Exposición Individualene 2002 - mar 2002· Por Mary Schneider Enríquez

Leda Catunda

Ramis Barquet Gallery

Las obras en medios mixtos de Leda Catunda divierten y desafían a la vez. Compuestas de grandes piezas de tela ricamente coloreada dispuestas en varias capas y entretejidas libremente, las cautivadoras obras de la artista brasileña transforman las pinturas en relieves murales tridimensionales suavemente plegables. Ten Covers, 2000 describe en forma radiante la técnica de Catunda. Once trozos de tela que se curvan, dispuestas en varias capas, se superponen una sobre la otra creando un fondo de olas paralelas de vibrantes texturas brillantemente matizadas. Algunas de estas piezas en forma de olas usan tela de toalla impresa con orcas o peces tropicales anaranjados contra un mar azul cobalto, detallados con pinceladas de brillante pigmento azul. Otras revelan trozos de hule blanco como de encaje y están cubiertas con una capa de plástico transparente acentuado con pinceladas verdes y amarillas. Otra ola presenta encaje anaranjado cubierto con una capa de fino tul mandarina. El color y la textura separan cada ola, creando una superficie ondulante de tonos tropicales que van del anaranjado al azul, al verde, al anaranjado, al azul. 

En Seven Drops, 2001, las figuras semejantes a olas se entretejen de tal manera que trozos de tela en forma de lengua parecen haber sido insertados a través de la ola adyacente. Olas negras, blancas, moradas, anaranjadas, grises, habanas y rojas, algunas cubiertas con plástico, son todas realzadas con pinceladas que le agregan una cualidad dimensional al flujo de la superficie. 

Exposición Individual: Leda Catunda — imagen 1
Leda Catunda. Cinco partes II, 2000. Acrílico sobre lienzo, paño, plástico y terciopelo. 230 x 186 cm. / 90 ½ x 73 ¼ in.

Cigarras Beach (2001) continúa la entretejida estratificación de olas y franjas en forma de lengua pero incorpora fotografía para lograr un efecto más resonante. Ola tras ola de tela proyectan la misma fotografía de una idílica escena en la playa, impresa en gasa de algodón adherida al lienzo, creando una impresión tenuemente luminosa perfilada en pigmento azul. Alternando con las escenas costeras hay olas de terciopelo negro azabache acentuadas con escasas manchas de pintura blanca. Las aletas más pequeñas de gasa que cuelgan sobre el negro presentan porciones de la fotografía de la playa escondidas a la vista; por lo tanto, actúan como ventanas que se abren al paisaje detrás de las oscuras olas. Múltiples capas y literales perspectivas fotográficas crean sensaciones variadas de espacio en esta obra, desafiando, en efecto, las impresiones iniciales del espectador. Al igual que con otras obras de esta exposición, cuanto más se observan, más intrigantes se vuelven. 

Un humor cáustico impregna muchas otras obras de Catunda. En Priests, 2001, la tela en forma de lengua, evidente en sus demás obras, se convierte en el punto focal de esta pieza sin marco. Múltiples estructuras de brillante terciopelo rojo, rellenas y perfiladas con pigmento violeta, están cosidas en un voluptuoso ramillete que cae por la pared en forma de cascada. Es una palpable y aguda visión cuyo título la hace aún más punzante; el rojo terciopelo perfilado de púrpura recuerda los trajes de los clérigos. En consecuencia, el relieve adopta un tono subversivo en el cual lo sagrado ha sido cortado, rellenado, cosido y exhibido como un objeto socarronamente provocativo, de consumo. 

La obra más impactante de la exposición es Five Parts II, 2000, porque, literalmente, disecciona el lienzo extendido en un collage entretejido de formas monumentales ricamente coloreadas que recuerdan uno de los relieves murales de Frank Stella de finales de la década de 1970. Grandes pedazos de lienzo rojo, verde, azul y negro en forma de enormes pinceladas fluidas entran y salen serpenteando por enormes orificios cortados en el fondo habano. Espacios abiertos alrededor de las formas entretejidas revelan la pared detrás de la pintura. Esta obra, como la mayoría de las piezas de la exposición, depende del fondo pintado, por retorcido que sea, pero celebra las cualidades escultóricas tridimensionales intrínsecas de la pieza. Finalmente, las expresiones táctiles de Catunda desafían de una manera evocadora las definiciones de pintura y escultura, al desdibujar las diferencias entre las dos.

MARY SCHNEIDER ENRÍQUEZ

Leda Catunda, por Mary Schneider Enríquez | artnexus