Para Alessandro Balteo-Yazbeck el arte es un campo de visión desde el cual mapea el mundo de un modo tan poético como crítico, ejercitando e incitando a ejercitar una percepción de lo social inseparable de su propia condición –y de la de todo ser humano– como zoon politikón. Los objetos resultantes de ese proceso, las obras, no son en absoluto la finalidad de su práctica.
La exposición “1994-1995 Mapping Relations” (1994-1995 mapeando relaciones) constituye una apuesta tan certera como arriesgada por su exigencia conceptual, realizada en Durban Segnini Gallery, como una puesta en escena de la serie de obras que, tres décadas atrás, marcaron la inserción y el reconocimiento de Balteo-Yazbeck como artista clave del arte conceptual venezolano. En ese período, en medio de una debacle financiera y bancaria que minaría el sistema político y que abriría paso a un descontento social propicio para la posterior llegada del chavismo, creó su serie histórica, Relaciones hipotéticas.
Una noche de 1994, después de pintar a solas en el tablero negro de una de las aulas de la Universidad Católica Andrés Bello, uno de los muchos dibujos que alguien borraba al otro día, decidió fotografiarlo. Así documentó la primera de sus improvisaciones con tiza blanca, iniciando el registro de sus Relaciones hipotéticas: líneas y puntos nodales que representaban subjetivamente redes de interacciones alusivas al poder de personajes del mundo del arte, la banca y la política; figuras abstractas que evocaban por su fluidez lúdica a Calder o Miró, pero cuya afinidad resonaba con el modo particular en que la retícula de Gego había desafiado la estabilidad de la cuadrilla-matriz de la modernidad: diagramas de relaciones que se desplazaban noche a noche en campos de un juego dinámico sobre pizarras cambiantes que eran siempre Caracas. Los dibujaba mientras oía el sonido continuo de las balaceras que entonces se formaban en los barrios que poblaban los cerros de la ciudad frente al edificio: “Una guerra civil de la que nunca hablaban las noticias”, recuerda. Esa misma noche, hizo una segunda fotografía tomando desde la ventana esos sectores de la Caracas nocturna y, superponiendo luego la imagen de los barrios iluminados a la del tablero intervenido, creó Nightscape (Paisaje nocturno), 1994.
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