El árbol en movimiento: apreciaciones sobre la 24ª Bienal Arte Paiz de Guatemala

Regina José Galindo. Yo me siento libre (José Rubén Zamora), 2025. Performance. Fotografía: Carlos Alonzo. Cortesía: Regina José Galindo.

Bienaljun 2026 - nov 2026· Por Adonay Bermúdez

El árbol en movimiento: apreciaciones sobre la 24ª Bienal Arte Paiz de Guatemala

“El Árbol del Mundo” podría entenderse menos como una exposición y más como un organismo en crecimiento. Como en la metáfora que le da título, cada obra funciona como una rama que se extiende hacia otros contextos, memorias y conflictos. La acción –en sus múltiples formas– se convierte entonces en el lenguaje privilegiado de esta edición: no solo como gesto artístico, sino también como forma de situar el arte dentro de las dinámicas vivas de la historia, del territorio y de la comunidad. Una bienal que, lejos de fijar imágenes estables, parece insistir en algo más complejo y quizás más urgente: pensar el arte desde la inestabilidad del mundo que lo atraviesa.

A lo largo de su desarrollo, el arte contemporáneo ha mostrado una inclinación recurrente a desplazar su centro de gravedad del objeto al acontecimiento. Si la modernidad artística se estructuró en torno a la autonomía de la obra, muchas de las prácticas posteriores a los años sesenta –de la acción al arte sonoro, de la performance a las prácticas procesuales– han insistido en pensar el arte como algo que ocurre, más que como algo que simplemente se muestra. Este desplazamiento implica también una reconsideración del tiempo: la obra deja de ser una forma cerrada para convertirse en un campo de duración, de transformación y de experiencia compartida.

Desde esta perspectiva, la 24ª edición de la Bienal de Arte Paiz, titulada “El Árbol del Mundo” y comisariada por Eugenio Viola, puede leerse como una exposición profundamente atravesada por la idea de movimiento. Inspirada en la imagen del árbol cósmico presente en numerosas cosmologías –y especialmente en la tradición maya–, la bienal se articula como una estructura viva que se expande en múltiples direcciones. Sin embargo, más allá de su dimensión simbólica, el movimiento aparece aquí como un principio curatorial: no solo en el desplazamiento entre las distintas sedes de Ciudad de Guatemala y Antigua Guatemala, sino también en la naturaleza misma de muchas de las obras, que se activan, evolucionan o se transforman durante el transcurso de la bienal.

Si bien la performance ocupa un lugar destacado –en sintonía con la trayectoria de Viola–, la bienal despliega una dinámica que trasciende ampliamente ese marco disciplinar. Muchas de las piezas funcionan como dispositivos temporales que toman forma en el espacio expositivo: obras sonoras que se modifican con el tiempo, intervenciones que requieren activación, acciones que inscriben en el cuerpo conflictos históricos y políticos aún abiertos en el continente. Así, más que una sucesión de exposiciones, la bienal se presenta como un sistema en activación permanente, un territorio donde las obras no permanecen inmóviles, sino que se comportan como fuerzas en circulación.

Sigue leyendo este artículo

Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.

El árbol en movimiento: apreciaciones sobre la 24ª Bienal Arte Paiz de Guatemala | artnexus