Nuestro modo de vida depende del uso de recursos naturales, que transformamos para que se adecuen mejor a nuestros deseos. La historia de las técnicas sigue un esquema de retroalimentación continua; para servir a una necesidad, desarrollamos procedimientos y herramientas que llevan a otras necesidades, que llevan a otras técnicas. Entretanto, en esencia, los elementos que utilizamos hoy ya existen en el planeta desde antes de que surgiera la humanidad. Lo que cambia son las posibilidades de transformación de esos materiales, cada vez mayores conforme crecen los avances tecnológicos. Extendida, la noción de lo que es necesario se amplía, e incluye no solo lo que sirve para abrigarnos, alimentarnos y protegernos, sino también lo que tiene que ver con nuestras vanidades, aquello que nos identifica socialmente.

Antes, la producción de artículos utilitarios y adornos se hacía manualmente, siguiendo tradiciones transmitidas a personas relacionadas por familia, amistad o proximidad geográfica con los artífices. Con el incesante desarrollo industrial, casi todo lo que se usa día a día hoy se produce mecánicamente, transfiriendo los saberes de la artesanía hacia la esfera de transacciones de pequeña escala, relacionadas con el folclor o la afectividad. En un mundo complejo gobernado por la lógica de la acumulación infinita, del consumo compulsivo y de la obsolescencia programada, se promueve el descarte de materiales a velocidad cada vez mayor.
En la individual “Desconocido para el mundo”, Tonico Lemus Auad explora el contraste entre los haceres manuales y los industriales, en trabajos que denotan su preferencia por los primeros, pero dan espacio para cierto grado de desobediencia a las normas. Hace uso de materiales reaprovechados, especialmente la madera; agrega tejidos y bordados e interfiere los objetos con tallas, embutidos y amarraduras. Muchas de las piezas dialogan con la arquitectura de la galería, que acaba funcionando como parte de las composiciones. Esta operación aprovecha el sentido octogonal de los pisos, paredes y techos, que, al ser incorporados como vacíos de las formas, llevan la mirada a detenerse un poco más en las características propias de los materiales de sus “esculturas”, así, entre comillas, una vez que ninguna sus obras se rinde a los cánones de cualquier lenguaje artístico. Las obras son sutiles. No hay nada en exceso, ni en términos de elementos, ni tampoco de colores o texturas, lo que no quiere decir que no intriguen la mirada o el intelecto. Son, eso sí, composiciones sofisticadamente sintéticas.
La instalación que da nombre a la muestra, Desconocido para el mundo (2021), está conformada por vigas de madera colocadas de pie, en una disposición que las dota de cierta cualidad animada, ya que parecen establecer algún tipo de conversación, impresión esta reforzada por sus diferentes características (alturas, señales del tiempo y del uso) y por los elementos que se les añaden, como pedazos de tejido, lo que confiere a cada pieza cierta individualidad. En algunos trabajos textiles el artista se distancia de la orientación vertical/horizontal y construye formas orgánicas, pero manteniendo siempre un comedimiento cromático que evita grandes contrastes, y huye de los colores complementarios, prefiriendo tonos próximos entre sí, con predominancia de aquellos terrosos y cálidos.
Si no fuese por los títulos de las obras, podríamos decir que el conjunto exhibido escapa a las ubicaciones temporales y geográficas. Al mismo tiempo en que Auad escoge elementos reaprovechados y, por lo tanto, cargados de historias, los trabajos no reflejan visualmente épocas específicas. Tienen un tiempo propio, que tal vez no sea posible medir. Aunque el artista emplee técnicas perfeccionadas a través de generaciones de artesanos, hace esto de manera no convencional, rechazando las normas que establecen cuál es un buen resultado. Para experimentar lo máximo posible las cualidades de cada material, escoge adoptar los fundamentos de los saberes antiguos apenas hasta el punto en el que estos no se tornen limitantes expresivos.
En trabajos anteriores, el contenido está muy relacionado con un repertorio material e inmaterial brasilero, como bananos, camotes o figas (amuletos) y carrancas (mascarones de ceño fruncido). También hay elementos europeos presentes en la cotidianidad de Auad, quien vive en Londres desde el final de la década de 1990. En esta muestra, sin embargo, si sabemos los nombres de los trabajos, se nos encamina hacia los lugares y situaciones a los que se refieren. Pero si nos dejamos llevar apenas por la observación, no hay referencias explícitas a su tierra de origen o a cualquier otra cultura específica. Por la forma en que están construidas, las obras no se confinan en un tiempo o lugar en especial, sino que tienen carácter universal. Van más allá de las narrativas y de las cronologías en ejercicios elegantes de experimentos matéricos y de ocupación del espacio.
SYLVIA WERNECK
