La gráfica es un recurso constante en el proceso creador de Luisa Richter. Así lo evidencia la muestra Luisa Richter. Hojas de mi diario que presenta el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Díez. Una vez más, la artista exhibe la destreza de este trabajo que se ha enriquecido con el paso de los años. Esta selección, realizada entre 1961 y 1998, muestra el oficio, la creatividad y la pasión de Richter por la gráfica. Aquí la estampa trasciende sus fronteras para convertirse en un híbrido de múltiples posibilidades. La artista mezcla técnicas: serigrafía intervenida con acuarela, litografía intervenida con lápiz, gouache sobre grabado, collage y aguafuerte son algunas de las tantas combinaciones logradas por las particularidades que estos medios ofrecen.

La exploración visual, aunada a los modos de composición, define el estilo de Richter. Ella rompe las formas para darles luego un ordenamiento caótico que ha heredado del collage y del lenguaje informal. La activación del espacio, adquirida por la incorporación de mapas, manchas, números y formas, enriquece la lectura debido a los contrastes obtenidos entre llenos y vacíos, impresión e intervención, extrayendo una variada gama de texturas. No obstante, Richter se mantiene fiel a su estilo, pues, como todo buen artista, ella ha establecido sus propios límites. De este modo, el formato, la técnica, la paleta y el lenguaje mismo son cuidadosamente seleccionados para construir un abecedario personal. En esta encrucijada, la artista creará, partiendo de sus intuiciones, anhelos, experiencias, buscando siempre descubrir algo nuevo. Su búsqueda se ha tornado pasión permanente. En algunas composiciones se advierte un abigarrado barroquismo como en la pieza titulada Para Ovidio: El arte de amar, Serie Hojas de mi diario, 1977, litografía y collage; o La sonámbula/el crepúsculo, Serie Hojas de mi diario, 1972-1973, collage sobre serigrafía. En otras gráficas se percibe la economía de los elementos abocados a una temática netamente abstracta, dejando ver lo limitado e ilimitado del espacio pictórico. Surcado tan sólo por unas líneas simples y desmembradas, llegando a los extremos de la inmaterialidad casi absoluta, vemos un espacio activado por la elocuencia de unos pocos trazos. Tal es el caso de la obra Subyacen lineamientos, 1993, punta seca, y Entrehilados, 1995, aguafuerte y punta seca. Pero aquí también hay que entender el transcurrir del tiempo, así como, del proceso creador, oscilación constante entre exceso y ponderación. En esta propuesta se advierte la dicotomía entre velocidad y quietud, pues las formas parecen haberse detenido, tras su caótico devenir, en el formato que la artista ha designado para ello, provocando choques visuales magistralmente elaborados. La casualidad, el azar y la ambigüedad parecen haber intervenido en el proceso creador. Consciente de la propuesta dadaísta y surrealista que ofrece la yuxtaposición de imágenes, Richter pretende mostrar el devenir de nuestra veloz contemporaneidad, amalgama de impresiones, de momentos fugaces y de invasiones tecnológicas constantes, como reflejos de una vida fraguada de cambios y sucesos inesperados. Las palabras de la artista lo definen así: "Un ordenamiento de escombros: un todo de fragmentos...". Nos imaginamos entonces un conglomerado de recuerdos, de visiones y sensaciones, vistas como imágenes de un eterno presente.
La validez del fragmento radica en que representa una porción de la totalidad que, para nuestro tiempo, es siempre cambiante, por eso no concluye ni cierra su discurso. En este sentido, se define precisamente nuestra contemporaneidad, especialmente en la era de la "globalización", donde la sensación del "no lugar" ha formado una cultura resultado de los viajes, de las redes de comunicación, de la apertura a nuevas formas de pensamientos y de un devenir continuo. Bien lo ha precisado la curadora de la muestra, Susana Benko, al decir que "una imagen unitaria nunca abarcaría el infinito. Pero sí lo expresa por medio de su condición fragmentada, ilógica y desordenada. Si respondiera a la sintaxis narrativa racional no expresaría esa pulsión al infinito. Precisamente aquella que motiva la creación como un constante anhelo de trascendencia...".
GLADYS YUNES
