Los Artoons de Pablo Helguera son hijos bastardos de las redes sociales. Según el relato del propio artista, comenzó a hacer sus célebres viñetas en 2008, en los inicios de Facebook, porque no sabía cómo interactuar en la plataforma ni quería postear ahí sus fotos personales. Se enfocó entonces en una red social más sucinta (la del mundo del arte) y su espíritu irónico supo dotar de humor a una serie de dinámicas, personajes y situaciones en los que todos hemos podido reconocernos con una sonrisa. No es de extrañar que, al compartirlas en las redes, sus caricaturas se viralizaran con celeridad hasta adquirir la relevancia que hoy por hoy las posiciona como una de las creaciones imprescindibles del arte contemporáneo.
Entre noviembre de 2021 y mayo de 2022, la Fundación Juan March, en sus sedes de Palma de Mallorca y el Museo de Arte Español de Cuenca, presentó la exposición “Pablo Helguera: la comedia del arte”. El despliegue en salas de los Artoons de Helguera representa un reto mayúsculo, debido al formato, escala y contenido de la serie. Así, el gran acierto curatorial de Manuel Fontán del Junco ha sido ponerlos a convivir tête à tête con el acervo de sendas sedes, potenciando el carácter agudo de la obra y haciéndola significar en uno de sus principales contextos de origen: el museo. Además de lo anterior, la exposición reúne quince Artoons originales y una selección de publicaciones, entre la que se encuentran los tres volúmenes de los Pablo Helguera’s Artoons (2008, 2009, 2010) y su Manual de estilo del arte contemporáneo (2005).
En el caso de Cuenca, la interacción entre los Artoons y las obras del informalismo español (Saura, Chillida, Tàpies) no ocurre solo a nivel del arte en sí mismo, sino que expande sus alcances al aludir a toda una serie de prácticas y procesos mediante los cuales esas mismas obras han sido asimiladas y entendidas en un sistema general de valoración social.

Helguera siempre se ha preocupado por la interacción entre el arte y su público. En circunvalación con lo anterior, su obra se ha ocupado en resaltar las relaciones sociales detrás de la obra de arte, así como en enfatizar hasta qué punto esas relaciones son las que dotan a la obra de su aura artística. Vista en perspectiva, su trayectoria ha estado principalmente vinculada a prácticas procesuales: performance, pedagogía, mediación, edición de libros, canto y experimentación con situaciones discursivas, como foros de debate y conferencias. Así, no es de extrañar que una obra sui géneris como los Artoons provenga de un perfil tan poco convencional y con tantas inquietudes.
En el universo de los Artoons se sintetizan también otras constantes en la obra de Helguera: humor y crítica institucional. Su proyecto Everythingness (2000) consistió en la creación de una empresa ficticia, cuyo supuesto servicio consistiría en eliminar la dimensión temporal para que los clientes pudiesen hacer las cosas lo más rápido posible, parodiando así la obsesión de la sociedad contemporánea por la rapidez y efectividad. Por su parte, la performance The Juvenal Players (2009) hacía evidentes las contradicciones y complejidades del mundo del arte en los circuitos mainstream.
La crítica institucional de Helguera, sin embargo, no es corrosiva a la mala. Tal vez por eso, se ha insertado en el propio sistema del arte con gran naturalidad. Todos disfrutamos de los Artoons y nadie se siente personalmente aludido ni ofendido porque, como hizo notar Gerardo Mosquera en un conversatorio con motivo de esta exposición, el artista trata a sus personajes con inmenso cariño.
El curador Manuel Fontán ha sabido señalar con pertinencia la ausencia del humor en las prácticas e instituciones artísticas, “quizás porque, en el intento de comunicar que el arte contemporáneo merece la pena, los museos se toman a sí mismos demasiado en serio”. En este talante, “La comedia del arte” es una exposición fuera de lo común en el contexto de España, no solo por su agenda a caballo entre el humor y la metarreflexión sobre el arte, sus agentes e instituciones, sino también por su espíritu fresco y propositivo, riguroso y profundo, pero alejado del postureo. La presentación en Cuenca coincidió, además, con la feria ARCO, generando la sensación recurrente de estar asistiendo, o protagonizando, alguna de las situaciones de las viñetas.
Se ha dicho que Pablo Helguera es el antropólogo o el etnólogo del mundo del arte. Su mirada, sin embargo, se proyecta desde dentro y no es el producto de una observación externa o cosificadora. El mismo ha dicho que gran parte de las situaciones que plasma provienen de sus experiencias personales en el ecosistema artístico de Nueva York. Con los Artoons también se hacen palpables la globalización y homogeneización de ciertas prácticas que se replican, en diferentes escalas y matices, en las comunidades locales y los circuitos internacionales. Como dice el mismo Helguera, los Artoons nos recuerdan que todos somos aldeanos del gran pueblo del mundillo del arte.
DIANA CUÉLLAR LEDESMA

