Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Ernesto Muñoz

Paz Lira

Centro Cultural Montecarmelo

En lo que fue un apacible lugar de veraneo en 1896, en lo que hoy es parte del barrio Bellavista, pero que en esos años era un lugar aislado del resto de Santiago, y por donde se llegaba cruzando el Puente del Arzobispo, se levantó el Monasterio de las Monjas Carmelitas de Santa Teresa, una congregación católica, cuyo objetivo era dar educación e instrucción en la religión a niñas de escasos recursos.

Al lugar se le denominó Monte Carmelo, haciendo referencia a las bellezas naturales del lugar, situado al pie del cerro San Cristóbal. Su vegetación era exuberante, con abundante flora originaria, e incluso árboles frutales, en terreno agrícola regado por los canales del Carmen y Santo Domingo. En los alrededores del monasterio se emplazaban molinos, una fábrica de fideos y chacras, a fines del siglo XIX. Actualmente el barrio Bellavista está ubicado en el centro de la capital, en un contexto cultural y urbano.

Exposición Individual: Paz Lira — imagen 1
Paz Lira. Encáustica, 2022. 750 bloques de cera de abeja natural con parafina sólida. 800 cm x 450 cm x 5 cm (314 61/64, x 177 11/64 x 1 31/32 pulgadas). Cortesía Centro Cultural Montecarmelo.

La capilla del monasterio es de estilo arquitectónico hibrido, neocolonial religiosa, de una clara influencia hispánica, en la que destacan el uso del bloque de adobe aparejado como sistema constructivo, carpintería fina en madera en elementos estructurales de techumbre y corredor, y tejas musleras de arcilla cocida en cubiertas. Lo que hace valiosa esta construcción es que se trata de una de las pocas correspondientes a esta arquitectura tradicional chilena, como lo son la Casona de Lo contador, en el barrio Pedro de Valdivia Norte, y Casas de Lo Matta, en la comuna de Vitacura. La edificación tradicional chilena del monasterio no solo es un símbolo arquitectónico, sino, además, un espacio con una gran herencia religiosa y educativa, gracias a las Carmelitas de Montecarmelo.

El Centro Cultural creado en lo que fue el monasterio está ubicado entre dos espacios naturales, el cerro San Cristóbal y el río Mapocho, lo que lo hace insertarse en una órbita especial y sensible a la cultura nacional.

Este especial lugar fue elegido por la artista Paz Lira Campino para exponer su reciente obra, consistente en una encáustica, tomando una obra anterior después de algunos años de ser realizada, a modo de actualización.

Para la presentación de su obra, de carácter bidimensional, eligió el arco ojival, donde se emplazaba el altar de la capilla.

El desafío que se ha planteado hoy la artista es realizar, en la técnica del vitral, un encáustica, reciclando una anterior obra que versaba sobre panales de abejas. La técnica de pintura de la encáustica es usada desde épocas inmemorables, y consiste en el uso de cera de abejas como aglutinante de pigmentos. Para pulir la obra se utilizan trapos de lino sobre una fina capa de cera caliente extendida previamente.

La obra propuesta por Paz Lira en esta ocasión, en la cual, por cierto, ha empleado mucho tiempo, es un monumental vitral de una superficie de ocho metros por cuatro metros y medio, constituidos con setecientos cincuenta bloques de veintiuno por veintiuno centímetros y cinco milímetros de espesor, elaborados, como hemos mencionado, con la técnica artesanal de la encáustica, montados sobre tela de algodón. Iluminados con un entramado de luces led colocadas detrás, en una estructura metálica, lo cual le brinda un espectral aspecto, al haber sido montada en altura del interior de la capilla.

Esta vez, asistimos como testigos de una obra de gran significado, tanto por su contenido como por confección, su diseño, el uso de la luz y, en especial, del color. Evidentemente, la primera sorpresa es el lugar donde ha montado la obra, donde uno puede captar parte de la historia que guardan en sus paredes. Por haber sido, tal vez, el último vestigio de un lugar recóndito de Santiago, con muchas leyendas y muchos personajes. Es entonces que en este lugar asoma la obra de Paz, que quiere atrapar el tiempo en esa luz y ese color natural de pigmentos propios de la cera, con tonos que rememoran tiempos pasados añejos y nostálgicos. Es situarse y sentir entonces la magia que Paz ha logrado incorporar en su obra, con esa claridad que impone en sus creaciones, con elementos simples, provenientes de la naturaleza, atrapados en circunstancias lúdicas que permiten una manipulación sutil y justifican su objetivo.

No debemos olvidar la gran creatividad de Paz, que siempre nos sorprende con presentaciones de obras que entregan mensajes muy directos de advertencia sobre los abusos sufridos por la naturaleza, y, en este caso, también podemos descifrar la advertencia de cuidar a los seres que nos ayudan a nuestra permanencia en la Tierra.

Así, podemos resumir, en esta oportunidad Paz Lira nos entrega una singular propuesta, con una complicada técnica, en un lugar que rememora el lejano pasado, logrando su propósito de perpetuar con ello una clara manifestación ecológica y conciliadora con el medioambiente.

ERNESTO MUÑOZ

Paz Lira, por Ernesto Muñoz | artnexus