En su reciente exposición en la galería neoyorquina Bienvenu Steinberg & C, la artista colombiana Johanna Calle muestra abstracciones en pequeño formato –algunas de las obras, por ejemplo, miden 8.89 x 8.89 cm (3.5 x 3.5 pulgadas)– que usan como soporte fotografías cromogénicas, anónimas y provenientes de archivos. En la muestra no podemos ver las fotos. Solo se conservan sus formatos, cuadrados o rectangulares, y sus dimensiones. En su obra, Calle recubre las fotografías con pigmentos de esmaltes de uñas y aprovecha su brillo para convertirlas en obras abstractas. La artista recubre los tintes cromogénicos, que se fueron apagando con el paso del tiempo, con colores, al mismo tiempo, brillantes y opacos, que impiden ver las edificaciones que inicialmente captaron las instantáneas. Sin embargo, detrás de las configuraciones y de los planos de color, y siguiendo el título Arquitecturas, podían vislumbrarse representaciones de obras arquitectónicas: un techo a dos aguas bajo el cielo vespertino, unas paredes iluminadas por el sol o unos espacios interiores. El efecto es sobrecogedor, no tanto porque Johanna Calle lleva, con un admirable virtuosismo, formas abstractas a soportes inusuales, sino porque, sobre las fotografías del pasado, parecen superponerse las idealizaciones, las omisiones y las evocaciones que, desde el presente, agrega la memoria. Sitios que tal vez eran cotidianos en la infancia, recordados quizás de manera borrosa y, al mismo tiempo, evocados como parte de un momento que atesoramos en la vida. En esta serie, Arquitecturas, la artista parece decirnos que el pasado, si bien tiende a disiparse, también deja huellas imborrables.
El color con el que se cubren las fotografías instantáneas parece integrar la memoria afectiva con la memoria histórica. La propia artista ha declarado su interés por las gamas cromáticas que, de alguna manera, tipificaron las décadas de 1960 y 1970, durante las cuales transcurrieron su infancia y su temprana adolescencia.
Las relaciones cromáticas poseen una historia a la que Johanna Calle presta atención. Las transformaciones que han experimentado los colores no solo se deben al paso del tiempo, sino también a varios elementos: condiciones climáticas –y me atrevería a afirmar que las obras que conforman la serie Arquitecturas se corresponden con un clima tropical, como el de su natal Colombia–; avances tecnológicos –como la propia aparición de la fotografía cromogénica, que comenzó a comercializarse a mediados de la década de 1930–; gustos y modas predominantes en grupos que conforman el tejido social; e, incluso, diferencias de género. Además, las transformaciones sociales que experimentan los colores inciden en la vida afectiva de los individuos, porque, así como los colores de las fotografías son afectados por el clima, también lo son los avances tecnológicos, los grupos sociales y las búsquedas de identidad.
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