y un taller infantil para actividades de extensión cultural con niños en edad escolar —preferentemente— de instituciones públicas. 

A diferencia de otros museos, como el Guggenheim de Bilbao o el Museo Judío de Berlín, que son reconocidos primero por la monumentalidad y el significado de sus construcciones, el edificio de MALBA no compite con los trabajos exhibidos. Es neutral para las obras y amistoso para los visitantes. Sus salas —con una luz sobresaliente, especialmente las del segundo piso— están proyectadas como "cubos blancos", sin distracciones, y no interfieren en la visión del material expuesto. La mayoría de las obras desplegadas son pinturas sobre tela y, en menor cantidad, esculturas, por lo que no ofrecen mayores problemas a la hora de ser mostradas. 

El MALBA, cuyo edificio por ley siempre deberá ser utilizado como museo, emplea a algo más de 100 personas. Costantini calcula que el costo operativo anual estará en el orden de los US$4 millones y confía recibir unos 200.000 visitantes el primer año. 

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Vista de sala de exhibicion permanente del primer nivel, exposicion inaugural "Arte en America Latina".

La colección 

Aun cuando la muestra inaugural exhibe 283 piezas, solo 228 pertenecen al acervo del museo. El resto de las obras se hallan en préstamo y han sido elegidas —como las obras de la Colección María Luisa Bemberg— por Arteaga para completar una visión curatorial. La estrella y tapa del grueso libro-catálogo de 480 páginas (con dos ediciones distintas, una en español y otra en inglés) es Autorretrato con chango y loro (54,6 x 43,2 cm), de Frida Kahlo, óleo de 1942. 

Muchas de las obras de la Colección Costantini fueron noticia y ocuparon la portada de los diarios latinoamericanos (y también tuvieron espacio en The New York Times) en el momento de ser adquiridas. Comprados en las subastas neoyorquinas a precios topes, ahora la integran los óleos Composition symétrique universelle en blanc et noir (1931), del uruguayo Joaquín Torres-García, y Abaporu (1928), de la brasileña Tarsila do Amaral. Entre las 43 obras adquiridas en el exterior, se puede apreciar Susana y el viejo (1931), del argentino Antonio Berni, La mañana verde del cubano Wifredo Lam (1943) y Los desastres del misticismo (1942), del chileno Roberto Matta. La muestra incluye uno de los primeros cuadros que el coleccionista compró en una subasta local: Canción del pueblo (1927), de Emilio Pettoruti. 

Los 14 módulos en que ha sido organizada la muestra poseen una coherencia en el tiempo. Sus títulos son descriptivos de la curaduría propuesta por Arte en América Latina. Intenta ir contra el relato sobre un genérico "arte latinoamericano", una designación que borra la diversidad: las reales diferencias y distancias, expresiones y diálogos entre los distintos países del área. Las secciones presentan el siguiente recorrido: "Entre la tradición y el cambio", "Despuntar de la modernidad", "Espacio Torres-García: universalismo constructivo", "Fijada un paisaje regional", "La preocupación por lo social" —con Manifestación (1934), de Berni—, "Poética de lo surreal: sueños, paisajes y habitantes" —con paradigmáticas obras de Xul Solar—, "El devenir de las formas", "Concreto-neo-concreto", "Espacio cinético" —donde se nota la ausencia de Jesús Soto y Cruz-Diez—, "El volumen como lenguaje", "De la nueva figuración al arte pop en Argentina y Brasil", "Más allá de los '60: entre la naturaleza y el concepto", "Últimas décadas", que comprende también los trabajos distinguidos en el Premio Costantini, como los de Daniel García, León Ferrari y Pablo Suárez. "En esta muestra marcamos los principios que habrán de regir nuestra actividad y que se definen en la misión que nos hemos trazado: coleccionar, conservar, estudiar y difundir el arte latinoamericano desde el siglo XX hasta la actualidad; educar al público despertando su interés y admiración por los creadores latinoamericanos; fomentar el reconocimiento por la grandiosa diversidad cultural y artística de la región; y compartir la responsabilidad de este esfuerzo con la comunidad nacional e internacional", dice Arteaga. 

Al pasear por la exposición, el visitante debe tener presente que la colección nació de la visión de un individuo solamente. Tiene un subrayado acento regional: predominan las piezas de artistas de Uruguay, Brasil y Argentina. La presencia del arte mexicano no es menor, mientras que el colombiano sólo figura con un Botero (Los viudos, 1968). La serie presenta marcados recortes y algunas ausencias notables, pero —como lo expresó el propio Costantini— existe toda la voluntad de hacerla crecer. "La colección se irá enriqueciendo con el tiempo. Es fuerte en arte constructivo (...) Pero el museo se irá completando (...) Esta colección ahora es de todos (...) El protagonista principal de Malba es el público". 

En ese sentido, Arteaga subrayó que para la colección existe un antes y un después de la apertura del museo. "La decisión de comenzar nuestras actividades con la exposición de una colección viva, aún en formación, es una representación simbólica de la visión que de nosotros mismos tenemos y que ahora hacemos suya. Al igual que nuestra colección, estaremos constantemente evolucionando, añadiendo nuevas obras y conocimientos, intercambiando experiencias, discursos y metodologías, siempre abiertos a incorporar la experiencia de otros; nuestros programas se irán enriqueciendo de acuerdo a nuestras propias necesidades y las demandas del público que a partir de hoy se incorpora".

Por su atractivo arquitectónico y situación geográfica, el Malba, Colección Costantini se integró rápidamente a la trama urbana y ya forma parte del llamado corredor artístico de la ciudad de Buenos Aires, junto con el Museo Nacional de Bellas Artes y el Decorativo, el Centro Cultural Recoleta y el Palais de Glace. 

Entretanto, es hora de celebrar la inauguración de Malba, una ráfaga de alegría en estos tiempos turbulentos. Porque, como bien dijo Jay A. Levenson, director del programa internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York: "la apertura de Malba es un acontecimiento importante para todo el hemisferio (...) Estoy especialmente impresionado con el deseo de Costantini de compartir su importante colección con el público. La suya es exactamente el tipo de generosidad que ha conducido a fundar y sostener los grandes museos de los Estados Unidos".

*Fotos por Alejandro Leveratto. Cortesía: Fundación Eduardo F. Costantini. 

VICTORIA VERLICHAK 

Crítica de arte y periodista residente en Buenos Aires. Miembro de la Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte, AICA.

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