Exposición Individualene 2002 - mar 2002· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Humberto Castro

Museo de Arte, Fort Lauderdale

Humberto Castro pertenece a la generación de artistas cubanos de la década de 1980 y su lenguaje de corte existencialista se ha basado en el uso de la figura humana estilizada. Según el contexto y el tratamiento de la misma, transmite una gama de mensajes que van desde la denuncia política hasta lo puramente poético. 

Humberto Castro: The Paris Year, es su primera exposición individual en un museo de Estados Unidos. La muestra presenta una visión retrospectiva de la obra de Castro que incluye, además de una selección de la producción artística realizada durante su estadía en la Ciudad Luz (1989-1999), un cuadro realizado en Cuba y varias piezas recientes hechas en Miami. 

Exposición Individual: Humberto Castro — imagen 1
Humberto Castro. Hippocampe, 1998. Óleo sobre lienzo. 150 x 200 cm./ 59 x 78 ¾ in.

La obra Mis ideas determinan tus limitaciones (1988), ejemplifica el trabajo realizado en la isla e introduce varios elementos que, con el tiempo, se han consolidado como parte de su propuesta visual. Se trata de un lienzo de grandes dimensiones, pintado en forma monocromática en tonos blancos, grises y negros. Dos figuras andróginas aladas enmarcan una tercera figura descabezada incrustada en un pedestal, del que cuelga una placa de bronce con el nombre de la obra. En esta obra temprana se aprecian el interés del artista por el diseño y el dibujo, técnica que finalmente perfecciona con gran maestría. 

Durante los primeros años de su estadía en París, Castro desarrolla dos series basadas en el minotauro y en los signos del zodíaco. La selección escogida para la exposición muestra cómo todas las características mencionadas anteriormente se consolidan a medida que el artista explora los efectos del tiempo en la existencia humana. La elegancia y el glamour parisinos se presentan tácitamente en las figuras de principios de la década de 1990. Tonos fuertes se combinan con la fluidez de la línea, creando imágenes sensuales e incluso eróticas. En La luna más alta (1990), por ejemplo, los tonos rojos fuego hacen más agresiva la figura principal, una mujer desnuda recostada en una pose provocativa. 

Luego de una época transitoria en la que produce obras en colores tierra con símbolos más universales, como la luna y la espiral (Equinox, 1991), Castro desarrolla una serie basada en el minotauro. Algunas piezas de esta serie fueron presentadas en Miami en la muestra Minotauro en su laberinto, expuesta en la Galería Ambrosino, en 1995. El museo presenta una nueva selección que destaca la delicadeza y la poética de esta serie, una de las más ricas y sensuales en la obra de Castro. En ella, el personaje principal se presenta como una figura estilizada con cuernos y patas. Los tonos cálidos van del crema pálido al rojo sangre intenso, creando una fuerte tensión entre el vacío y la línea. La tensión está presente también en las poses de las figuras que se abrazan a sí mismas, por dolor físico o emocional, o quizás por la angustia que implica verse ante el laberinto que enfrentan muchas de ellas (Laberinto en escaleras, 1994, y Minotauro, 1994). 

En 1995, ante el éxodo masivo de balseros cubanos, Castro desarrolla una nueva temática. Aparecen en los lienzos nuevas formas orgánicas, particularmente el caracol, símbolo del hogar y del viajero que lleva la casa a sus espaldas (Bleu, 1998). El mapa de Cuba también aparece en algunas obras al igual que el balsero (Fuga nocturna, 1995), símbolos que se salvan de ser anecdóticos por el manejo que Humberto Castro les da en el contexto de cada uno de los cuadros. 

A partir del tema marino y seguramente inspirado en los neumáticos de los balseros, Castro desarrolla varios cuadros en los que las figuras aparecen encerradas en espacios circulares. La composición y el manejo del color en estos cuadros son particularmente atractivos. En Entre dos aguas, 1998, las dos figuras entrelazadas dentro del neumático refuerzan la dinámica de la escena. Los tonos azules y óxidos con referencia al tema marino aparecen también en obras de corte más existencialista, como Traición e inocencia, 1998, en la que dos figuras caminan de la mano, la primera guiando a la segunda sin saber que esta última lleva un cuchillo escondido detrás de la espalda. 

La muestra finaliza estudios recientes de color y figura humana, relacionados con temas más universales como la pasión, la fertilización y la existencia. Lienzos enormes, tratados con veladuras que en sí mismas podrían sobresalir como obras abstractas, sirven de fondo a figuras que caminan en una cuerda floja o flotan inertes en un fondo acuático. Es evidente que Castro ha logrado una madurez en su obra pictórica. Estos lienzos, entre los que se pueden mencionar Invasión, 2001, y Cuerda Floja, 2001, muestran un dominio total, tanto técnico como temático. 

Quizás por ello se lanza a experimentar en el campo de la escultura y la instalación. La exposición presenta varias obras en bronce: Minotauro, 2001, un torso que hace referencia a la serie realizada en París; Maredón, 2001, un personaje sentado en una silla con las manos amarradas y ahorcado por un remo; y El muro de los lamentos, 2001, un personaje atravesado por un remo colocado frente a una pared pintada con cráneos. Estas obras tridimensionales tienen gran fuerza pero carecen de la sensualidad de la obra pictórica. Después de todo, el tema del exilio es demasiado fuerte para plasmarlo de otra forma que no sea la dura imagen que Humberto Castro refleja en sus enormes bronces.

FRANCINE BIRBRAGHER

Humberto Castro, por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD | artnexus