Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Diana Cuéllar Ledesma

River Claure

Galería Cámara Oscura

En idioma aimara, la palabra Ch’ixi significa algo parecido a gris. Es una traducción aproximada, porque el término refiere a un color indeterminado presente en el textil aimara, que los tejedores obtienen al superponer hilos de tonalidades diferentes. A River Claure (Cochabamba, Bolivia, 1997), el término le parece un buen símil para pensar la identidad y sus complejidades: la superposición de prácticas y culturas da como resultado una identidad cultural de mezcla, difícil de defirnir. Su reciente proyecto fotográfico Warawar Wawa (hijo de las estrellas) responde a una exploración visual de la identidad boliviana a través de la reinterpretación de la novela El principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Exposición Individual: River Claure — imagen 1
River Claure. Warawar Wawa VII, 2019. Impresión giclée sobre papel algodón. 100 x 66 cm (39 ⅜ x 25 63/64 pulgadas). Foto: Cortesía del artista y Cámara Oscura Galeria de Arte, Madrid.

Cuando el universo de El principito se evoca en territorio andino, el resultado es una imaginería fantasiosa interactuando con el bagaje del indigenismo latinoamericano. Coloridas y desconcertantes, las fotografías de River Claure remiten a la estética kitsch, con sus tonos apastelados y su luz suave y matizada. La serie forma parte de un proyecto mayor, que consiste en la traducción de la novela al idioma aimara y recrea las ilustraciones realizadas por Saint-Exupéry, adaptándolas al desierto boliviano.

De naturaleza poética y filosófica, el relato de Saint-Exupéry, escrito y publicado durante la Segunda Guerra Mundial, plantea una mirada crítica hacia el sistema mundo que condujo a los horrores de la bomba atómica y los campos de concentración. El adultocentrismo, y el hecho de que el protagonista de la novela sea un niño, han llevado a clasificarla como literatura infantil, cuando, en realidad, en esta novela la adultez es solo una metáfora de la modernidad y la civilización occidental, mientras que la infancia simboliza bondad y sabiduría. ¿Cómo sería el principito en un contexto aimara? ¿Qué pasaría si en lugar de en el Sahara, la novela transcurriera en los Andes bolivianos? ¿Es la aproximación de Claure un resabio de la mirada paternalista hacia los pueblos originarios tendente a su infantilización? Un cambio de perspectiva podría ser un buen comienzo para plantear los términos de la discusión.

Trasladar los pasajes de la novela al contexto aimara implica un reajuste de sus alcances simbólicos. El principito no es ya un niño, sino que su campo semántico se expande a todo un universo epistémico-ontológico en el que los pueblos originarios difieren significativamente de la cosmogonía europea. La mirada, aguda y sabia, no es infantil, sino propia de una civilización diferente. La tradición eurocentrista de infantilizar a la otredad, idealizándola, puede rastrerse, al menos, hasta el mito del buen salvaje. Es una operación de poder en la que, como se ha dicho desde la crítica poscolonial, el “otro” siempre es el no europeo y lo infantil equivale a una posición de inferioridad frente a los saberes hegemónicos.

Una nueva valoración de las infancias implicaría un cambio profundo de paradigma, y, por lo tanto, los debates sobre la infantilización de los pueblos originarios tocarían nuevos matices críticos. Mientras lo anterior no ocurra, la idea de un principito aimara (o de la civilización aimara como el edulcorado contrapeso de los vicios de Occidente) seguiría siendo el resultado de una operación de exotización de lo indígena como producto para la mirada exterior. En este contexto, la aproximación de Claure busca alejarse de la visualidad de explotación étnica; sus fotografías son cuidadas y estéticas, pero no incurren en la mirada antroplógica y, en cambio, se mueven en los terrenos de lo inverosímil, el misterio y la fantasía.

Nubosidades en medio del salar de Uyuni, en Potosí, el desierto de sal más grande del mundo; un hombre con vestimenta aimara usando gafas de realidad aumentada, o la famosa estampa del principito rodeado de rosas, que en este caso emanan de las trenzas de las llamadas cholitas luchadoras, como una metáfora de la función de defensa de las espinas, se presentan aquí como imágenes de lo inusitado. El proyecto es el resultado de tres años de trabajo y exploración, desarrollado durante la estancia de Claure en Madrid.

La desmitificación del clásico literario mediante su adaptación a nuevos entornos es, a la vez, la desmitificación de estos últimos. Los universos indígenas, de antaño relegados a la visualidad de la imagen antropológica, se abren a semiosis. En palabras de Claure: “buscaba que lo fantástico irrumpiera en el imaginario indígena, creando sus propias lógicas y desmitificaciones”.

DIANA CUÉLLAR LEDESMA

River Claure, por Diana Cuéllar Ledesma | artnexus