Celebrar el centenario de un artista siempre pone en evidencia una serie de circunstancias.
Toda conmemoración rememora, naturalmente, la trayectoria de la creación y expone las direcciones de un proyecto de investigación plástica que tuvo relevancia y alcanzó una expansión significativa en la escena contemporánea, tocando a las nuevas generaciones y creando perspectivas futuras.
Exactamente, esas son las circunstancias que motivaron el reencuentro con la obra de Rubem Valentim en 2022, en un movimiento de celebración y de reconocimiento del legado y de la elocuencia de un proyecto de visualidad que se mantiene vivo y actuante en diversos escenarios.

En un panorama de celebración de la memoria del maestro del “rayado” brasilero, las galerías Almeida & Dale y Pinakotheke, en São Paulo, iniciaron los homenajes del centenario.
Rubem Valentim (1922-1991) tuvo un rol innegable en la escena contemporánea, con su muy particular vocabulario visual, marcado por una comprensión sagrada de la geometría, siempre reinterpretada por el gesto consciente de la simbología de su cultura afrobrasileña.
Creador inquieto, cumplió su destino al elaborar una sintaxis visual comprometida, siendo la geometría su característica más íntima como potente medio constructivo universal.
Así, la fuerza de la exposición “Ilê Funfun: un homenaje al centenario de Rubem Valentim” abrió el año de celebraciones, consagrando la itinerancia y el espíritu de un proyecto que se suma a otras iniciativas de gestores de centros culturales, artistas, críticos de arte y coleccionistas de la creación del artista bahiano, que circuló entre Brasil, Europa y África.
“Ilê Funfun”, exposición promovida por la acción conjunta de distintas instituciones, reunió a la Galería Almeida & Dale, al Museo de Arte de Brasilia, al Museo de Arte de Bahía y al Instituto Rubem Valentim para el recorrido de un año de desplazamientos, de un proyecto de investigación y especial inmersión en una obra distinguida de la poética de Valentim: el Templo de Oxalá.
Para el recorrido, después de la etapa de São Paulo, la muestra prosiguió en el altiplano central, en el Museo de Arte de Brasilia, y, al final del año, en el Museo de Arte Moderno de Bahía, y en noviembre de 2022 finaliza un ciclo de celebraciones.
Contando con la bien fundamentada investigación de Daniel Rangel, curador del Museo de Arte Moderno de Bahía, quien firma la curaduría de la muestra en todo su recorrido, “Ilé Funfun” parte de una decisión que privilegia la religiosidad, factor muy presente en toda la trayectoria del artista.
Ilê, término yoruba, se refiere a la casa y al “terreiro”, ese espacio sagrado tan celebrado en los cultos afrobrasileños, que marca la fuerza de lo ancestral y el dominio de los “orixás” (divinidades africanas) sobre lo cotidiano.
Já Funfun, también de origen yoruba, es el término usado para denominar el color blanco, directamente relacionado con los “orixás”, que se visten de blanco –esas entidades de la mitología africana del candomblé–, que rigen la vida en todas sus más diversas manifestaciones.
Así, en este universo blanco y regentado por los “orixás” que acompañaron la investigación plástica de Valentim, la muestra presentó un panorama de creación dividido en tres núcleos.
El primer núcleo destacó el Templo de Oxalá, un conjunto compuesto por diez relieves y veinte esculturas en madera –obra expuesta en la 14ª Bienal de São Paulo, en 1977, que actualmente integra la colección del Museo de Arte Moderno de Bahía– que revela la tónica dominante de la propuesta curatorial en su mayor extensión, como un espacio vivo de la nueva instalación.
El segundo núcleo presentó el lugar de trabajo de Valentim, el atelier en su dimensión de práctica cotidiana entre estudios, telas parcialmente ejecutadas y muchas herramientas.
Por último, el tercer núcleo, titulado Cronología, registró la fuerza de una extensa investigación sobre la obra y vida del artista, expuesta cuidadosamente, según una línea de tiempo, en diálogo con documentos de archivo, organizados en una amplia vitrina con fólderes, fotografías y carteleras.
El impacto de la reactivación del Templo de Oxalá, instalación presentada como “terreiro” ceremonial del candomblé en la sala expositiva, encarnó la dimensión ritualista de la creación de Valentim, en un ambiente ocupado por sus diversas investigaciones formales y espirituales.
En palabras del curador, leemos su lógica: “En ‘Ilê Funfun’ está reunido lo esencial de la trayectoria del artista: un poderoso conjunto artístico-sagrado y las referencias de su universo particular, esto es, el Templo de Oxalá y objetos que estaban en su entorno, partes de colecciones del Museo de Arte Moderno de Bahía, del Instituto Rubem Valentim, cuya sede queda en São Paulo, y del Museo de Arte de Brasilia, lugares que fueron sus casas, espacios que fueron sus ilês (casas de candomble, terreiros)”.
También, para el recorrido de la exposición, un poderoso catálogo bilingüe que acompañó la muestra en todo su recorrido por São Paulo, Brasilia y Salvador, retomó, con su blanco y luminoso proyecto gráfico, el pensamiento visual de Valentim para el proyecto original del catálogo de la primera presentación del Templo de Oxalá, en la XIV Bienal de São Paulo, en 1977.
El compás de homenajes tuvo también otra exposición de las creaciones del artista, ampliando el conjunto de celebraciones del centenario en São Paulo. La muestra ideada por Max Perlingeiro, en la Pinacotheke Galeria, trajo al público la panorámica “Rubem Valentim - Sagrada Geometría”, un evento conmemorativo organizado en tres frentes de acciones conmemorativas.
La exposición, una extensión de un libro homónimo organizado por el artista visual Bené Fonteles, con ensayo fotográfico inédito de Christian Cravo sobre el Templo de Oxalá –trabajo realizado en el espacio del Museo de Arte Moderno de Bahía–, dio vida a un audiovisual inédito elaborado para la ocasión, con testimonios sobre la poética visual del maestro bahiano.
En el contexto mostrado, la presentación bilingüe de la Pinacotheke configuró el primer frente de conmemoraciones aportando el rescate de la creación desde la perspectiva de la espiritualidad, conforme a las palabras de Perlingeiro, “Valentim quería esa conexión sagrada en complementación estética. […] El proyecto editorial comenzó a ser elaborado en el 2017, para presentarlo en el 2020”.
Así, la tríada conmemorativa, partiendo del proyecto de la publicación de un libro antológico, que enseguida se desdobló en la exposición consagrada al centenario, trajo consigo el audiovisual Rubem Valentim 1922-1991 Sagrada Geometría, una producción original para la TV Pinakotheque, otro frente de acción muy importante, verdadera contribución a la memoria del artista.
En las dos publicaciones, se puede reconocer el mismo flujo de una consciencia afrobrasileña, revelado en las firmes convicciones del artista cuando divulgó su Manifiesto Aunque Tardío, en 1976, reflexiones sobre su práctica artística y sus compromisos. “Mi arte tiene un sentido monumental intrínseco. Viene del rito, de la fiesta. Busca las raíces y podría reencontrarlas en su espacio, como una especie de resocialización del arte, perteneciente al pueblo”.
Ciertamente, otro flujo de energía transitó entre las dos exposiciones, y encontró, en el Templo de Oxalá, el lugar de los rayados brasileros en la celebración del centenario del artista.
Dedicado a Oxalá, orixá de la creación que está presente de forma tan intensa en las comunidades yoruba, el templo de Valentim le daba un nuevo sentido a lo blanco, que rige, por excelencia, la presentación del orixá en la mitología ancestral africana.
Ese mismo blanco reinventado en el templo de Valentim creaba, gracias a la estética del maestro bahiano, la ambientación de un terreiro constructivo, lugar de interacción y convivencia siempre plural.
A partir de su consciencia crítica, Valentim elaboró el rayado brasilero, su alfabeto de variaciones “meta-sígnicas” como legítimo repertorio de sus sagradas investigaciones formales.
De hecho, Valentim siempre mereció la atención que recibe ahora, de manera cada vez más consistente, amparada por estudios críticos sobre su creación y por una cantidad importante de colecciones que en las últimas décadas amplían sus adquisiciones, entendiendo que la vocación constructiva latinoamericana no era ni nunca fue homogénea ni se limitó a una única forma de expresión.
Rubem Valentim trajo al rigor de una geometría calculada, medida por el trazo preciso, la dimensión de un proyecto visual que extrapola los campos de la racionalidad y penetra de manera consciente en mundos inmersos en la dimensión simbólica de nuestras culturas ancestrales.
CLAUDIA FAZZOLARI
