Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Katherine Chacón

Richard Garet & Andrés Michelena

Piero Atchugarry Gallery

Curada por Betty Alice McGhee, la exposición “Revealing” reunió a los artistas Richard Garet (Montevideo, Uruguay, 1972) y Andrés Michelena (Caracas, Venezuela, 1963), en un espacio inmersivo en el que la extrema sutileza de los estímulos sensoriales proporcionados por las obras exhibidas invitaba a reflexionar sobre lo que implica el ver y el oír dentro del marco, hondamente alienado, impuesto por las complejas dinámicas existenciales de la contemporaneidad.

Ambos creadores han vivido en Estados Unidos alrededor de veinte años y son amigos desde hace más de quince. Su nexo ha estado basado en simpatías personales y en las afinidades que comparten sus investigaciones. La gramática en la que se expresa el vacío —o los vacíos, como el silencio o las ausencias— ha sido un tema reiteradamente tratado por ambos. Las indagaciones de Garet han apuntado a la incorporación del sonido, y en especial, al estudio del “ruido de fondo”, omnipresente en toda urbe. Garet integra la obsolescencia tecnológica como un modo de poner de relieve los mecanismos sonoros del mundo contemporáneo y su impronta en los modos de percibir, vivir y ser. Por otra parte, Michelena es considerado uno de los artistas conceptuales venezolanos más solventes. Su trabajo apunta a la intimidad ontológica de quien medita sobre su estar en el mundo, desenvolviéndose desde los intersticios del lenguaje, pero también desde la honesta precariedad de los materiales –como el papel o la pared limpia– y los medios –como el dibujo o la instalación–.

Exposición Individual: Richard Garet & Andrés Michelena — imagen 1
Andrés Michelena. Void, 2022. Instalación. Clavos y cuerda. Dimensiones variables. Richard Garet. 30 Cycles of Flux, 2022. Archivo de audio de 30 Hz, amplificador de audio, altavoces y cuerda. Dimensiones variables. Foto: Betty McGhee. Cortesía de Piero Atchugarry Gallery.

Al entrar a la sala de exposición nos sentimos sobrecogidos por la presencia mínima de materiales y la austeridad de las instalaciones. Palabras escritas con agujeros, planos vacíos, silencio, sutiles vibraciones, líneas hechas con cuerdas, todo llama a afinar los sentidos, que tratan de ver lo que no se ve y de oír lo inaudible.

Nos reciben las sobrias instalaciones de Andrés Michelena que conforman el conjunto llamado Loop Whole. La mayoría está constituida por un paño ortogonal de pared blanca demarcado por líneas trazadas con una cuerda, cuya fijación y trayectoria se han apuntalado. Cada uno de estos paños exhibe una pequeña frase escrita con agujeros dejados por clavos: An End to Begin, Misplaced Space, Reserved y Residual Space. También está Void, la única instalación realizada sobre una pared completa pintada de negro. De repente, algo comienza a perturbarnos. La limpidez de los paños y la corrección de sus límites se ven quebrantadas por “pequeños accidentes” del espacio: el señalamiento de la salida, en acrílico y con grandes letras verdes, en Misplaced Space; la tapa de un cajetín eléctrico en Reserved, o un dispositivo de luces de emergencia en Void. Prácticamente inaceptables para la lógica perfeccionista de la museografía de hoy, pero reglamentariamente presentes en todo ámbito arquitectónico de nuestros días, estos elementos puestos de relieve dentro de la impoluta gramática de Michelena, nos llevan a mirar la simple y pura realidad del entorno común, desviándonos súbitamente del discurso estetizante que busca abstraerse de él. Así, el área de Loop Whole funciona como un gran dispositivo “meditatorio”, que nos lleva a observar atentamente, haciendo consciente la realidad-real del espacio, en esa otra especie de respiración que es el mirar y el mirarnos.

Ocupando una pequeña zona entre las paredes, al fondo de la sala, está 30 Cycles of Flux, una instalación sonora de Richard Garet. Contrariamente a lo que cabría esperarse, no podemos percibir ninguna sonoridad proveniente de esta pieza. Está realizada con un amplificador que reproduce un archivo de audio de 30 Hz, un rango de frecuencia que el oído humano es incapaz de registrar. A través de catorce altavoces colocados en un panel colgado del techo de la galería, este sonido es reproducido, pero solo podemos verlo y sentirlo como una sutil vibración que recorre las cuerdas que penden de cada una de estas bocinas. De algún modo, este sonido silencioso magnifica, en nosotros, el acto de escuchar, llevándonos a sopesar no solo los ruidos y sonidos exteriores, sino nuestros pulsos internos, orgánicos o mentales. Es esta una pieza contundente porque nos enfrenta, asimismo, con nuestros límites. Siendo seres humanos inconscientemente ensoberbecidos por la omnipotencia tecnológica, 30 Cycles of Flux nos incita a descreer de ese límite de lo audible, y, por un momento, hacemos un enfuerzo por escuchar. Algo recóndito se rebela en nosotros antes de aceptar, ante esa realidad incontestable pero pocas veces experimentada, nuestra condición.

La exposición “Revealing” fue como una callada y pequeña revelación, acaso necesaria –justamente por su silencio y contención–, en un mundo sobresaturado de imágenes, sonidos y palabras, que parece estar siendo diseñado para distraernos de nosotros mismos.