Exposición Individualene 2002 - mar 2002· Por Eugenio Espinoza

Cecilia Lueza

Alternative Space - Washington Avenue

Cultural y socialmente, Argentina siempre se ha destacado por dar a conocer grandes referentes históricos. En el caso de las artes plásticas, creadores de todas las disciplinas han sido vinculados a los movimientos artísticos internacionales y han sobresalido por su esmerado desempeño y continuidad. Así es como en la década de 1950 estos artistas generaron toda una tradición con respecto al arte geométrico y una década más tarde, se convirtieron en los autores del arte neofigurativo, cuando el pop art invadía el mundo. 

Influenciado por la neofiguración, hacia fines de la década de 1960, surgirá un coherente grupo de jóvenes pintores conocidos como "la otra figuración", formado por Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Rómulo Macció y Ernesto Deira. Aunque la fuerza y expresividad que caracterizó a este movimiento se repetirá en las generaciones posteriores, el aporte de los nuevos artistas argentinos será cada vez mejor recibido más allá de sus fronteras, por la manera en que éstos han digerido las tendencias internacionales y las han utilizado como soporte para sus necesidades expresivas. 

Cecilia Lueza forma parte de la nueva generación de artistas argentinos que ha logrado darle continuidad a la pintura figurativa. Quizás esta continuidad radica en colocarse allí, desnuda y herida, frente al vacío de la tela con toda la carga de sentimientos e inquietudes históricas y personales. 

En el ejercicio de analizar o disfrutar la pintura contemporánea se repite una dificultad; no es fácil abordar la pintura de la figura humana, frente a un espacio activo, sin mencionar las sinceras pinturas de Francis Bacon; su relación angustiante, de espacio-figura, amor odio; su estética lograda a través de la abundante carga psicológica y su pasión por el castigo y la soledad. 

La obra de Cecilia Lueza también se fundamenta en una relación desconocida entre la figura y el espacio. Se vuelca hacia una relación posible de angustiosa libertad, donde el temor podría ser el centro de los acontecimientos. Nunca en las últimas décadas, se había experimentado tan dramáticamente una cultura basada en el temor y, sobre todo, el vivir aterrorizados por la soledad. Quizás sería correcto descubrir esa relación entre las figuras y el entorno donde se desarrollan, pero también sería destruir la verdadera esencia del trabajo por exponerla a una luz innecesaria. Francis Bacon decía "Si tú puedes hablar de eso, ¿para qué pintarlo?", es decir, si no puedes hablarlo, ¡píntalo! 

Generalmente, los temas en la pintura figurativa se dicen no sólo a través de la expresividad de las figuras, sino a través de la expresividad del espacio en que éstas se mueven. El espacio, en la obra de Cecilia Lueza, se siente continuamente como una masa ambigua de transparencias, de turbulentas corrientes acuosas y de vapores que se precipitan sobre una humareda de almas o seres deseosos de peligro. Estos seres parecen ser empujados a un vacío en el cual, con grandes movimientos, flotan o nadan en una corriente de deseos inquietantes. 

Exposición Individual: Cecilia Lueza — imagen 1
Cecilia Lueza. Estado mental, 2001. Técnica mixta sobre tela. 150 x 100 cm./ 58 x 40 in.

Cecilia Lueza está convencida del poder narrativo de la pintura. Ella quiere rescatar o encontrar en el arte la dimensión humanista que generalmente se espera de cualquier artista. Tal vez el espíritu apocalíptico de los últimos años, la obliga a reflexionar sobre la espiritualidad del hombre y a concebir una idea neorromántica; estableciendo un fugaz parentesco entre William Bouguereau y la visión sonámbula de actores aéreos que suben o bajan de un espacio celestial. O, en su defecto, se precipitan hacia una búsqueda del Apolo que se percibe rastreándose entre los vestigios de una fortaleza edificada. 

La pintura de Cecilia Lueza se construye a través de una atmósfera pictórica que se desliza sobre la totalidad de la tela y es dominada por una fuerza gráfica, donde el color es a veces suprimido. Es la línea del dibujo la que construye las direcciones alucinantes de la pintura y alimenta las formas de los personajes. Figuras que parecen buscar escapar del purgatorio, pero también dan la impresión de que se mueven en un espacio donde los tormentos se asocian con lo divino. De esta manera, el trabajo de Lueza se vincula al espíritu de los maestros que veían en el dibujo la esencia de sus pinturas. 

El color es sugerido por una caída de tonos grises y rojos que cubren la totalidad de los cuadros. No existe intensidad, ni contraste entre estos colores; ambos se confunden entre sí creando movimientos centrífugos o grandes espirales que podrían representar el espacio barroco que se usa para llenar el vacío del espectador. 

En su pintura, no es la realidad en sí misma lo que le atrae a Cecilia Lueza, sino la pasión que ésta genera, el esplendor de un nuevo humanismo, incluso el misterio, o el espejismo del universo. ¿Son solamente ángeles los personajes que flotan en las telas de Cecilia Lueza? Podrían ser también espíritus de una tragedia humana. ¿No es eso también lo que genera un nuevo humanismo?

EUGENIO ESPINOZA

Cecilia Lueza, por Eugenio Espinoza | artnexus