Las obras que integran la exposición de la brasileña Jac Leirner en la galería Brent Sikkema están realizadas con tres elementos combinados: un "nivel", placas acrílicas de distintos colores y calcomanías o papeles institucionales varios. La organización de estos elementos podría describirse de la siguiente manera: las calcomanías y papeles están enmarcados por los acrílicos translúcidos de colores, y éstos están fijados o sostenidos en la pared a través del nivel (como los de carpintero), que funciona como soporte, y se puede ver gracias a la transparencia de los acrílicos.

Las obras son, entonces, una compleja elaboración del soporte para estas colecciones de cosas que Leirner ha venido atesorando por décadas: etiquetas de valijas, invitaciones, papelitos de entradas a museos, a conferencias, a ferias de arte, papelería institucional, aunque también, en el caso de esta muestra, calcomanías y anuncios de bandas de rock, pequeños múltiples de artistas consagrados, etc. Todas estas imágenes, que aquí aparecen agrupadas o clasificadas por color o por contenido, son esas cosillas que están allí, adheridas a ciertos objetos, pero que no miramos, o pertenecen a esa clase de papeles que se quedan estancados en los fondos de los bolsillos o carteras durante semanas hasta que un día se encuentran y se tiran, porque a pesar del valor que les pueda otorgar el diseño gráfico (el hecho de detentar un logotipo institucional), son cosas cuya función es simplemente hacer efectiva, para otros y por un período limitado, la circulación controlada de gente y de objetos. Pero Leirner, como vemos, decide detenerse en esas minucias y archivarlas por décadas con avidez fetichista, señalando, en el mero hecho de conservarlas, el hecho de que estas estampitas son realmente algo más; son fragmentos del recuerdo, marcas de identidad, símbolos de estatus y pertenencia, y también, los residuos de esos controles burocráticos por los que nosotros, o nuestras cosas, estamos invariablemente obligados a pasar. [Esta atención en el problema del valor de los objetos estuvo siempre presente en la obra de Leirner, desde sus ya clásicas obras realizadas con billetes devaluados (Os Cem (Roda),1986) o con paquetes de cigarrillos (Pulmao, 1987), que tematizan la participación de la artista en el mercado internacional de circulación de las artes visuales; obras en las que Leirner juntó bolsas de museum shops, tarjetas del mundo del arte, frazadas de avión, correspondencia intercambiada entre ella y algún museo, etc.].
Pero como dije al principio, en esta muestra, lo central pareciera ser menos el sentido o incluso el orden de las cosas coleccionadas por Leirner —como sucedía en anteriormente—, que la configuración del soporte o marco para esos elementos. Y esto, al menos desde mi punto de vista, representa un cambio de dirección importante en la obra de la artista. Hasta ahora, el aspecto formal de las piezas surgía de la acumulación y presentación obsesiva de elementos, ya fueran éstos sobres o bolsas, en el espacio o el plano de la pared de la galería. Había una relación, digamos, orgánica o necesaria (tal vez, incluso, un cierto purismo), entre la forma total de la pieza y la forma-función de cada una de las unidades que componían la obra: la voluntad de exhibir la colección de elementos determinaba decisiones de ordenamiento más bien simples, modulares, que acababan produciendo, como en una parodia de excesos, algo que se parecía a una escultura o a una pintura tal vez. Para sintetizar, lo que estoy llamando "las cosas" eran, en ocasiones anteriores, el material conceptual y formal de la obra. En esta exposición, el énfasis aparece desplazado desde estos elementos coleccionados hacia la pasión por el marco, por el diseño del soporte en sí mismo. Aquí, los papeles membretados, las calcomanías, las entradas, no son el material de la obra, sino, digamos, su "figura". Los acrílicos que los sostienen y enmarcan son lo que aparece primordialmente "organizado", componiendo construcciones alargadas horizontales o verticales, que aparecen apoyadas sobre la pared como pinturas de marco recortado o apoyadas perpendicularmente a la pared (como uno de los "objetos activos" del artista brasileño Willys de Castro). Y estas estructuras acrílicas aparecen mostrando a su vez sus propios soportes, que son esos "niveles" que aquí han pasado de ser instrumentos para colgar la obra a formar parte esencial del cuerpo, visible, de la misma, como ocurre en la obra Nivel, que Blinky Palermo realizó en la década de 1970.
INÉS KATZENSTEIN
