Sonia Gutiérrez

Sonia Gutiérrez. Me quiero mucho, poquito y nada, ca. 1967. Óleo sobre tela. 125 x 150 cm (49 7/32 x 59 1/16 pulgadas). Colección privada. *

Monografíadic 2022 - may 2023· Por Cecilia Fajardo Hill

Sonia Gutiérrez

Su pop emancipador

Su obra se ha caracterizado por un estilo pop que unifica las diversas etapas y los diversos contenidos temáticos de su trabajo, y hay dos temas principales que identifican su aporte; por un lado, una obra de corte pop centrada en la mujer, y por el otro, un trabajo de carácter político.

Sonia Gutiérrez (Cúcuta, 1947) es una artista colombiana relevante, particularmente desde finales de los 60 y durante las seminales décadas de los años 70 a 90 en Colombia. Su obra se ha caracterizado por un estilo pop que unifica las diversas etapas y los diversos contenidos temáticos de su trabajo, y hay dos temas principales que identifican su aporte; por un lado, una obra de corte pop centrada en la mujer, y por el otro, un trabajo de carácter político. El primero, dado el contexto colombiano, que ha tendido a invisibilizar a muchas mujeres artistas importantes (1), bien sea porque su arte se centra en temas relacionados con lo femenino, el rol y situación de la mujer en la sociedad y el mundo del arte (2), o sencillamente por ser mujeres (3), podría explicar, hasta cierto punto, esta invisibilidad. Sin embargo, en un país donde el tema de la violencia ha sido central para el arte y la cultura, es menos comprensible que Gutiérrez no sea más celebrada.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 1
Sonia Gutiérrez. Y con unos lazos me izaron, 1979. Pintura acrílica sobre tela. 150 x 120 cm (59 1/16 x 47 ¼ pulgadas). Colección Museo de Arte Moderno, La Tertulia, Cali, Colombia. *

Gutiérrez estudió dibujo, pintura y cerámica durante dos años en la Escuela de Artes Plásticas de la Casa de la Cultura de Cúcuta, y luego, en 1963, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá (4). En 1968, cuando participó en la I Bienal Iberoamericana de Pintura, Coltejer, Medellín, ganó el concurso de una beca de Colcultura para estudios de especialización en el extranjero, y realizó estudios de posgrado hasta 1970 en París, en el Atelier 17, nombre del taller internacional de grabado del maestro británico Stanley William Hayter (5). A su regreso a Colombia, instaló un taller de pintura y de grabado en Bucaramanga; la artista explica que esta ciudad era epicentro de los masivos desplazamientos campesinos del Magdalena Medio y del sur del departamento de Santander, provocados por las acciones de tierra arrasada en la guerra contrainsurgente, de las cuales huían forzadamente. Gutiérrez describe: “Esta nueva realidad de mi entorno social conmovió mi sensibilidad y se expresó en mi pintura y en mi obra gráfica. La temática de aspectos peculiares de la juventud y la mujer, que predominó en una primera etapa de mi obra, cedió paso a la temática sobre la represión a partir de los años 70” (6). A finales de 1997, la artista salió de Colombia y se fue a vivir a Suiza, donde reside.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 2
Sonia Gutiérrez. No me parezco a Marilyn en nada, 1967. Óleo sobre tela. 190 x 160 cm (74 51/64 x 62 63/64 pulgadas) Colección privada. *

La obra de Gutiérrez se ha caracterizado desde sus comienzos por su estilo pop. Colombia posee un capítulo importante de la historia del arte pop que no ha sido reconocido suficientemente (7), del cual Gutiérrez es, sin duda, una de sus representantes más importantes. En un texto sobre arte pop en Colombia, la influyente crítica Marta Traba establece la diferencia entre la obra de Gutiérrez y el pop americano. Ella escribe: “La pasión que siente Sonia Gutiérrez por las cosas es muy distinta a la que se advierte en las obras de los artistas norteamericanos mientras ellos registran el vocabulario común de los objetos comprables en la sociedad de consumo, las cosas que aparecen en las grandes telas de Sonia Gutiérrez son más íntimas y personales” (8). La singularidad del lenguaje pop de Gutiérrez es justamente que trata sobre temas intimistas relacionados con la vida de la mujer, sin que estén determinados por la cultura de consumo, y, por lo tanto, contradice los preceptos tradicionales del pop. Gutiérrez misma afirma sobre el estilo pop de sus obras: “por el contenido de la temática de mi obra, lejos de la banalidad propia del pop, podría afirmarse que se trata de un pop alternativo”.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 3
Sonia Gutiérrez. Magdalena medio, 1977. Serigrafía en papel Arches 250 gramos. 37.5 x 53 cm (14 49/64 x 20 55/64 pulgadas). Colección del Banco de la República, Bogotá, Colombia; Museo de Arte Moderno de Bogotá - MAMBO; Colección Prográfica, Cali, Colombia; y otras colecciones. *

Sus obras se particularizan por el empleo de una gruesa línea negra que demarca sus figuras y objetos; por la falta de perspectiva, por la dislocación de sus composiciones, y por el uso de colores y formas planas sin modelado. A pesar de que en ocasiones usa colores contrastantes, en general su paleta es de colores pasteles más bien sombríos, que la artista describe como “una modalidad cromática distante de los colores cálidos y de la gama de colores fríos en la escala cromática”.

Estos colores pueden ser incluso no armónicos entre sí, ya que, al ser combinados unos con los otros, en sus composiciones crean ciertas disonancias sutiles, estableciendo atmósferas que niegan el optimismo y la vitalidad, y que producen una tensión existencial. Para su primera exposición individual, realizada en 1967 en la Sala Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos de la Biblioteca Nacional, en Bogotá, la artista exhibió “obras íntimamente relacionadas con los aspectos de la vida juvenil y femenina urbanas”. Con títulos tales como Hagamos el amor no la guerra, 1967; Viaje a la peluquería, 1967, Yo no soy sexy, 1967; No me parezco a Marilyn en nada, 1967; y Con este tipo y sin dinero quién me va a querer a mí, 1967, se denota un sentido de ironía y autorreflexión.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 4
Sonia Gutiérrez. Seguiremos diciendo patria, 1972. Pintura acrílica sobre tela. 300 x 166 cm (118 7/64 x 65 23/64 pulgadas). Colección Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Colombia. *

Esta serie es bastante enigmática, en parte, por la falta de facciones de los rostros de las mujeres, una característica de todas las figuras de la artista; pero, por otra, por representar la belleza y feminidad singulares de la mujer en estado de alienación. Las figuras aparecen flotando, a menudo abatidas, suspendidas en el tiempo y el espacio, y tienen la cabeza inclinada, tal como apreciamos en No me parezco a Marilyn en nada, de 1967, en la cual se observa una mujer sola, en ropa interior, que está cubriendo su rostro con su brazo, mientras llora o se encuentra en estado de aflicción. A pesar de presentar a la mujer vistiendo solo su ropa íntima, no tenemos acceso a su cuerpo, ya que no se exhibe ni existe para nuestra mirada o deseo, sino para sí misma. Es interesante notar la audacia de la artista al monumentalizar una figura femenina al tamaño ineludible de 190 x 120 cm, representando de forma imponente la realidad existencial y la soledad de una mujer, algo que la sociedad normalmente ignora o reprime, debido a su imposición de un modelo de perfección y disponibilidad femenina incondicional hacia los demás. La tensión y la fuerza de la obra se encuentran en la forma como representa una realidad invisible de la mujer, a la vez que la dignifica, sin ofrecernos la alternativa fácil de sentir lástima, o de pretender entenderla.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 5
Sonia Gutiérrez. Serie Protestas, 2020. Pintura acrílica sobre tela. 100 x 100 cm (39 ⅜ x 39 ⅜ pulgadas). Colección de la artista. *

Desde el inicio de su trayectoria, y durante esta etapa, la mujer ocupa un lugar central en su obra, donde aparece sola, o descansando, o en compañía de otras mujeres. En muchos trabajos, como el anterior, las figuras parecen experimentar soledad, alienación, tristeza, y se encuentran inmersas en una atmósfera densa y de gran intimidad, otorgándoles un carácter existencial y misterioso, tal y como observamos también en Me quiero mucho, poquito, nada, c. 1967, donde la silueta desnuda de piel blanca completamente plana se encuentra acostada sobre una tela de patrones florales, contrastada con un fondo negro. Mientras que la tela hace eco del mundo femenino, la oscuridad denota el contexto hostil, la falta de lugar y de futuro de la mujer. Es importante señalar que estas obras no son autobiográficas, aunque se centren en la mujer, y la artista ha señalado que “su actitud cabizbaja y su soledad representan una situación de dominación, a la que en general está sujeta la mujer en las condiciones del desarrollo objetivo de la sociedad colombiana, con sus valores culturales machistas”.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 6
Sonia Gutiérrez. Serie No. 2, Paso a la vida, 1985. Pintura acrílica sobre tela. 240 x 170 cm (94 31/64 x 66 59/64 pulgadas). Colección privada. *

Gutiérrez no fue ni es militante feminista, pero se siente solidaria con “las luchas de la mujer por su emancipación social del régimen patriarcal y machista, y con sus combates por la efectividad de sus derechos individuales y colectivos, tanto económicos como sociales, políticos, laborales y culturales, por la igualdad y el libre desarrollo de su personalidad y contra toda forma de opresión y esclavitud. Lucha feminista que, en definitiva, resulta inseparable del conjunto de las luchas populares por las transformaciones económicas, sociales y democráticas de la sociedad. De alguna manera, esta actitud se refleja también en mi obra”. En este sentido, la obra de la artista posee una singularidad única, por unir la causa social de la mujer y la de la sociedad, y no separarlas; al contrario de la posición binaria de, por ejemplo, los movimientos de izquierda maoístas y trotskistas, que rechazaban el feminismo a favor de las causas generales del pueblo. Podemos deducir, por lo tanto, que la transición de Gutiérrez entre el tema de la mujer y el tema de la violencia no representa un antes y un después, sino que tiene que entenderse como la continuidad de un proyecto artístico dedicado a la lucha en contra de la opresión y por la emancipación social de todos, incluida la mujer, con quien se solidariza, y que será siempre central en su obra.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 7
Sonia Gutiérrez. Cimitarra, vivo o muerto al aeropuerto, 1976. Linóleo sobre papel. 42 x 32.5 cm (16 17/31 x 12 51/64 pulgadas). Colección UCLA Grunwald Center for the Graphic Arts, Hammer Museum. Comprado con fondos proporcionados por Lottie Talpis Acquisition Fund, Los Angeles. *

Cuando la artista se mudó a Bogotá en 1963 para estudiar en la Universidad Nacional, se encontró inmersa en un ambiente de turbación política. Gutiérrez recuenta: “Se vivía un clima de gran agitación ideológica y política al influjo del triunfo de la Revolución cubana y de la figura legendaria del Che Guevara. Fue la época de la influencia del sacerdote católico Camilo Torres Restrepo y su Teología de la Liberación, entonces capellán de la Universidad Nacional. Por otra parte, en el país se producían acontecimientos que marcaron la vida nacional y que se reflejaron en la vida universitaria y en el movimiento estudiantil”. En 1964 inicia el Conflicto Armado en Colombia, que dura hasta la firma de acuerdo de paz del 2016. Adicionalmente a este contexto político y social, Gutiérrez también experimentó la influencia del mayo de 1968 en París, y del surgimiento de los movimientos de contracultura, tales como el feminismo, el pacifismo en contra de la guerra de Vietnam, y de los derechos civiles. La artista indica: “la conciencia de rechazo a la asfixia de las libertades y a la represión de las luchas sociales reivindicativas y democráticas, contribuyeron a forjar mi propia sensibilidad consciente ante la injusticia y a expresarla en mis obras”. Tal como describió antes la artista, en medio de la represión oficial en regiones campesinas y centros urbanos, mientras era profesora del departamento de Dibujo de la Universidad Industrial de Santander, en Bucaramanga, Gutiérrez en los años 70 se dedicó a desarrollar su trabajo sobre el tema de la represión, y en particular, el tema de la tortura institucionalizada, especialmente sobre las personas más vulnerables, como lo eran los jóvenes y las mujeres. Muchas de sus obras se refieren a eventos específicos o lugares álgidos de conflicto, tales como la serigrafía Magdalena medio, de 1977, que hace parte del Graficario de las luchas populares en Colombia, editado por el Taller Pro Gráfica de Cali y prologado por el escritor Gabriel García Márquez. El cuerpo de Magdalena refiere directamente a la zona de la Magdalena y la brutalidad del Gobierno en contra de las movilizaciones campesinas y de los civiles. Gutiérrez explica: “mis obras revisten carácter documental, en cuanto han sido realizadas sobre hechos que tuvieron ocurrencia real, denunciados por sus víctimas o por organizaciones de derechos humanos y registrados en sus informes o en la prensa”. La forma de figurativismo de esta obra, que además caracteriza su trabajo a lo largo de los años, comunica de forma profunda, pero no es exactamente realista. A pesar de, y, a la vez, gracias a su estilo pop, sus obras no son ilustrativas ni abiertamente expresivas; sin embargo, tienen la capacidad de conmovernos de manera profunda, como en Magdalena medio, en la cual el cuerpo de una mujer joven, con la cabeza caída, flota dislocada por las sogas que amarran su cuerpo torturado sobre un fondo blanco; el vacío representa el abismo de los derechos civiles, inexistentes durante ese período.

Monografía: Sonia Gutiérrez — imagen 8
Sonia Gutiérrez. Pandemia, 2020. Linóleo sobre papel 32.5 x 25 cm (12 51/64 x 9 27/32). Colección gráfica de la Trienal Mundial de la Estampa Contemporánea, Chamalières, Francia. *

Una de las obras más impactantes de este período es Y con unos lazos me izaron (And they lifted me up with rope), de 1977, que refiere al caso de la doctora colombiana Olga López Jaramillo de Roldán, apresada por dos años sin pruebas, y detenida en su apartamento junto con su pequeña hija de cinco años, amenazadas las dos de ser violadas, al ser acusada de auxiliar medicamente a un guerrillero del M-19. La doctora permaneció vendada y amarrada durante catorce días, mientras fue torturada, y sometida varias veces, durante horas, a colgamientos con las manos atadas a la espalda en la cárcel de la Brigada de Institutos Militares. Durante los juicios en contra de los militares, la doctora describió: “me acolchonaron las muñecas y con unos lazos me izaron”. Y de allí, el título de la obra. En esta pieza, como en las anteriores, el rostro no se distingue, ya que, al “guardar el anonimato, cobra mayor significación frente a la dignidad de las víctimas en las obras sobre la represión”. Nuevamente, la figura flota en el vacío, boca abajo, contorsionada, sujetada por los amarres en sus pies, en una posición imposible, sin que veamos lo que está pasando con su cabeza, puesto que la composición se corta, dejándola inconclusa, simbolizando la imposibilidad y el horror de la supervivencia ante la tortura y la injusticia (9).

En años recientes, demostrando la vigencia de la obra de Gutiérrez, durante la pandemia y las protestas sociales en Colombia (10) y en el mundo, su obra se volcó a estos temas. La artista se conmovió mucho ante la pandemia y sus efectos devastadores, y en 2020 trabajó el tema en una serie de linóleos, que mostró en la 11 Trienal Mundial de la Estampa Contemporánea, en Chamalières (Francia), en 2021. La artista describe que la serie alude a la iconografía medieval del médico de la peste negra, representado como un personaje con cara de pájaro y guantes de cuero, con un traje que sella su cuerpo, y portando grandes anteojos y un enorme pico encorvado, a manera de máscara protectora. Gutiérrez escribe: “Esa imagen me sirvió de punto de partida para simbolizar en mi serie de linóleos el drama que a escala planetaria ha cobrado la pandemia. Visto verticalmente, el grabado evoca la figura del sanador de la pandemia medieval, y en sentido horizontal representa el rostro protegido del sanitario contemporáneo de la actual pandemia del coronavirus, entrelazando siglos de historias pandémicas” (11). De esta manera, la artista realiza una obra dialógica entre el pasado y el presente, que denuncia el presente, pero a la vez atisba a un posible futuro. Sonia Gutiérrez, siempre vigente, nos conmueve con su proyecto artístico nacido en los años 60, y que sigue expandiéndose hasta nuestros días, para insistentemente proponer la creación de un pop emancipador.

NOTAS

1. Existe un importante grupo de artistas mujeres que han ocupado un lugar protagónico en Colombia, tales como Feliza Bursztyn, Olga de Amaral, Beatriz González y Ana Mercedes Hoyos, y a partir de finales de los años 80 y comienzos de los 90, una nueva generación de artistas, tales como Johanna Calle, María Fernanda Cardoso, Consuelo Gómez-Soto, María Teresa Hincapié, Luz Lizarazo y Doris Salcedo, han sido centrales. En años recientes comenzó un proceso de recuperación de artistas, tales como María Evelia Marmolejo, Karen Lamassonne, Flor María Bouhot, e investigadoras como Carmela Jaramillo, que ha demostrado la importancia de artistas tales como Cecilia Porras y Beatriz Daza. Luego de los 90, la mujer ha tenido una visibilidad más constante en el arte colombiano.

2. Por ejemplo, Julia Acuña, Delfina Bernal, Patricia Bonilla, María Teresa Cano, Maripaz Jaramillo, Karen Lamassonne, María Evelia Marmolejo, Sandra Llano-Mejía, Clemencia Lucena y Rosa Navarro.

3. Tales como Sara Modiano, Freda Sargent y Nirma Zárate.

4. La artista indica que entre sus profesores se encontraban los maestros Jorge Ruiz Linares, en dibujo; Luis Ángel Rengifo y Augusto Rendón, en grabado sobre metal; Manuel Hernández y Carlos Granada, en pintura; Edgar Negret, en escultura; Ignacio Gómez Jaramillo, en pintura al fresco; Jorge Pinto, en fotografía; Eugenio Barney Cabrera, en historia del arte; Francisco Posada Díaz e Isabel Sánchez, en estética y humanidades. Entrevista escrita con la artista, agosto 31, 2021.

5. Entre los años 60 y 70, la artista participó en numerosas exposiciones en Colombia, tales como las versiones del Salón Nacional de Artistas; el III Concurso nacional de pintura Croydon, Museo de Arte Moderno, Bogotá, 1966; la Bienal Iberoamericana de Pintura, Coltejer, Medellín, 1968; “Pintura, escultura y tapicería de Colombia”, Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República, Bogotá, 1968; “10 años de arte colombiano”, Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, 1971; “Exposición Panamericana de Artes Gráficas” de 1970, y las siguientes Bienales Americanas de Artes Gráficas, Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, 1970-1976.

6. Todas las citas de la artista en este ensayo, a menos que se haga una indicación diferente, corresponden a entrevista escrita con la artista, agosto 31, 2021.

7. En exposiciones internacionales de arte pop recientes que proponen revisiones más globales que dan cuenta del arte pop más político, en lugares como América Latina y Europa, y en la contribución de las mujeres a este lenguaje, tales como “The World Goes Pop”, Tate Modern, Londres, 2015; “International Pop”, Walker Art Center, Minneapolis, 2015, y “Pop América: 1965-1975”, Nasher Museum of Art, Durham, 2019; la presencia de América Latina se centra en Brasil y Argentina, y de Colombia se conoce fundamentalmente a Antonio Caro y Beatriz González. La muestra “Seductive Subversion: Women Pop Artists, 1958-1968”, University of the Arts, Filadelfia, 2010, incluyó únicamente a la venezolana Marisol, por América Latina. La Fundación Proa realizó la muestra “Arte y contradicciones. Pop, realismos y política. Brasil- Argentina 1960”, en 2012, pero queda una labor pendiente sobre el arte pop de América Latina.

8. Marta Traba, Historia abierta del arte colombiano. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1984, 243-44. En 1968, Gutiérrez participó en la exposición “Los que son”, curada por la influyente Marta Traba, con obra de esta misma temática, que fue particularmente importante porque reunía a los diez artistas colombianos que consideraba más importantes del momento. Traba, quien era una crítica del arte pop norteamericano, encuentra en la obra una perspectiva local de valor, y escribe: “Sonia Gutiérrez: Es la integrante de la última promoción de pintores que ha sabido encarnar más perfectamente una inocencia de concepción (ironía y frescura en el diseño, escándalo en los colores), que revela una visión nueva en Colombia, coincidente en el mundo con los Beatles, los hippies, la fraternidad de una juventud empeñada en repartir flores entre antropófagos”. Marta Traba, Los que son, Bogotá: Antares Tercer Mundo, S. A., 1968.

9. La obra sobre el tema de la violencia de Gutiérrez es extensa, e incluye la serie de linóleos, tales como Cimitarra, vivo o muerto al aeropuerto, de 1976, y Operación rastrillo, de 1976, enfocada en fragmentos del cuerpo; y obras tales como Seguiremos diciendo patria, de 1972; y su serie Paso a la vida, de 1985; y muchas obras más que merecerían un estudio detallado y ser incluidas en una muestra retrospectiva de la artista.

10. En la nueva serie Protestas, de 2020, sobre las recientes movilizaciones populares en Colombia, vuelve a aflorar la vulnerabilidad del civil, y trae a la memoria la serie Blindados, de 1992, y su trabajo sobre opresión en Colombia de los años 70-80. No es posible, por el tema de espacio, ahondar en estos trabajos.

11. Correspondencia escrita con la artista, 26 de febrero, 2022.

*© Sonia Gutiérrez.

CECILIA FAJARDO-HILL

Sonia Gutiérrez, por Cecilia Fajardo Hill | artnexus