La práctica artística de Daniel Steegmann Mangrané se articula alrededor de tres ejes que operan como principios activos: reciprocidad, interacción y simbiosis. En su trabajo, lo humano y lo no humano no existen de manera autónoma; su interdependencia condiciona tanto los procesos materiales y tangibles de su obra como su dimensión espiritual y filosófica. Esta visión, que atraviesa toda su propuesta, cuestiona las divisiones ontológicas tradicionales y propone un terreno compartido entre la realidad y sus potencialidades.
Radicado en Río de Janeiro desde 2004, Steegmann Mangrané se formó inicialmente como artista en Barcelona. Su primera opción profesional fue la biología, pero se decidió por el arte, sin abandonar su primera inclinación. Empezó con obras que demostraban una observación aguda y un registro de procesos naturales, para, después de unos años, pasar a intervenir activamente en la creación de las condiciones naturales para que su propuesta se desarrollara en medio de la imprevisibilidad. Una de sus primeras obras en Brasil, a donde fue hace más de dos décadas sin más pretensiones que conocer la selva durante tres meses, es 16 mm (2007-2011). La pieza consiste en el registro, en cámara subjetiva, del movimiento desde su cuerpo hacia el interior de la selva tropical durante cinco minutos. Una vez adentro, el artista permanece, aún hoy, atrapado por las dinámicas de este lugar. Unos años más tarde, el corto Phasmides (2014), también filmado en 16 mm, cede el papel protagónico a otro ser. En este caso, se documenta el tránsito de un insecto palo, animal altamente adaptativo y motivo recurrente en su obra, desde el bosque hasta el hábitat construido en su estudio.
Steegmann Mangrané se autodenomina escultor por la forma como trabaja con el espacio, como si fuera una materia maleable; para él, el espacio en donde dispone sus obras se contrae y se expande al ritmo del recorrido de cada espectador. Es necesario alejarse y acercarse, como si fuera un palpitar, para que la exposición funcione. A pesar de su inclinación escultórica, su obra generalmente se materializa en instalaciones que tienden a crear microambientes en los que los visitantes interactúan con espacios íntimos, pero también, y casi sin darse cuenta, con espacios afuera del espacio expositivo, que el artista trae con pequeños gestos, como sembrar un jardín.
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