Bogotá y sus andenes en ruinas, la galería como un lugar de descanso, la memoria subjetiva que acaba tocando la tragedia colectiva de Armero, y una parodia del poder, es un posible resumen del Premio Luis Caballero 2025-26.
Premio Luis Caballero, concebido para artistas en la mitad de su carrera, convocado por el Instituto de las Artes de Bogotá, que abre una convocatoria para proyectos y para un grupo de jurados que los escoge y finalmente premia una de estas propuestas, después de presentarse de manera consecutiva durante un año. Esta idea de exposiciones que se presentan en un período de tiempo y con expectativa de un cierto final –que parecería una característica menor–, a mí me recuerda al Festival de Teatro que se realizó durante décadas; ayuda a promover a Bogotá de nuevo, como una provocadora ciudad de citas a eventos muy diversos en rincones escondidos.
Esta vez, el concurso con menos proyectos, sólo cuatro, sin la posibilidad de intervenir espacios históricos, como en las versiones anteriores, en fin, –no me quiero detener en esos detalles–, fue una experiencia para mí, que me permite decir ahora que el Premio Luis Caballero me sigue pareciendo una convocatoria vigente por su experimentación, que considero una cualidad fundamental para superar el arte convertido en objetos y cuadros objeto, uno al lado de los otros. Y también –en esta versión–, las obras añadieron una conciencia del proceso de socialización, es decir, de la forma como la cultura y mi vida diaria en la ciudad me construyen, y, además, una cierta urgencia de inscribir asuntos en lo público.
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