“Los que utilizamos el proceso de destrucción entendemos sobre todo la urgente necesidad de conservar la integridad inconsciente…”, tomado de Destructivismo, un manifiesto, de Raphael Montañez.
La autenticidad, la identidad y la acción han sido piedras de toque fundamentales para el artista interdisciplinario Raphael Montañez por más de medio siglo. Significativamente profético, Montañez ha sido pionero en diversos frentes, incluido el de artista de apoyo que trabaja con la comunidad. En1969 ayudó a los residentes del este de Harlem a lanzar El Museo del Barrio para crear conciencia sobre el arte latino.
Esta exposición se organizó en cuatro secciones temáticas, de las cuales la primera y más visceral fue “Destruction” (Destrucción). Montañez desempeñó un papel clave en el movimiento “Destructivismo” de los cincuenta y los sesenta. Su acción particular consistió en llevar un hacha hasta un piano y, mediante un ritual, degradarlo como rasgo distintivo colonial, aunque reinterpretando su función.

Los restos exhibidos de los instrumentos pueden verse como reliquias sanadoras. Su propósito original ha sido absorbido por una manifestación subsiguiente. Al incorporar prácticas autóctonas, chamanísticas a sus performances, Montañez pretendía inducir un trance en el público y restituirle autonomía a la gente, a quien el estancamiento cultural ha despojado de sus percepciones oníricas. Además de los pianos con los que realizó sus performances entre 1961 y 1965, en la pared se hallaban muebles de su casa destrozados. Visualmente, estos Archeological Finds [Hallazgos arqueológicos] han envejecido bien. Sus interiores expuestos eran sumamente animados. Resortes salientes y guata rasgada poseían un misterioso atractivo expresionista abstracto. Parecían anacronismos, que evocaban un pasado del que están permanentemente exiliados, a la vez que desplegaban un aura de destino propio, tan fundamental para Montañez.
Los ancestros y un marco de identidad personal siempre han sido un enfoque crítico para Montañez. El interés en el psicoanálisis y la antropología también moldeó su objetivo de llegar a la gente en múltiples formas utilizando diversos materiales. Ha plasmado el concepto de un artista como una conducta, transmitiendo una mescolanza de sensaciones, en una forma codificada capaz de evocar una respuesta emocional significativa.
La segunda galería, “Decolonization and Guerrilla Tactics” (Descolonización y tácticas de guerrilla), hacía énfasis en su participación con la comunidad. Carteles de resistencia, portadas de revistas y folletos de manifestaciones daban fe de su colaboración con la comunidad, incluido el grupo The Latin Kings (Los Reyes Latinos), con sede en el Bronx.
La investigación sobre el pasado prehispánico inspiró a Montañez a ampliar la forma de una cabeza de hacha en piedra, proveniente de Puerto Rico (varios ejemplos que se hallaban exhibidos pertenecen a la colección de El Museo). Dos formas piramidales resultantes se referían a fetiches que se supone poseen un espíritu. Enfundadas en plumas, evocaban vuelo, aunque permanecían conectadas a tierra. Estas dualidades son inherentes a su obra.
La tercera galería se llamaba “Ethnoaesthetics” (Etnoestética), un neologismo que el artista acuñó para proponer un arte informativo con identidad personal que se opusiera a la visión excluyente del eurocentrismo.
Para Montañez, el Destructivismo evolucionó, como podía verse en varios montajes recientes hechos a partir de modelos comerciales en 3D para partes de casas de muñecas. En estas atractivas obras, las partes ensamblables estaban reorganizadas en rítmicas filas inconexas, y no con verosimilitud arquitectónica. Estas propuestas trastocaban nuestros preceptos convencionales, creando nuevas asociaciones que debilitan la autoridad de la producción masiva y reafirman la violación de lo individual.
“The Memorial” (El memorial), de 2019, causaba sensación. Esta combinación de santuario y Wunderkammer (gabinete de curiosidades) ponía de relieve el genocidio perpetrado por los conquistadores, a la vez que reclamaba vitalidad cultural para las víctimas. Ilustraciones históricas de la implacable opresión revestían el interior de las puertas, abiertas como alas.
Todo el interior del gabinete estaba rodeado de peluche negro, sugiriendo un rebrote subversivo. Dentro de él, símbolos de la interrelación entre culturas se enfrentaban en una mezcla de cascos dentados, cráneos dorados, esqueletos de manos, cuentas, granos, plumas, sangre, y libros pertinentes. Encima del gabinete, un jaguar disecado nos recordaba un espíritu totémico azteca. Podía interpretarse como un símbolo de pérdida total o triunfo indómito.
La cuarta galería se denominaba “Physio-Psycho-Alchemy” (Fisio-Psico-Alquimia), un nombre apropiado para la manipulación de materiales y emociones por parte de Montañez. Su exploración de técnicas cinematográficas (iniciada en los cincuenta) continuó con películas de los ochenta, en las que aisló y representó escenas a ritmo desenfrenado. Los videoclips de corta duración oscilaban en mecánica repetición como una crítica hipnótica del sueño americano.
La última sección también incluía pinturas digitales. Textos cósmicos y escenas inspiradoras estaban separados en llamativos retablos geométricos impresos sobre vinilo. Como modernos manuscritos iluminados o vitrales actualizados, evocaban un sentido de propósito superior y sinestesia estética, aunque rozando lo didáctico.
Una serie de círculos concéntricos y laberintos era atemporal. Presentadas en un estilo op art, las líneas creaban la ilusión de profundidad. Los sencillos motivos geométricos se convertían en símbolos de eternidad, reconectando el arte con el mito, a la vez que ofrecían pura energía visual.
Montañez mostró cómo el arte puede ser un acto revelador de resistencia fundamentada, constante, que lleva a la trascendencia. Esta amplia visión general de su complejo legado realzará su prestigio como un innovador pionero con una visión única y en continuo desarrollo.
Curada por Rodrigo Moura, curador en jefe de El Museo, y la curadora invitada Julieta González
La exposición se podrá visitar en el Museo Tamayo hasta el 2 de abril de 2023.
JEFFREY CYPHERS WRIGHT

