Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Carlos Jiménez

Rosemberg Sandoval in Poland

Gdansk’s Center for Contemporary Art

“Labriego”, la exposición de Rosemberg Sandoval en Polonia, fue un importante reconocimiento internacional de la calidad y la valía de su trabajo artístico. Inaugurada el pasado 29 de abril en Laznia, el Centro de Arte contemporáneo de Gdansk, no es, sin embargo, el primer reconocimiento de esta índole que merece. Ya había obtenido otros en Argentina, Venezuela y España.

Pero exponer en Europa del Este, y en un centro de arte donde han expuesto figuras tan relevantes como Gerhard Richter o Gilbert and George es de una importancia aún mayor. Acrecentada por el hecho de que su obra, por su crudeza, no es de fácil digestión por los estómagos exquisitos ni de inmediata aceptación por públicos extranjeros, por lo profundamente que está arraigado en Colombia y en su experiencia vital.

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Rosemberg Sandoval. Eu Ropa, 2022. Performance. Foto: Adam Bogdan. Cortesía Centro de Arte Contemporáneo Laznia.

La obra del artista caleño logró, sin embargo, vencer estos obstáculos y establecer un vínculo con el público polaco, evocando problemas comunes. Sandoval inauguró “Labriego” con una nueva versión de la performance EU- ROPA, que consiste en que alguien elegido por el artista se tumba en una tarima y permite que él lo vaya envolviendo delante del público con tiras de telas hechas de ropa desgarrada, en una operación semejante a la de amortajar un cadáver. En una versión anterior realizada en Cali, la elegida fue una mujer madura desplazada de su tierra por la violencia. En Gdansk, fueron Paola –su mujer– y Tomás –su hijo– quienes fueron amortajados ante un público en el que había refugiados ucranianos desplazados de su país por la guerra que actualmente lo asola.

La conciencia de males compartidos, a pesar de las distancias y las diferencias, también fue promovida por Puñado de tierra, instalación incluida, así mismo, en esta muestra. La componían 160 bolsas de plástico reciclado clavadas a la pared y con un puñado de tierra dentro. En cada una de ellas, Sandoval había escrito el nombre de un familiar o de un pariente. Se trata –explicó– de una “especie de árbol genealógico de la familia que me tocó”. Llevar consigo un puñado de la tierra que te vio nacer fue una costumbre practicada por los emigrantes que huyeron de Europa con poca o ninguna esperanza de regresar a su lugar de origen, en los siglos XIX y XX. Entre ellos, los polacos que vivían en territorios que eran de Polonia antes que la redefinición en 1945 de sus fronteras los dejara fuera de ellos, obligándolos a abandonarlos para siempre.

La motivación de Puñado de tierra ancla en la biografía de Sandoval. Él es quien ha llegado a ser porque sus padres –campesinos de Cartago (Valle)– debieron abandonar su tierra en los años 50 del siglo pasado, obligados por las amenazas proferidas por las bandas de matones al servicio de los terratenientes. Se fueron a Cali para nunca más volver, y la instalación es un homenaje a su desarraigo irremediable. Como lo es también el título que ha elegido para esta muestra: “Labriego”, cuyo significado él explica en el texto de sala.

La exposición la completaban cinco fotos de gran formato entresacadas de los videos que documentan otras tantas de sus acciones. Y la proyección de tres videos titulados Mugre, Rose-Rose y Acciones políticas. El primero registra la versión de una de las performances más extraordinarias realizadas por este artista caleño en las cuatro décadas de su carrera artística. Consiste en que él contacta con un indigente y acuerda su participación. Al día siguiente, vestido de blanco, le busca en la calle, se lo echa al hombro y camina con él hasta una de las salas, donde realiza el performance, y, utilizando como si fuera una brocha gorda o un rodillo la mugre que impregna sus ropas, pinta las blancas paredes de la sala, y, por último, una tarima igualmente blanca puesta en el suelo. Al final, ambos se marchan.

La raíz de la agresiva irreverencia de Mugre se sitúa igualmente en la singular biografía de Sandoval, quien, en el texto de sala antes mencionado, narra que “en mi casa, lo más aproximado a la pintura y a la performance lo hacía mi papá, un albañil salvaje al que yo de niño le preparaba los colores para sus trabajos ejecutados en las casas de nuestros vecinos. Mirarlo pintar de manera gestual, chorreada, obsesiva, desenfrenada, trepado en una escalera hechiza de guadua, amarrada con alambre, era conmovedor”.

El video Rose-Rose documenta una acción homónima, realizada en varias ocasiones por Rosemberg, en la que él, de nuevo vestido de blanco, se sienta y destroza ramos de rosas rojas mientras las espinas de sus tallos le hieren las manos y las hacen sangrar. El video Acciones políticas, de 26 minutos, enseñaba las veintidós acciones que realizó de un tirón en un solo día. Son poemas visuales, que oscilan entre la ternura del artista rellenando con juguetitos una grieta en el pavimento de una carretera y la violencia del acto de colgar de los pies a un “habitante de la calle” en el quicio de la puerta de la habitación de uno de sus hermanos, en la casa paterna. En medio, Rosemberg completamente vestido de negro, con el cadáver de un bebé colgado de su cuello, cerca del tanque lleno de formol, donde, entre cadáveres, flota el de la madre del bebé, muerta, como él, en la miseria.

La curadora fue Anna Róg.

CARLOS JIMÉNEZ

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