Exposición Individualene 2002 - mar 2002· Por Nirurka Cruz

Esterio Segura

La Casona

Una de las patologías más lacerantes de la actual plástica cubana, y sobre la que una zona menor de la crítica ha gustado subrayar es aquella que suele recortar las dimensiones conceptuales y hermenéuticas de los signos artísticos, a tenor de un coqueteo de turno donde se desnaturaliza la voz universal del arte. Si en un sentido la joven plástica cubana participa de los procedimientos artísticos ensalzados por la lógica del postmodernismo, y el carnaval de la heterodoxia hace valer la eficacia de los imaginarios travestidos un grupo de poéticas (porque lo son, muy a pesar de todo) no alcanza a trascender preocupaciones puramente domésticas pérdidas en un paisaje de fenomenología social. El supuesto empobrecido que suele advertir lo trascendente en la arqueología de lo eventual, lo contextual, continua inaugurando sintomáticas banalidades y las más lerdas arquitecturas de la retórica que, a no dudarlo, el curso mismo de la vida dará su lugar. 

Con tan buena suerte y feliz perplejidad, De este lado del puente (exposición del artista cubano Esterio Segura inaugurada recientemente en la Galería La Casona, no sé si quizás por asumir ésta la coartada del lado opuesto o si porque en ella se alardea sobre el verdadero sentido del arte, la muestra esquiva como el más pérfido de los amantes a la plenificación de un discurso sujeto, tan sólo o apenas, a la embriaguez que producen los lugares comunes de la contestación política, ideológica y religiosa. De este lado del puente es, por tanto, un texto cultural en el que, la agudeza de los contenidos, lo legítimo de la contradicción semiótica, la habilidad en el manejo del compromiso social y la autonomía del signo y sus desvaríos, empujan la elocuencia del discurso más allá de los límites —tan obvios como presumibles— de un insularidad asediada por el marketing. Con independencia del ánimo declaradamente perverso y manipulador que manifiestan las piezas escultóricas dedicadas a los budas, en las que la resemantización del kitsch, el choteo paródico y el cruce de parábolas alusivas a "torcidos" procesos históricos y socioculturales de la isla, rinden culto a la estridencia barroca y la epifanía de los signos, algo a lo que ya tiene acostumbrado el arte cubano; sus telas e instalaciones de formato mayor se introducen en vericuetos reflexivos que dimensionan aún más su poética. A la "deconstrucción choteadora" frente a los intertextos "accidentales" surgidos de las superposiciones arbitrarias acometidas por el discurso dominante, sucede ahora un cuestionamiento donde el tono sabe mucho de la introspección, del viaje hacia las interioridades del ser, de lo humano de la paradoja y la ambivalencia, y del doloroso precio de la (in)comunicación. 

Exposición Individual: Esterio Segura — imagen 1
Esterio Segura. 0.5 3 .7, 2001. Instalación, técnica mixta. Dimensiones variables.

De este lado del puente, La disyuntiva de cruzar, El final nunca está en el horizonte, parecieran simples títulos o índices lingüísticos de orientación temática, cuando en verdad resultan ser enunciados metafóricos de la vida contemporánea que hacen la suerte de un ensayo de ontología. En la obra actual de Esterio Segura se disiente (y a las anchas) el turístico eslogan "Uno más cerca del otro" que alimenta el poliglotismo multicultural postmoderno, dado que sus piezas, si bien ansían el diálogo redentor de la utopía, dejan ver a las claras el desencuentro de voces en la reciente aldea masmediática. Astucia le sobró a uno de nuestros más rabiosos críticos cuando sugería que la antinomia dialéctica de esta promesa es un hallazgo genuino del saber popular que reza: "mientras más cerca..., más lejos". 

Situado en el límite entre dos milenios cuya fisonomía y relieve están definidos por la apoteosis de los medios de comunicación y su fría obscenidad, el artista experimenta esa extraña sensación de que el MAS lamentablemente conduce a un desconcertante MENOS. En el régimen de los computadores, las redes, internet, el reino de lo virtual y las sublimaciones obligadas del yo, se abarata la voz del hombre, la voluntad de dialogar y escuchar al otro. En buena lid, esta Era de la Comunicación, que duda cabe, ha sembrado su propia esclerosis: el silencio. Una de las obras emplazadas en el relato curatorial de la muestra bajo el título 0.53.7 es un gesto de sobrada elocuencia respecto al trágico dilema de las comunicaciones con un otro que habita una geografía diferente. La instalación de carácter performático representa (perdón por el término, eh) la escultura de un hombre al que se conectan, a través de las manos, doce teléfonos que suenan de manera simultánea. La invalidez de su pétrea frontalidad desdibuja la actitud para el diálogo, pero más sorprende la negativa de todo espectador a descubrir la voz del otro. Es tanto el temor a lo que la vista no gráfica, presos de la terrible objetividad de la vida, que en ningún instante de la inauguración (ni siquiera por error) alguien tomó el auricular para escuchar un mensaje quizás preeminente. (Además...) 

De cualquier modo, cabría enfatizar que la muestra De este lado del puente no quiere —más bien se rehúsa— devenir en ensayo maniqueísta sobre el álgido fenómeno comunicativo. Su espesor conceptual la desmarca de un único contexto analítico, por lo que en buena medida suele desorientar con frecuencia el logos de la crítica. Esterio Segura articula un fervoroso documento polisémico, donde la idea y sus múltiples giros de tuerca ponen en solfa al más común de los espectadores y al más avezado ensayista. Bien advierte el crítico Denis Matos en palabras al catálogo que “la propuesta, por sí misma, no permite que su discurso sea objeto de una hermenéutica reductora sino que su espectro se amplía dentro de un orden mayor de significados que abordan el status del hombre actual en el conjunto de la sociedad contemporánea”1. Es así que, por encima de una preocupación discursiva unidireccional, monolítica, donde un enunciado rector organiza los sentidos del texto, la poética de Esterio Segura informa sobre los conflictos existenciales del individuo en diferente grado e intensidad, y su relación con las estructuras sociales. La lubricidad referencial, la convocatoria a múltiples situaciones y dilemas de lo contemporáneo y el perfil ancho de su discurso confieren estatura a una poética en medido de tanta concesión de circunstancias. De este lado del puente se abre la brecha. Sólo falta el próximo timbre y el deseo de escuchar... 

NOTA 

1. De este lado del puente. Catálogo de la exposición.

ANDRÉS ISAAC SANTANA AND NURIKA CRUZ

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